En la historia política argentina figuran presidentes llegados a destiempo; Rivadavia arribó con anticipación; Manuel Quintana y Roque Sáenz Peña, con atraso. Por eso ninguno de ellos dio al país lo que el país esperaba o debió esperar.
Don Teófilo Martínez, que ha escrito una hermosa silueta de Quintana, comienza diciéndonos que, en efecto, “debió surgir para gobernar veinte años antes. A poco de asumir la presidencia de la República se encontró al estadista tendido inesperadamente sobre su túmulo...”
Carlos Ibarguren expresa: “El Dr. Quintana no hizo profesión de la política, no fue jefe de partido, ni demagogo, ni hombre de comité. No aduló a la versátil muchedumbre, ni procuró el halago efímero de la popularidad. Jamás acaudilló multitudes. Las gentes de la calle le miraban de lejos, quizá sin comprenderlo, y las jóvenes generaciones en la actualidad, si bien saben su nombre, ignoran sus actos y sus obras. La historia argentina le reserva, sin embargo, una página que será la de la segunda mitad del siglo XIX. Ella lo considera un preclaro varón consular, que dignificó la universidad, el parlamento y el gobierno".
Manuel Quintana nació en Buenos Aires, el 19 de octubre de 1835. Año coincidente con el comienzo del segundo período dictatorial de don Juan Manuel de Rosas.
Hijo de Eladio de la Quintana y Uzín, y María Manuela Bernardina Sáenz de Gaona y Álzaga.
Según el genealogista Narciso Binayán Carmona, era descendiente del conquistador, explorador y colonizador español Domingo Martínez de Irala (1509-1556); sus antepasados tenían un remoto origen mestizo guaraní, que compartía con muchos próceres de la época de la Independencia y con grandes personajes paraguayos y argentinos.
El primer golpe emocional que quedaría gravado en la mente del niño Manuel sería el fracasado levantamiento de los “Hacendados del Sud”, (del que formaba parte su padre) una insurrección preparada por un grupo de estancieros y hacendados del sur bonaerense que estalló el 29 de octubre de 1839 en el pueblo de Dolores, la que fuera aplastada en forma sanguinaria por las fuerzas de Rosas.
La visión de esa tragedia hirió tan profundamente su infancia, que medio siglo después en un debate parlamentario diría: “La cabeza de Pedro Castelli (hijo del prócer de 1810) en la punta de una pica en la plaza de Dolores, es el recuerdo más antiguo de mi existencia y la tristeza suprema de mi vida fue la despedida del autor de mis días que se condenaba voluntariamente al destierro (1840)...”
Se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires en 1855 a los veinte años de edad y dos años más tarde iba a dirigir la cátedra de Derecho civil de esa misma casa de estudios.

Carrera política
Participó en política y en el año 1860 fue elegido diputado de la legislatura de la Provincia de Buenos Aires, por el partido de Bartolomé Mitre.
Posteriormente, se pasó al Partido Autonomista de Adolfo Alsina para oponerse al proyecto de Mitre de nombrar Capital de la República a la Ciudad de Buenos Aires.
Desempeñándose como diputado en 1863, Quintana, con motivo de la federalización de Buenos Aires, tuvo brillante actuación y su nombre sería aclamado en la Cámara.
Quintana, que mentalmente estuvo en distintas formas ligado a nuestra ciudad, en el año 1864, como Diputado Nacional por la provincia de Buenos Aires, presentó un proyecto de ley para nombrar a la Ciudad de Rosario como capital de la Nación, el cual sería aprobado, pero vetado por el Poder Ejecutivo Integrado por Mitre primero y Sarmiento después.
En 1870 fue elegido senador nacional y en 1871 el presidente Sarmiento lo envía a Asunción del Paraguay a negociar el tratado de paz que puso fin a la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.
En 1873 Manuel Quintana se presentó como candidato en las elecciones presidenciales para suceder a Sarmiento a partir de 1874, pero perdió con Nicolás Avellaneda, quien el 12 de octubre de 1879, al término de su mandato señaló con firmeza "Pienso que la ciudad de Buenos Aires debe ser declarada Capital de la República Argentina"
En 1876 se produjo un incidente entre el gobierno de Santa Fe, en ese entonces a cargo de Servando Bayo, y la sucursal del Banco de Londres en Rosario, por no haber acatado la ley que ordenaba la conversión a oro de todas las emisiones de papel moneda realizadas por el gobierno de la provincia.
A raíz de esta situación se ordenó la detención del gerente de la sucursal y la intervención de la misma. En ese momento, Quintana era Senador Nacional y el asesor legal del banco al momento de la crisis, y no dudó en renunciar a su banca por “razones de salud”.
Sin embargo, Quintana viajó a Londres a fin de proponer al gobierno de Gran Bretaña el bombardeo de la ciudad de Rosario si el gobierno de Santa Fe no dejaba sin efecto la intervención del banco.
Estanislao Zeballos, testigo presencial del incidente,relató lo que ocurrió luego: “Apenas el abogado Manuel Quintana anunció en forma intimidatoria la presencia de una cañonera inglesa en el puerto de Rosario, el canciller, con digna reacción, se puso de pie y se negó a continuar hasta que Quintana se retirase del despacho, no aceptandoque un argentino fuese portavoz de una intimidatoria extranjera. La enérgica posición de Bernardo de Irigoyen, Ministro de Relaciones Internacionales del presidente Nicolás Avellaneda detuvo la acción bélica.”
Luego de esta situación, Quintana se radicó por dos años en Europa. A su regreso, se dedicó a la actividad privada como abogado, con importante éxito.
En 1877 ocupó el rectorado de la Universidad de Buenos Aires hasta el año 1881 en que terminó su mandato.
El 12 de octubre del año 1904 asumió la primera magistratura y dice la anécdota que sus nietas le habían bordado en oro el sol de su banda presidencial. En ese entonces, tenía 80 años y una salud endeble, a tal punto que el acto de asunción del mando se desvaneció.
Dos meses antes de asumir como presidente, sufrió un atentado contra su vida por parte del anarquista catalán Salvador Planas, quien disparó contra el carruaje que lo transportaba hacia la Casa Rosada. Una falla en el revólver salvó su vida, pero su salud comenzó a deteriorarse rápidamente.
Políticamente, se definió como conservador, aunque se inclinó siempre por la concreción de una profunda reforma social debido a la cambiante situación originada por el constante arribo de inmigrantes.
El breve gobierno del sucesor de Roca, se desarrolló entre una agitación social, sublevación dirigida por el Partido Radical (que fuera sofocada) y una gran prosperidad material, ya que en 1905 se dio una de las más grandes cosechas de cereales de la historia del país, y la balanza de pagos hubo arrojado un resultado netamente favorable.
Pocos meses después de cumplirse un año de iniciado su período de gobierno, comenzó a decaer.
Su salud continuó empeorando, por lo que el vicepresidente Figueroa Alcorta se hizo cargo permanentemente de la presidencia el 25 de enero de 1906. Quintana se retiró a una finca en el actual barrio de Belgrano, donde murió el 12 de marzo de 1906.
Bibliografía:
La expuesta en el texto.
Quintana Manuel Pte. Calle.Topografía:
Corre de E. a O. a la altura de San Martín 3800.
Carece de designación oficial.
Recuerda a Manuel Quintana (1835-1906), jurisconsulto, estadista y político argentino, quien ocupó la Presidencia de la Nación en el periodo 1904-1906.