ZABALA BRUNO MAURICIO de (1682-1736)

La gobernación del Río de la Plata que tenía como capital a la ciudad de Buenos Aires y dependía del Virreinato del Perú, subsistió  en el lapso comprendido desde 1618 a 1776, año en que obtendría por orden real  la categoría de virreinato.

Con la muerte de Alonso de Arce el 2 de octubre de 1714, el cargo pasaría por derecho  a José de Echevarren, marqués de las Salinas, pero por un problema de una formidable  venta de cueros y negros entre la Metrópoli y Buenos Aires hizo pensar a la Corte designar como gobernador a don Bruno Mauricio de Zabala (1717 – 1734), quien dejó en los anales de la Colonia, gravado su nombre con hazañas e iniciativas que lo hacen inmortal.

El espíritu de resistencia que se manifestó en España después del Tratado de Utrech, chocó contra el propósito inglés de apoderarse del comercio español y mantener la inviolabilidad de la propiedad de sus súbditos.

Al producirse el conflicto en 1718, en que España vio destruida su flota por sorpresa y sin previa declaración de guerra, su reacción se manifestó en los bienes del asiento inglés en el Río de la Plata.

La actividad de Zabala  con ese motivo fue efectiva, revisando los campos  del Uruguay y haciendo vigilar continuamente las aguas del estuario.

Intervino en forma efectiva en el comercio del cuero y  represión del contrabando, habiendo  decomisado  entre  1719 y 1723 varios navíos franceses  en las costas  próximas  a Maldonado acopiando más de 200.000 cueros En cuanto al  asiento de negros reforzaría   la Guardia de San  Juan para reforzar a la Colonia del Sacramento, fuente de la mayor parte de este delito.

La erección de la ciudad de Montevideo sería un golpe decisivo en la expansión lusitana, pues desde entonces compartiría la jurisdicción comercial y política con Buenos Aires.
     
Otro hecho trascendente durante su gestión sería la revolución de los comuneros del Paraguay. Las ideas dormidas sobre la libertad y el localismo despertaron allí protestando por una autonomía distanciada de España. El rey enviaría a Zabala como Capitán General a sofocar la rebelión.
Con motivo de habérsele promovido a  Brigadier y  Presidente de Chile, relegaría su cargo el 25 de noviembre de 1732.

A este gobernante se debe el Curato de Rosario. Consta en publicación oficial N°2 de la Junta de Historia y Numismática Americana, hoy Academia de Historia, Filial Rosario, titulada:”Creación del Curato del Rosario. 1730 – 1731”. Edición de 1931.

La creación del curato de los Arroyos es algo que se halla histórica y plenamente admitido, sin que al respecto hallan contradicciones, pero tanto la iniciativa en su expresado origen, como las  causas de dotarlo al espaciado núcleo de pobladores, constituyendo  empero una zona de atracción y de influencia para la capilla y su culto, han sido objetados por estudiosos de prestigio.

Según el académico Sr. Francisco M. Santillán:”Correspondió al Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires la iniciativa de la creación del curato. Con fecha 18 de mayo de 1730 dirigíase el cabildo  a las autoridades de Santa Fe, pidiendo datos sobre la población y división administrativa del partido de los Arroyos (“de esta parte del río Carcarañal”). 
Mi opinión ya lo dije, es que el iniciador del Curato en la Capilla del Rosario del Pago de los Arroyos fue don Bruno Mauricio de Zabala en 1730.
Sostengo, también, por simple razón de lógica que, si apareció el Curato con todas sus necesidades y congruas, fue por el número de feligreses, vale decir de habitantes, cercanos o lejanos pero siempre  dentro del mismo círculo, fue lo suficientemente como para dotar al párroco y al culto, con aquellas contribuciones, de una subsistencia normal, segura y suficiente en todo lo necesario.

No habría el Gobernador ni el Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires solicitado ni acordado la Parroquia tal trato, sin antes buscar y obtener datos exactos sobre aquellas circunstancias, tan fundamentales en la solicitud e instalación de aquel Curato.

Sea de todo aquello lo que fuere, lo que aparece innegable es que uno de los primeros actos – sino el primero – históricamente comprobado en la vida de Rosario, es la aparición de su Curato.

Es decir: la instalación en su poblado, en forma permanente, de un sacerdote (el padre Ambrosio Alzugaray) que llenare cumplidamente todo lo referente al culto cristiano y a la religión católica, prestando a los pobladores en las debidas ocasiones, los auxilios espirituales de los santos sacramentos, acompañando la Iglesia  a su creyente desde la cuna a su tumba. 

La Capilla del Pago de los Arroyos elevada a parroquia con la intervención del poder civil, se nos aparece de nuevo simbolizando los dos grandes exponentes que la simbolizaron desde el primer día: La cruz y la espada”.

 

Bibliografía:
Sierra Vicente:”Historia de Argentina” en “Documentos para la Historia Argentina” Instituto de Investigaciones Históricas 1728, 1738 y 1744”.Tratado X.
Molina Raúl R: “Historia de la Gobernación del Río de la Plata 1573 – 1776 en Historia de Levillier Tomo I. Pág. 753 y sig.

Zabala. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. entre las calles Sarmiento Y Mitre.
Se le impuso ese nombre por Ord. 3 del año 1905.
Recuerda al gobernante de Buenos Aires,  don Mauricio de Zabala a quien se le debe la creación del Curato de la Capilla del Rosario en 1731.

                                  Pasaje Zabala

El arquitecto José Mario Bonacci en Rosario Desconocida: “Pasajes y Cortadas” en  el diario La Capital,  edición del 18 de julio de 2004 expone: En los climas variados contenidos en la trama urbana, la cuadrícula interminable, la sucesión de situaciones y el aporte de la gente hacen que cada calle se convierta en un mundo, cada mundo con un universo en un calidoscopio variado, caprichoso y sugerente.

A la ciudad y sus partes, “la maduran el tiempo y su gente. El tiempo se  toma su tiempo y poco a poco en un extraño maridaje con la vida, con lo humano, se va conformando una característica, un rasgo que individualiza y distingue  de sus pares a una calle cualquiera aún en el mismo centro.

El pasaje Zabala entre Mitre Y Sarmiento a la altura del 400, aún conserva el adoquinado grueso con su textura tan particular y dos  construcciones centenarias, que los jóvenes de  hoy utilizan como lugar de representaciones de arte moderno, más música y distracción algo exageradas.
 
         
En ciudades que han sido paneadas al estilo dameros, sin calles sinuosas, pasadizos o callejones, la condena de la monotonía  sólo es alterada por la aparición de  pasajes,  a que invitan a quebrar el rumbo en mitad de una cuadra  para ingresar  a condición de dar sólo unos pasos, en un escenario tan diferente al de la calle que se transita.
 
Esa breve alteración de los rectos circuitos peatonales convierte muchas veces a espacios en verdaderos oasis en el corazón del centro urbano.