MARTÍN DE SANTA COLOMA MARTÍN DE (1800 -1852)

Entre los protagonistas de la Buenos Aires hispana figuraba Gaspar de Santa Coloma nacido en Álava, en 1742. De familia noble, podría haber llevado una estadía desahogada en España. Pero un asunto lo alejo de la corte. Con 26 años abandono Madrid marchando a Buenos Aires.


Los biógrafos de la familia han señalado que su partida de Europa se debió a “intrigas palaciegas” pero han cuestionado “cuestiones sentimentales” pero los motivos que lo trajeron a estas playas siguieron siendo un misterio.


Su cuna aristocrática le abrió puertas en la cerrada sociedad porteña, dedicándose al comercio con éxito y algunos meses antes de cumplir 40 años se caso con una soltera muy codiciada por su belleza y su dinero: Flora de Azcuénaga y Basavilbaso, nieta de Domingo de  Basavilbaso, el hombre más rico de aquella Buenos Aires. La ceremonia tuvo lugar en la catedral que entonces era más pequeña pero que aumento su superficie gracias al dinero que donara a la Iglesia.


Tuvieron una parentela muy abundante en cuñados, hijos y nietos.


Uno de sus cuñados fue Don Miguel de Azcuénaga miembro de la primera junta de 1810.


Entre su prolífera descendencia   nos ocuparemos  de   Martin de Santa Coloma (1800 -1852).


Martín Isidoro de Santa Coloma y Lezica nació en Bernal, el 3 de enero de 1800, cuando Buenos Aires era capital del Virreinato del Río de la Plata (formado en 1776).


Era hijo de Ana María de Lezica, casada con Juan Antonio de Santa Coloma, quienes tuvieron en total 13 hijos, entre ellos Martín Isidoro de Santa Coloma.


Vivían en una quinta de Quilmes, a 10 km al sur de la ciudad porteña.


En 1807, la quinta fue tomada por el ejército inglés como cuartel general del general británico John Whitelocke, durante las segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata.


Los descendientes de Santa Coloma donaron la quinta a las Hermanas de María Auxiliadora (salesianas), las que lograron conservarla. Hoy es monumento histórico de la ciudad de Bernal, en Quilmes (provincia de Buenos Aires).


Santa Coloma se unió al ejército de Buenos Aires en 1824, en el Cuerpo de los Blandengues de la Frontera, unidad de caballería especializada en la lucha contra los indígenas.


Sus primeras acciones en la guerra civil fueron en la campaña en la que el ejército porteño auxilió a Santa Fe contra el general unitario José María Paz, entonces gobernador de Córdoba.


Fue juez de paz para el distrito de los Corrales de Miserere en 1834, y también miembro de la Sala de Representantes de su provincia, formando en el partido Federal rosista.


Ejerció este cargo hasta la revolución de los Libres del Sur y el fallido intento subversivo de 1839, época en que se reincorporó al ejército como teniente coronel


Después de la invasión de Juan Lavalle a la provincia, se unió a las fuerzas de Manuel Oribe, que lo persiguieron por Santa Fe y Córdoba.
Nuestro biografiado, luego de la victoria de Quebracho Herrado, permaneció en Santa Fe, a la espera de los acontecimientos de Corrientes y Uruguay, por lo que no participó en la campaña contra la Coalición del Norte.


Cuando el gobernador de nuestra provincia de Santa Fe, Juan Pablo López (alias Mascarilla) se alió con los unitarios, Santa Coloma se retiró a San Nicolás de los Arroyos.


Rosas envió contra Santa Fe a dos ejércitos, uno al mando de Pascual Echagüe y otro de Santa Coloma, que volvía de vencer a Lavalle, al mando de Oribe.


En marzo de 1842, Santa Coloma derrotó a López en Monte Flores, y pocas semanas después, nuevamente en Colastiné.
El gobernador huyó hacia Corrientes, mientras Santa Coloma y Oribe tomaban la ciudad de Santa Fe.


Echagüe fue nombrado gobernador, pero mientras enseguida decidió cruzar el río Paraná, Santa Coloma quedó a cargo de las tropas porteñas y santafesinas hasta el regreso de Echagüe.


El 6 de diciembre de 1842, en la batalla de Arroyo Grande, sobre la margen derecha del río Uruguay, el ejército de Manuel Oribe, compuesto de 8500 hombres y bien armado, derrotaba al jefe uruguayo Fructuoso Rivera.


Fue por entonces que Santa Coloma cometió excesos, posiblemente serían robos, persecuciones y algún asesinato; tanto que los unitarios lo llamaban el “carnicero de San Lorenzo”.


Lógicamente su proceder era un exceso extremado e inhumano, aunque le pareciera normal a la gente de su bando.


Al regreso de Echagüe, quedó con sus tropas en la guarnición de la ciudad de Santa Fe, cuando a fines de junio de 1845, Juan Pablo López partió de Corrientes y, cruzando el Chaco, derrotó a Santa Coloma en Calchines, cerca de Santa Fe.


El porteño resultó gravemente herido, y se retiró con dificultad hacia el sur de la provincia junto con Echagüe, donde esperaron la ayuda de Buenos Aires…


López gobernó Santa Fe hasta fines de julio de 1845, reuniendo en un solo mes un importante botín por medio de contribuciones forzosas, más se retiró ante el avance de Echagüe y Santa Coloma.


Durante el bloqueo anglo-francés del Río de la Plata, Santa Coloma dirigió la defensa de la costa de San Lorenzo contra las incursiones de la flota enemiga, en particular en la Batalla de Punta Quebracho (4 de julio de 1846, unos 30 km al norte de San Lorenzo), en que combatió como segundo del general Lucio Norberto Mansilla.


Después del pronunciamiento de Justo José de Urquiza, éste desembarcó en Coronda, dividiendo a las fuerzas santafesinas de Echagüe y de Santa Coloma.


Por ello, ambos evacuaron Santa Fe hacia Buenos Aires.


Santa Coloma, con alma de guerrero “non santa”, también luchó febrilmente al frente de una división de caballería en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, donde fue vencido Juan Manuel de Rosas.


Batalla prominente para la Historia Argentina, pues cambiaron las costumbres tan imperantes hasta entonces en Buenos Aires, procesiones, bailes y brebaje, más fusilamientos parroquia por parroquia.

Nos dice esa Bernardo González Arrili: “El comandante mazorquero Martín Santa Coloma diría vociferando: “Brindo porque a todo el que se conozca enemigo del Ilustre Restaurador, matarlo a palos y a puñaladas; pues yo pido al Todopoderoso que no me dé una muerte natural, sino degollando franceses y unitarios. Nada de medias y cortesías.”


Después de la derrota de  máaseros se refugió en la iglesia de Santo Domingo más Domingo Faustino Sarmiento (quien adelante sería presidente de la República), lo sacó de allí.


Agrega el historiador Ibarguren: “Parece que sus votos se cumplieron, según palabras de Sarmiento: “El general Urquiza, después de Caseros, ordenó que Santa Coloma fuera degollado por la nuca para que pagase a los que él mató así…”


En realidad, el abogado unitario santafesino Francisco Seguí (1822-1863) sostuvo que Santa Coloma le había robado una novia, entonces con permiso de Urquiza y sin juicio alguno, lo hizo traer ante su presencia y al día siguiente, lo hizo degollar.


Similar suerte siguió el coronel Martiniano Chilavert, que fue fusilado ese mismo día, también sin juicio alguno.

Martín de Santa Coloma - Wikipedia, la enciclopedia libre

Bibliografía:
Guadalupe Palacio de Gómez : Anécdotas de  de la historia militar argentina,1994.(Obra inédita).
Hudson, Guillermo Enrique: “La tierra purpúrea”. Buenos Aires, Editorial Kraft. (1956).

La establecida en el texto.

Mármol, José: “Amalia”. París. Ed. Garnier Hermanos. (1887).