Vencida la tiranía en la batalla de Caseros, renació en nuestro país el interés por la educación, haciéndose sentir distintas corrientes pedagógicas.
Las primeras que se difundieron en materia educacional en el suelo patrio serían las compuestas por la generación del 37, desde el exilio.
Esteban Echeverría consideraba a la educación como el único medio capaz de hacernos verdaderamente libres. Ideas reforzadas por Juan Bautista Alberdi que reconoció el innegable empeño de aquellos rebeldes por elevar el nivel de instrucción de las clases populares.
El presidente Avellaneda (12 0ctubre 1874 -12 Octubre 1880) calificó a la educación como “asunto vital” Sostenía que sólo el trabajo inteligente rinde y que sólo una opinión ilustrada puede preservar al pueblo de los engaños y desastres que amenazan a la democracia.
Durante su presidencia entró en vigencia una ley que ejerció benéfica influencia en la educación.
Fue la Ley N° 758 por la cual el Poder Ejecutivo quedaba autorizado para establecer escuelas Normales en las provincias, las que fueron abiertas en tanto cuanto lo permitieron los recursos fiscales, aunque la idea primitiva fue del Presidente que precedió a Avellaneda, don Domingo Faustino Sarmiento.
¿Qué fue el normalismo?
Una corriente pedagógica que tomó su nombre de su origen institucional. Las Escuelas Normales fueron donde se formarían los primeros docentes argentinos.
El normalismo fue clave en la formación de docentes y fue la corriente que estuvo en la base de la Constitución del sistema educativo argentino.
El normalismo, en la génesis del sistema educativo tuvo entre sus mayores objetivos integrar la diversidad poblacional y cultural de la Argentina de 1870 en adelante. La ciudad de Paraná, símbolo del periodo de la Confederación nacional, asumió altiva esa obligación de otorgar identidad al modelo educativo nacional.
La carrera de educador fue revestida de un discurso simbólico que apuntó a una formación normalista y a su correlato, la obtención de un título habilitante, al tiempo que se apeló a la imagen del apostolado, el sacerdocio y el sacrificio que revestía a la función de un carácter misional.
Víctor Mercante llegó a ser uno de ellos, primero pues cursó la escuela primaria en su pueblo natal y la secundaria en la rama magisterio en la revolucionaria escuela de Paraná.
Ocupó el centro de la escena en el debate pedagógico que desplazando a la pedagogía tradicional que se caracterizaba como el arte de “transmitir” reemplazándola por el arte de hacer comprender, fijar y mantener la atención espontánea y la experimentación llegando los niños a sacar sus propias conclusiones”.
Sin embargo, a principios del siglo XX, sus logros fueron puestos en duda. Las alentadoras cifras que, para muchos, eran la muestra del triunfo de la civilización, según otros, eran un signo evidente de los magros resultados alcanzados por ese modelo de escuela pública.
Para estos últimos, el despliegue discursivo con el que se había engalanado el carácter misional de la escuela desbordó a una institución que no consiguió acortar la brecha entre lo que se esperaba y, finalmente, podía concretar.
Frente a las marcadas expectativas que se depositaron en la educación, y al preocupante cuadro social que se percibía, cualquier logro que se hubiera conseguido aparecía como de mediano alcance.
Uno de los principales cultores de este sistema fue el normalista Antonio Díaz, quien recordaba a los alumnos que "desde ese asiento duro y sin respaldo podrán llegar hasta el sillón presidencial de la República, si se tiene talento y virtudes cívicas".
Esta apuesta democratizadora consideraba a la escuela primaria como un monumento nacional y no sería obra patriótica derribarlo para levantar otro, sino que era "imprescindible perfeccionarlo y elevarlo".
En el mismo sentido Reyes Salinas, quien luego ocupara el cargo de Ministro de Instrucción Publica en tiempos de Irigoyen, dijo reclamando por echar sin temores "vino nuevo en nuestros odres viejos".
La controversia alcanzó su punto de inflexión en el contexto de la presentación del plan de reforma educativa de las escuelas primarias, los Colegios Nacionales y las Escuelas Normales, impulsado por Carlos Saavedra Lamas, ministro de Culto, Justicia e Instrucción Pública.
La propuesta que elevó al Poder Legislativo en 1915 apeló a una profusa y contundente argumentación pedagógica, a partir de la cual se justificó la urgencia de cambiar el rumbo de la educación pública en el nivel primario y medio. La reforma fue puesta en práctica por un año, para ser derogada durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen.
El normalista Víctor Mercante, nacido en 1870, miembro de ese cuerpo homogéneo de profesionales que surgió al amparo de las políticas de Estado, fue protagonista clave en aquellos días de principios del siglo XX.
Entre sus obras magistrales “La educación del niño”, “Charlas pedagógicas” se destacan “La educación del adolescente” y “La pubertad y sus consecuencias pedagógicas” donde resalta esa etapa definitoria en el desarrollo psicológico del ser humano sin distinción de clases sociales.
En 1918, publicó su obra La crisis de la pubertad y sus consecuencias pedagógicas, considerada "la más importante de Hispanoamérica y la más revolucionaria", dando cuenta de la autoría intelectual de la reforma.
La aproximación a la figura de Mercante, y el análisis agudizado del texto, revela aristas novedosas para el campo de la historia social de la educación, como la conformación de un campo pedagógico y el protagonismo de un normalista en la esfera política de su tiempo.
Su vocación por el estudio lo llevó al conocimiento de las corrientes pedagógicas europeas predominantes en psicología, pedagogía y biología adscribiéndose a la orientación positivista y experimental.

Mercante fue multifacético
en sus proyectos educativos, tanto que a su juicio consideraba necesario en Ciencias Naturales, la experimentación.
Por ello una de sus grandes preocupaciones constituyó lograr una educación utilitaria, con una profunda visión de futuro decía los programas deben ser científicos, no literarios clásicos. No necesitamos hábiles retóricos ni insignes repetidores sino naturalistas que se capaciten para una Argentina fabril y mecanizada. Mercante con sus teorías educativas se adelantó casi un siglo a la patria industrializada.
Llamado por Joaquín V. González organizó la sección Pedagógica de la Universidad Nacional de la Plata, base de la actual Facultad de Humanidades y Ciencias de la educación, pasando más tarde a desempeñar la Inspección general de la escuela media, normal y especial del Ministerio de justicia e Instrucción Pública de la Nación.
Retirado en 1920 de la función pública continuó su labor de investigador en materia de educación cultivando también desarrollo de la aptitud matemática del niño.
Su vocación por el estudio lo llevó al conocimiento de las corrientes pedagógicas europeas predominantes en psicología, pedagogía y biología adscribiéndose a la orientación positivista y experimental.
La sanción de la ley 1420 Ley fundacional de educación del 8 de julio de 1880, que la caracterizó como común, gratuita, laica y obligatoria promulgada por el General Julio Argentino Roca hizo realidad que se concretara en nuestro país, el lema de la generación del ’80 "gobernar es educar", y también complementando profundamente al normalismo.
Retirado en 1920 de la función pública continuó su labor de investigador en materia de educación como “Cultivo y desarrollo de la aptitud matemática del niño”, “La verbocromía” “Maestros y educadores” más una serie de artículos publicados en Archivos de pedagogía y ciencias afines.
El 20 de setiembre de 1934, después de representar a nuestro país en el Congreso Internacional de Educación en Chile, falleció durante el viaje de regreso.
Nos dice el historiador rosarino Federico Dunger: En el espacio donde actualmente existe el Portal Rosario Shopping, se ubicó por décadas del siglo XX la fábrica Estexa.
La empresa constructora Candia comenzó a ejecutar la obra que se convertiría en Estexa, aproximadamente en 1946, ubicada entre las calles Nansen, Víctor Mercante y el arroyo Ludueña.
En 1949 empezaron a llegar los primeros cajones, la fábrica comenzaba a funcionar de a poco.
Establecimientos Textiles Sociedad Anónima Estexa, símbolo del barrio, llegó a tener para la década del sesenta más de 1.200 empleados.

Durante los 60 vivió su primera crisis pero con la aparición de la tela mixel, un combinado de poliéster y algodón, que logró que crecieran las ventas. La fábrica trabajaba con tres turnos completos, 1.500 obreros y obreras, llegando a producir 900 mil metros de telas mensuales.
Sin embargo, hacia fines de los años setenta comienzan a caer las ventas debido a las políticas de la dictadura militar y continuarían décadas de la lucha de los trabajadores y trabajadoras para mantener los puestos de trabajo hasta que el 30 de abril de 1992 se decretó la quiebra.
La gente trabajó poco tiempo más y comenzaron las demandas por indemnizaciones.
Se sucederían años de reclamos y protestas que dejarían sin justicia a más de un trabajador. El predio se vendió al grupo Cencosud y las máquinas fueron rematadas.
En 1999 se llevó a cabo la demolición y en el año 2004 se inauguraría en el mismo terreno el shopping Portal Rosario perteneciente al grupo CENCOSUD.
Bibliografía:
Forgione José D: Noticia biográfica de Víctor Mercante en Antología pedagógica argentina. El Ateneo. Buenos Aires, 1949. Pág. 429 y sig.
Lionetti Lucía: “Víctor Mercante”. Trabajo expuesto en Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Tandil, Rep. Argentina. Año 2000.
“La educación del adolescente” en “Anales del Instituto de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras . Buenos Aires.1941.
Víctor Mercante. Calle. Topografía:
Corre de S. a N. desde 100 hasta 1299, a la altura de Génova 1400, Av. Sorrento 300 y Av. Alberdi 1000.
Se le impuso ese nombre por O. 24 del año 1940.
Recuera al pedagogo Víctor Mercante (1870 – 1934).