ZUASNÁBAR HORACIO (1888 -1966)

El CEMAR (Centro de especialidades médicas ambulatorias Rosario) “Doctor Zuasnábar” es un Centro Médico de especialidades de 2º nivel de complejidad, ubicado en calle San Luis 2020 de nuestra ciudad.


 El CEMAR se erigió en el “Monumento al pozo” durante 40 años (era esqueleto de un edificio a  ser construido en el año 1939) y para la época de gobierno justicialista, Eva Perón estaba dispuesta a  equiparlo con alta tecnología e instrumental, pero su enfermedad la derrotó y con ella murieron sus múltiples emprendimientos que cubrirían las cinco necesidades básicas del hombre: educación, casa, comida, salud y recreación.


  En la actualidad, el CEMAR se dedica exclusivamente a la resolución de problemáticas que requieren cierto grado de especialización y tecnología, y que pueden satisfacerse sin recurrir a la internación.


El 85% de los pacientes provienen de centros de salud y hospitales municipales y vuelven allí una vez brindadas las prestaciones específicas. De esta manera, se refuerza el 1º nivel de atención como articulación natural y principal de la población con el sistema de salud de la ciudad.


En efecto, desarrolla además modalidades de atención no centradas en la internación hospitalaria y nuevos modelos de gestión de salud, como la satisfacción de consultas y prácticas especializadas clínico-quirúrgicas ambulatorias y prestaciones ambulatorias de diagnóstico.
Nos dice la profesora Guadalupe Palacio de Gómez: En el terreno de la vida sólo se puede influir sobre los otros por medio de  fuerzas propiamente vitales, como el amor, la confianza, la iniciativa y el ejemplo”.

Nos dice Miguel Ángel De Marco: “En el terreno de la vida solo se puede influir sobre los otros por medio de fuerzas propiamente vitales, como el amor, la iniciativa y el ejemplo”, dijo un maestro universal de la psicología social.

Rosario supo tener en  el siglo XX  una pléyade de médicos que irradiaban  actitudes vitales. El doctor Horacio de Zuasnábar pertenece a aquella generación de grandes personalidades de la medicina.

Efectivamente, el doctor M. Horacio de Zuasnabar pertenece a aquella generación de grandes personalidades de la medicina nacidas en las dos últimas décadas del siglo XIX formadas en la prestigiosa Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires a principios del siglo XX.


Durante el período de infancia, niñez y adolescencia de Zuasnábar, tampoco se crearon institutos de salud dependientes exclusivamente del gobierno santafesino.


El área de salud pública ni siquiera disponía de una pequeña oficina, ni se encontraba anexada a alguno de los ministerios. El Estado provincial ejercía solamente una función subsidiaria y solidaria hacia entidades particulares, encargadas de la atención sanitaria de la población.


Luego de reseñar el estado de la salud pública en Rosario hacia principios de siglo XX, me refiero al retorno de Zuasnabar a Rosario en 1913, ya graduado como médico, y su opción por trabajar en los hospitales públicos en tiempos en que trabajar en el sector privado era mucho más rentable. Sin embargo, uno de los legados más importantes del biografiado fue el Hospital de Niños.


La intensa labor profesional que realizó el doctor Zuasnábar en la década del 20 lo conceptuó ante la sociedad como un médico y un funcionario capaz y responsable, y por eso fue designado como director fundador de la que más tarde seria bajo su conducción una de las más prestigiosas instituciones de la ciudad y del país.

 

El Hospital de Niños
El Hospital de Niños e Instituto de Puericultura de Rosario se inauguró el 14 de julio de 1930, y años más tarde se le impuso el nombre de “Víctor J. Vilela”, como imposición de quien ejercía el cargo de Intendente de Rosario, en ese entonces.


Zuasnábar trabajó en los primeros quince años de vida del hospital, dentro del andamiaje por él montado, con la intención de dar larga vida al proyecto, por la inserción del hospital en una red de intercambio científico mundial, a través de la publicación de los “Anales del Hospital de Niños”.


En el orden interno sentó las bases de un sistema de formación profesional permanente, con la creación de tres bibliotecas: la médica, la infantil y la de la enfermera. Además, fue un precursor de la educación sanitaria por los medios masivos de comunicación.


Desde el punto de vista propiamente de cobertura médica inauguró el lactarium, el servicio de hemoterapia, el centro de diagnóstico precoz de la difteria, la dentistería conservadora y ortodoncia, asistencia al cardíaco y reumático, consultorios para enfermedades alérgicas, profilaxis, tratamiento de la tuberculosis, y el departamento de electro-diagnóstico.


Agrega la profesora Guadalupe Palacio de Gómez: "Había sido responsable del único servicio municipal de niños existente en nuestra ciudad hasta ese entonces, que funcionaba en el Hospital Rosario, y por lo tanto era conocedor de las dificultades económicas que soportaban los establecimientos de salud sostenidos por el erario comunal."


Fue entonces que creó la Asociación Pro Hospital de Niños, confiando en que ella sería en adelante fuerza vital y moral de la institución.


Zuasnábar incorporó a la salud pública municipal el voluntariado social, y muy lejos de adoptar una política personalista y excluyente, involucró en aquel proyecto a la ciudadanía, a través del fomento de la solidaridad humanitaria. De esta manera, este médico edificó un servicio público sobre las sólidas rocas del afecto y el compromiso cívico.


En otros campos, el doctor Zuasnabar fue integrante de la U.C.R. participando en distintas actividades culturales y miembro fundador de la filial Rosario de la Asociación Descendientes de guerreros del Paraguay.


Siguiendo la vocación docente de su padre fue profesor en el Colegio Nacional Número 2, en el Liceo de Señoritas y en la Escuela de Servicio Social; y siendo consecuente con su propia vocación formó parte del núcleo fundador y directivo de la Sociedad de Tisiología y de la Asociación Médica.


Asimismo fue presidente de la Liga Argentina contra la Tuberculosis, de la Sociedad de Pediatría, de la Sociedad de Médicos del Hospital de Niños, y de la Asociación pro Escuela Normal de Maestros.


 Esta  ilustre personalidad de la ciudad de Rosario falleció el 3 de abril de 1966.

 

 

Bibliografía:
Fuente: de de la Revista “Rosario la fuerza de su Historia” Fascículo N.º 24 de Agosto de 2004.
*Capítulo 1 publicado por el autor en el libro de Zuasnábar es un adelanto de un libro, aún inédito, de una investigación efectuada en el marco del Conicet sobre "La ejecución de las políticas públicas en la modernización del Estado santafesino".
Agrega Fontanarrosa: “Zuasnabar falleció el 3 de abril de 1966, y aún no se le ha tributado el homenaje y el reconocimiento que su figura merece, ya que la Ordenanza 6.749 que impone su nombre al CEMAR nunca fue cumplida, ni en letra ni en espíritu".
Y vuelve a retomar las palabras de Lovell: “Hidalguía, pura hidalguía, porque lo más hermoso que tenía Zuasnabar era su carácter. Era un hombre de una rectitud a toda prueba. Muy justo, muy firme en sus decisiones: era un señor. Él tenía un amor bárbaro por el Hospital de Niños y evidentemente no solamente tenía el proyecto de agrandarlo sino de hacer más asistencia social. Rosario no le ha hecho nunca justicia, teniendo en cuenta que fue el primer promotor de la fundación de un hospital de niños en Rosario que, con el tiempo, se ha acrecentado y que es un orgullo para la ciudad".
La argumentación de Fontanarrosa también retoma palabras de Ana María Sarnari de Mercau, quien fuera Jefa del Servicio Social del Ministerio de Educación. “¿Por qué razón no hubo el merecido reconocimiento, o por qué no lo hubo posteriormente para ese monumental trabajo?”
Socialmente hablando, casi no hay detalle que haya escapado a su visión. Creo que la Sociedad Médica y la Municipalidad pueden hacer mucho para divulgar su ejemplo, para que la ciudadanía actual lo conozca, y para hacerle al fin justicia". Para Fontanarrosa, “imponerle al Hospital de Niños el nombre del doctor Zuasnábar es hacer Justicia”.

Topografía:
El Honorable Concejo Deliberante de Rosario aún no ha honrado su trayectoria colocando su nombre a una de las arterias de la ciudad.