Nos dice Félix Luna en su obra “Los caudillos”: “Nunca fue pequeño. Fue grande, excesivo, tanto en el bien como en el mal. Su genio no reconocía limitaciones, como si una fuerza de la naturaleza lo empujara siempre. Apasionado, tormentoso, contradictorio, perfilado en un drástico juego de luces y sombras, idolatrado y aborrecido, estaba hecho de la sustancia de los grandes conductores, con su intuición incomparable, el conocimiento de sus paisanos que le había dado un intenso comercio con los hombres, su fe jugada en el propio destino, su arbitrariedad, su valentía inigualada y ese magnetismo que le infundía calidades de jefe nato. Facundo Quiroga pudo ser la gran figura de la organización nacional. Lo traicionó su salud, lo domesticó Rosas, y Buenos Aires gastó su vital impulso”.
Ciertamente, muchas cosas buenas y malas pueden decirse del brigadier general Juan Facundo Quiroga: pero todas deben decirse en el tono mayor de lo épico. Al Tigre de los Llanos, lo descubrió Sarmiento, porque si bien en su obra “Facundo” lo plagó de errores, inexactitudes, infundios y mentiras reveló su rica personalidad impregnada de sangre y fuego.
Facundo tras una mirada altiva que denotaba su dominio absoluto de si mismo , tras una sonrisa soñaba con una república organizada con acento provinciano.
Nació en Juan Facundo Quiroga el 27 de noviembre de 1788, cinco años antes que Juan Manuel de Rosas. Al igual que el caudillo porteño, tuvo la responsabilidad de administrar los bienes rurales de su padres: José Prudencio Quiroga y de Rosa Argañaraz. Ambos procedentes de Chile, se establecieron en Jáchal, San Juan, hacia 1600 y pronto se convertirían en los más poderosos económicamente de la región.
Su educación fue relativamente buena, para las oportunidades que ofrecía la provincia.
Hacia 1815 viajó a Buenos Aires, donde recibió alguna formación militar por un breve período.
En 1817 contrajo matrimonio con Dolores Fernández Cabezas con quien lo unía un parentesco. Tuvieron cinco hijos llamados: Juan Ramón, Jesusa (María del Corazón de Jesús), Juan Facundo, Mercedes y José Norberto.
Ese mismo año fue nombrado jefe de las milicias de la comarca, con el grado de capitán, y participó en las luchas por la independencia organizando milicias, persiguiendo desertores y enviando ganados al Ejército del Norte y al Ejército de los Andes. En particular, colaboró con el comandante Nicolás Dávila, segundo jefe de la columna del Ejército de los Andes que liberaría Copiapó.
Según su enemigo y lejano pariente, Domingo Faustino Sarmiento, Facundo Quiroga comenzó a ser famoso por dos hechos: encontrándose a campo traviesa fue perseguido por un «tigre» o yaguareté que le obligó a tomar refugio en la copa de un algarrobo. Auxiliado por unos gauchos, Quiroga mató al “tigre” y recibió el célebre apodo, “el tigre de los Llanos”, convirtiéndose en el Jefe virtual del Partido Federal, con influencias sobre las regiones de Cuyo y del Noroeste.
La mayoría de los historiadores desdeñan el hecho, considerándolo una invención del novelista.
El otro hecho ocurrió en el año 1819, en la ciudad de San Luis, donde permanecía prisionero por una causa menor —acaso una riña— junto a más de una veintena de altos oficiales realistas. Cuando los jefes realistas, según las crónicas independentistas, se amotinaron, Quiroga los enfrentó y mató a varios de ellos, usando como maza los mismos grillos que llevaba puestos.
Aquel terrible suceso se conoció, desde ese entonces, como la sublevación de los prisioneros de San Luis, en donde fue muerta gran parte de la alta oficialidad realista de Chile. Otros autores consideran que Quiroga estaba preso por razones políticas, y lo que usó fue un asta, según propia declaración en el archivo de San Luis. No está claro de qué clase de asta hablaba, si la de una bandera o un cuerno de vaca (chifle) de los que se usaban para transportar pequeñas cantidades de agua. en un llano de tierra agreste, rodeado de montañas bajas y sumamente irregulares.
De joven fue un mozo andariego y jugador, conocedor de su provincia y las vecinas a través de viajes con arrias y cargas. También en su mocedad estuvo en Buenos Aires como enganchado del Regimiento de Granaderos a Caballo.
El historiador Ramón J. Cárcano lo perfila así: …Siente las satisfacciones y los halagois de la vida holgada y culta, y ama la paz por comodidad y ausencia de adversarios armados. Entretiene su ocio urbano en la vana tertulia política, en los negocios fáciles, en los naipes que siempre llenan sus manos, y se consagra a estas disciplinas sensuales de la vida opulenta. Atento y respetuoso con las damas, despierta interés y curiosidad general en ciertos círculos de la sociedad de Buenos Aires.
Hacia 1817 terminan las andanzas juveniles de Quiroga y contrae matrimonio con María de los Dolores Fernández, que le dará cinco hijos y estabilidad emocional convirtiéndolo en hacendado rural y administrador de los bienes de su padre, alcanzando simultáneamente a ocupar un cargo importante dentro de la política provincial.
Fue en 1823 durante cuatro meses gobernador de su tierra natal, fijando después su radio de operaciones en Cuyo, donde comenzó logró sublevar esa región y el noroeste contra Rivadavia.
Rivadavia fue designado Presidente de la República según la Constitución de 1826 no reconocida por las provincias del interior ser de carácter unitaria.
La “aventura presidencial” como la llamó Vicente López en su Historia Argentina, fue un error porque desde 1820 las lanzas tenían la palabra.las banderolas y banderines de los caudillos estaban teñidos de rojo. Una generación entera de argentinos no veía más que sangre – expresa el historiador Saldías.
Facundo Quiroga convertido en el jefe virtual del partido federal, se lanzó vertiginosamente contra el unitario Lamadrid, derrotándolo por primera vez en la batalla del Tala,1826, y con la batalla del Rincón (julio de 1827) el régimen presidencialista desapareció. En 1831 terminó Quiroga con el ejército de Lamadrid en la Ciudadela.
.Un lustro antes de su muerte violenta, debió morder el polvo ante la embestida del “Manco Paz (el general José María Paz*) en la batalla de Oncativo el 25 de febrero de 1830.
“En el año 1834 el caudillo, llevó sus papeles a Buenos Aires donde se instaló, pero los arranques de independencia personal pronto se irían apagando por los argumentos de Rosas que no era constitucionalista, más el acoso de su reuma.
.Al año siguiente alojado en Santiago del Estero no salió de su casa pues mantuvo una fluida correspondencia con Rosas y López. Muchas cartas las dejó sin respuesta.
En 1835, cuando regresaba de la misión pacificadora de poner fin al enfrentamiento entre dos provincias federales: Salta y Tucumán, al atravesar la provincia de Córdoba en la tarde infernal del 16 de febrero, en Barranca Yaco fue asesinado.
Había sido avisado de que atentarían contra su vida, más Quiroga no hizo el menor caso ni admitió la escolta que le ofreciera Felipe Ibarra, ni consintió tampoco en desviar el camino establecido para la galera en que viajaba.
El caudillo al asomarse por la ventanilla , los asaltantes descargaron sobre él, de cinco o seis armas, fusilándolo en el acto.- según clarifica Héctor Quesada en “Barranco Yaco”. El original, en el Archivo General de la Nación.