ZAINO SALVADOR (1848 -1852)

Daniel Fernández Lamothe en el artículo "EL Círculo: Un teatro, una historia", expresa "Quien puede imaginar, hoy, lo que pasaba por la cabeza y, sobre todo, por el corazón de los rosarinos que consolidaron el crecimiento de la ciudad entre fines del siglo pasado  y principios de éste ( se refiere al siglo XX.) Quién pudiera apreciar esa inquietud, ese afán de superación con que empujaban a toda la comunidad, provocando profunda admiración en numerosos y calificados viajeros que tenían ocasión de advertir el fenómeno.

En un Rosario que en 1895 tenía apenas algo más de 90.000 habitantes, mitad nativos y mitad inmigrantes, todos esforzados trabajadores, hubo quienes tuvieron grandes sueños y arriesgaron todo para hacerlo realidad. Algunos no pudieron lograrlo, pero el espíritu emprendedor fue predominante y la ciudad creció arrolladoramente de la mano de aquellos tesoneros ciudadanos.

De lo que aquellos  visionarios y aparentemente irrepetibles rosarinos  pudieron lograr quedó - como un ejemplo entre otros- un valioso testimonio en la esquina de Laprida y Mendoza: "El Teatro La Ópera, hoy El Círculo".

Esta obra fue de tal envergadura, digna de las más prestigiosas capitales del mundo, que la Sociedad Anónima La Ópera no pudo solventar la inversión y quebró quedando la obra inconclusa hasta que otro rosarino por adopción, don Emilio Schiffner, andando entre la vida, la historia y la leyenda, con agudeza de observador descubrió lo que pasó y lo que podía  acontecer entre el público rosarino con respecto al interés teatral.

La obra puede concluirse, venciendo los obstáculos - se dijo - y no se equivocó porque mientras  la población rosarina se duplicaba  iba asimilando la tradición cultural europea que llegaba, comenzando a disfrutar de refinamientos que le ofrecería tanto el Teatro Colón (hoy lamentablemente desaparecido) como La Ópera, ambos de puertas abiertas en 1904.

Este último fue halagado con los mejores calificativos en cuanto a su acústica, obra del ingeniero Goldammer contratado especialmente en Alemania,   mientras su construcción fue encargada a la empresa Bianchi, Vila y Compañía bajo la dirección del ingeniero Enrique Taiana.

Los más ricos materiales, mármoles, mosaicos y maderas de primera calidad fueron  importados; en tanto bellísimos frescos y bajorrelieves adornan los sectores más importantes.

Los frescos de la cúpula estuvieron a cargo de José  Carmignani; la escultura y yesería externa fue trabajo de Pellegrini y la interna, de Belotti; la decoración y los frescos del foyer fue responsabilidad de Levoni y de Salvador Zaino, decorador y pintor italiano que se radicara en Rosario en 1889.

El maestro Zaino entendió que todos tenemos un interior creativo que podemos desarrollar a través de un entrenamiento y por ello instaló una escuela de arte  con el propósito que las niñas de Rosario pudiesen expresar a través del dibujo y la pintura, sus aptitudes creativas.

Realmente fue un precursor, un pionero de los que piensan que lo artístico está en el espíritu de todos y sólo se necesita que alguien les enseñe el camino para expresarlo. Así estableció en setiembre de 1890 una Academia de Dibujo y pintura, en calle San Luis 765, con la concurrencia más tarde de la Municipalidad.

Fue un constante e inspirado creador. El Museo de Bellas Artes Juan B.  Castagnino cuenta en su patrimonio, una obra que él  tituló  “Plaza Belgrano,” predio que descendía hacia la zona baja como simple baldío, que luego fue parquizado  tomando el  nombre sugerido por Zaino.

Tal plaza desapareció  a principios de los 40 al comenzarse las obras del Monumento.

El cuadro analizado de izquierda a derecha muestra el sector verde de la plaza ocupando más de dos tercios de su ancho. Arriba aparece una construcción situada  en calle Córdoba y  en el ala derecha de ésta , se ve el actual Liceo Avellaneda que nació en 1888 como “Hotel France et Angleterre (luego de “The Grand Hotel”).
Siempre por detrás del arbolado se elevan la cúpula y el campanario de la catedral, luciendo se remate de cupulines bizantinos o “acebollados”.
A la derecha de éstos, la Municipalidad  con fachada blanca por calle Santa Fe y un escalonado curvo llevan  al nivel inferior de la hoy avenida costanera. El color naranja amarillento de la casa de Comas cierra la escena por la derecha.
Tal cual se percibe en la pintura, la casa ocupaba el terreno que hoy se inscribe entre la prolongación de Juan Manuel de Rosas tomando el nombre de pasaje Angel Guido entre el Monumento y el Pasaje Juramento.

De su talento también  hay testimonios de decoración en ampulosas viviendas como la Residencia Astengo ubicada en calle Córdoba 1860 donde sus pinturas se destacaron entre mármoles, estucados y artesonados, al igual que el Conjunto Santa Inés perteneciente a José Castagnino donde el hall y la escalera de la vivienda sobre calle Maipú (casi San Juan) conservan aún las pinturas.

Este notable maestro vivió desde su arribo a Rosario hasta su muerte acaecida a los 84 años en Alberdi, en la calle Alvarez Thomas 2049, frente a la plaza Santos Dumont.

Sus restos descansan  en el cementerio de Granadero Baigorria.