El creador del Monumento y el Parque Nacional a la Bandera fue dueño de un talento versátil y profundo, que desfordó los límites de su disciplina.
"Forjador de belleza, maestro, rector, ingeniero, arquitecto, urbanista, historiador. redescubridor de América en el arte, conferencista y crítico". Nos dice Marcelo Castaños en el Diario La Capital en su 140 aniversario.
Además, fue un nventor que en la reformista Córdoba de 1918 se asomó a la historia, se dejó llevar por ella y ya nunca más la abandonó.
Nacido en Rosario el 29 de setiembre de 1896, en un hogar inclinado a las bellas artes, su nombre recorrió las capitales del mundo para culminar finalmente en lo más alto de su máxima creación: el Monumento Nacional a la Bandera.
Sin embargo, la mayoría de los rosarinos lo desconocen, al no saber que ese "Ilustre desconocido" llevó de la mano a nuestra ciudad hasta los sitios más elevados del arte y de la ciencia.
A los 22 años mientras estudiaba ingeniería en la Universidad Nacional de Córdoba, se volcaría deliberadamente a la Reforma Universitaria de 1918, un movimiento que lo captó para su causa y lo introdujo en los caminos de la participación y el protagonismo.
La influencia de Ricardo Rojas fue determinante en su formación ideológica llevándolo a profundizar y desarrollar su posición de revisionismo histórico y a rendir homenaje a la historia del país sus hombres y sus hechos heroicos mediante la realización de grandes monumentos, concebidos con ampulosidad contemplando los símbolos espirituales que él entendía por la Patria.
De allí su participación en numerosos proyectos de monumentalización como fueron los del Campo de la Gloria en San Lorenzo, el de la Casa Histórica de Tucumán, el de la avenida 9 de julio de Buenos Aires o el más ambicioso Faro de Colón en Santo Domingo.
Este arquitecto rosarino, ganó en 1940, junto a Alejandro Bustillo y los escultores Alfredo Bigatti y José Fioravanti, el concurso que les adjudicaría la construcción del Monumento Nacional a la Bandera.
Su tendencia fastuosa lo llevó en 1929 a la erección de una monumental edificación del Palacio de Correos en el mismo lugar donde hoy está emplazado, y sería de tal magnitud que dicha estructura por entonces sobresalía por encima del resto de los edificios hasta que por intervención de la Curia se estableció que ningún edificio público fuese más alto que la Catedral y tal estructura fue demolida.
Tal posición molestó a Guido, quien abandonaría de inmediato los trabajos.
Informa la arquitecta Bragagnolo, estudiosa de la producción multifacética del arquitecto:
"El pensamiento de Guido, su pasión artística, arquitectónica y urbanística, quedaron impresos en numerosas obras de papel y de cemento. Entre las primeras aparece un temprano libro de poesías "Caballitos de ciudad" (1921) y a partir de allí, con abundancia, profundidad y vehemencia, se sucedieron numerosos trabajos sobre historia, estética y arqueología del arte americano, ensayos filosóficos - estéticos, doctrinas de orientación estética americana, urbanismo, críticas de arte y otras.
Realizó grabados y esculpes y hasta llegaría a inventar el Pantógrafo de perpectivas en 1925. y el Heliógrafo, diez años más tarde"
Esta intensa labor física e intelectual lo hizo acreedor a numerosos títulos honoríficos: doctor "honoris causa" en Bellas Artes de la Southern California University (1933), miembro honorario del Instituto de Arquitectos de Río de Janeiro (1930), miembro titular de la Societé des Americanistes de París (1938), más la beca ganada por concurso de la Guggenheim Memorial Foundation de New York, (1932) entre tantos otros reconocimientos internacionales.
Nos dice Marcelo Castaños : “Angel Guido mostraba además de su polifacética personalidad otras virtudes acaso más valiosas: la sencillez, el amor por el terruño, la cordialidad de su trato, el señorío de sus maneras, la consubtanciación con la realidad de las esencias argentinas y americanas, la fe y el optimismo en el futuro del continente , esta tierra eurìdica , como solía decir, con el neologismo acuñado de Ricardo Rojas , de quien fue amigo.”
La mayor de sus hijas, la conocida escritora Beatriz Guido, trató de capturar el espíritu de su padre en el siguiente fragmento: "Fueron veinte años de: colectas, comisiones; hubo días y años en que se paralizaban las obras, (en referencia al Monumento Nacional a la Bandera) por falta de fondos. Nombres de civiles, militares, obreros, contratistas desfilan por mi memoria. Él los llevaba a nuestra casa y los agobiaba con ruegos y visiones del Monumento como lo ven hoy los argentinos"...
Tal fue su preocupación que horas antes de morir en el año 1966 - a nueve años de inaugurada su magistral obra - preguntó a los suyos si la llama votiva en el propileo seguía encendida...
Pareciera que haber construido el Monumento a la Bandera no le alcanzó a Angel Guido para que los rosarinos lo reconozcan". Aportes del Archivo Documental Fotográfico de la Dirección General del Monumento Nacional a la Bandera.
Bibliografía:
Información extraída de la revista del cable televisivo Galavisión en su edición de marzo de 1996. Artículo sin autor llamado: "Un trazo indeleble de un tal Guido".
Castaños Marcelo: “Monumental” en publicación LA CAPITAL (1867 – 2007) 15 de noviembre. 140ª Aniversario.
Guido, Arquitecto Angel. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. desde Córdoba a Av. Belgrano.
Se le impuso ese nombre por D. 40357 del año 1970.
Recuerda al arquitecto Angel Guido (1896- 1960) autor del proyecto y ejecución del Monumento Nacional a la Bandera, emplazado en nuestra ciudad en el parque Belgrano.