Los relatos de viajeros argentinos allá por la década del 1880, hicieron conocer los recursos humanos y económicos de las provincias del interior, mientras que los extranjeros que arribaban al Río de la Plata se sentían atrapados por la metrópoli porteña y se resistían a tomar el tren que los llevaría a Rosario, Córdoba y Tucumán, incluso a Mar del Plata, la flamante villa balnearia cuya línea férrea se hubo inaugurado en setiembre de 1886.
Muchos de nuestros coterráneos, años antes bautizaron ríos, montes y otros accidentes geográficos, entre ellos Ramón Lista, Francisco P. Moreno, Luis Fontana o Estanislao Zeballos (padre).
Una excelente muestra de este género de viajeros a través del interior, fue el Dr. Vicente Quesada, quien con el seudónimo de Víctor Gálvez escribió: "Mi tierra"; artículos fechados en 1884 que formaron parte de la obra “Memorias de un viejo”.
Nacido en Buenos Aires el 5 de abril de 1830, Su niñez y su mocedad transcurrieron en plena dictadura rosista, en aquel Buenos Aires de la divisascolor punzó.
Estudió en el Colegio de los jesuitas, antes que Rosas los expulsara. Se graduó de abogado a los diecinueve años.
Al caer el régimen en 1852 se trasladó al interior, visitando ciudades mediterráneas. Con leves variantes, eran las mismas ciudades vetustas de muchos años atrás, las que pintó nítidamente a través de su pluma. obtuvo el título de doctor en jurisprudencia en 1855 en la Universidad de su tierra natal.
Llevado por preferencias políticas, pasó Quesada a la ciudad de Paraná, por entonces capital de la Confederación Argentina, donde conoció a los prohombres de la organización nacional, Urquiza, Zuviría, del Carril, Gorostiaga y tantas otras figuras de trascendencia histórica.
En 1853 viajó por el interior del país, radicándose en Paraná, Entre Ríos, entonces capital de la Confederación Argentina, donde obtuvo un cargo en el Ministerio del Interior.
En 1856 fue designado Diputado nacional por la provincia de Corrientes, y en 1860 se lo nombró secretario del Instituto Histórico y Geográfico.
Quesada inició en el litoral su brillante carrera pública, desempeñándose como oficial Mayor de un Ministerio nacional, después ministro en Corrientes y después diputado en el Congreso de la Confederación donde demostró alto valor de conductor. Sabía gobernarse porque el hombre debe gobernarse asi mismo para saber gobernar con sabiduría e inteligencia. Condición que le valiera después para ocupar un sitial en la diplomacia.
Conjuntamente con el editor Carlos Casavalle, director del Boletín Oficial de la Confederación Argentina, fundó y dirigió la "Revista del Paraná" donde se consagró preferentemente al estudio de nuestro país y lo dio a conocer en todos sus aspectos: historia y literatura, poniendo también una atención especial sobre la legislación de los países americanos, incluso el nuestro, con el objetivo de ponerlos al corriente del movimiento intelectual de las repúblicas Hispano-americanas.
A la “Revista del Paraná” la editó ocho entregas mensuales; desde el 28 de febrero de 1861 hasta el 30 de setiembre de 1861, publicación interrumpida por los sucesos consiguientes a la batalla de Pavón.
El tema predominante era el histórico con textos de Benjamín Victorica, Fray Mamerto Esquiú, Miguel Navarro Viola, Evaristo Carriego (periodista), Luis González Balcarce, Tomás Guido, Tomás Cipriano de Mosquera (sobre la entrevista de Guayaquil), Saturnino Laspiur, Juana Manuela Gorriti , (residente en Perú), Juan María Gutiérrez, Carlos Guido y Spano, Juan Bautista Alberdi, Gerónimo Espejo, Diego Barros Arana, Ricardo Palma y muchos otros autores nacionales y extranjeros.
A su vez fue autor de numerosos libros, ensayos históricos, biográficos, impresiones de viaje por las provincias del interior del país y un estudio sobre el juicio político en la Argentina.
Fue director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina y durante su gestión incorporó gran cantidad de material traído desde el extranjero, realizando simultáneamente mejoras en su infraestructura.
Su obra literaria merece enunciarse:
Publicó además la “Revista de Buenos Aires” y la “Nueva Revista de Buenos Aires”.
1865 - Escenas de la vida colonial en el siglo XVI: Crimen y expiación: Crónica de la Villa Imperial de Potosí. Buenos Aires . Impr. de Mayo.
1877 - Las bibliotecas europeas y algunas de la América latina : con un apéndice sobre el Archivo General de Indias en Sevilla, la Dirección de Hidrografía y la Biblioteca de la Real Academia de Historia en Madrid : tomo I. Buenos Aires : Imprenta y Librerías de Mayo.
1904 - Recuerdos de mi vida diplomática. Misión en Estados Unidos (1885-1892). I. La sociedad. - II. La cuestión Malvinas. Buenos Aires, Librería de J. Menéndez.
La vida intelectual en la América española (siglos XVI al XVIII). Buenos Aires, 1910.
Vicente Gaspar Quesada, también tuvo una larga actuación en la Cancillería argentina.
Murió en la Capital Federal, el 19 de setiembre de 1913.
Su hijo Ernesto Quesada (Buenos Aires 1858-Suiza 1934) fue uno de los precursores del llamado Revisionismo histórico en Argentina.
Nos dice José Luis Busaniche: "EL Dr. Quesada no era un viejo ( tenía poco más de cincuenta años) cuando empezó a publicar los artículos coleccionados en este libro. Pero había vivido la época más densa de la Historia Argentina, vale decir, la dictadura de Rosas y la organización constitucional: todo el período formativo de la nacionalidad".

Algunos argentinos ilustres- muy pocos- volvieron la vista hacia el pasado para salvar algo de aquellos valores que habían desaparecido, entonces el Dr. Quesada fingió ser viejo para escribir sus memorias.
Para finalizar, resulta importante mencionar el revisionismo sostenido por su hijo Ernesto Quesada.
El Instituto de Estudios Federalistas: ¿revisionista y rosista?
Es bastante conocido el hecho de que en un primer momento el revisionismo argentino, se adecuó a las estructuras institucionales existentes.
Más tarde buscaría darse una tradición -en la que inscribieron a los liberales positivistas Ernesto Quesada, difusor de la obra de Spengler en Argentina, y Adolfo Saldías- y una identidad a partir de la construcción de un adversario al que denominó “historia oficial”.
En el período bajo estudio de los términos “revisionista” y “rosista” tendieron a ser asociados por sus críticos; los “combates” más resonantes giraron en torno a la reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas y el rechazo a la herencia conformada por dos hitos claves: la batalla de Caseros y la sanción de la constitución de 1853.
En consonancia con esto, uno de sus legados más perdurables fue la creación del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (en adelante IIHJMR).
Las iniciativas surgidas en las provincias resultaron opacadas frente a la visibilidad y gravitación de las acciones del instituto porteño. A menudo, el Instituto de Estudios Federalistas de Santa Fe (en adelante IEF) es recordado como un mero antecedente. Nuevos datos permiten matizar esta presunción.
La década del treinta asistió a la institucionalización de los estudios históricos en Santa Fe. La Junta de Estudios Históricos (1935, en adelante JEH) adoptó las formas organizativas de sus homólogas a nivel nacional y provincial. Sus primeros integrantes fueron Manuel Cervera, Clementino Paredes, Salvador Dana Montaño, José María Funes, Félix Barreto y Nicolás Fasolino y Ernesto Quesada, entre otros.
En el caso de los historiadores santafesinos, éstos postulaban que Estanislao López había sido el principal artífice del Pacto Federal de 1831, precursor de la constitución de 1853, y con ello disminuían la imagen del Restaurador.
Negar la validez de esta última hubiera disminuido la gloria del Brigadier en tanto se aspiraba a que figurara en el dorado panteón de los héroes constructores de la nación.
Bibliografía:
Busaniche José Luis: "Prólogo del texto Memoria de un viejo" Ediciones Solar. Bs. As.1942.
Quesada. Cortada. Topografía:
Corre de N. a S. desde 4600 al 4699 a la altura del F.C. Mitre a Santa Fe y Tucumán, límite del municipio Zona Norte.