VUELTA DE OBLIGADO

Con el desarrollo de la navegación a vapor ―desarrollo efectuado principalmente en el Reino Unido, Francia y Estados Unidos― ocurrido en la tercera década del siglo XIX, grandes navíos mercantes y militares podían remontar en tiempos relativamente breves los ríos en contra de la corriente, y con una buena relación de carga útil.

Este avance tecnológico acicateó a los gobiernos británico y francés que,  siendo las superpotencias de esa época, alanzarse  hacia el logro de garantías que permitieran el comercio y el libre tránsito de sus naves por el estuario del Río de la Plata y todos los ríos interiores pertenecientes a la cuenca del mismo.


Para Inglaterra y Francia afianzar su posición en el Plata significaba el control de la libre navegación  de los ríos interiores, con la utilización de las mejores islas  y puertos para depósito de sus productos acopiados en Montevideo.


El 18 de setiembre de 1845, los ministros Ouseley y Defraudis , representantes de ambos países  declararon el bloqueo al puerto y costas de Buenos Aires, con el propósito de remontar el Paraná  hacia Paraguay.


Con anticipación  a estos hechos Rosas enterado de la gravedad  de la situación dispuso urgentes medidas  para cerrarles el paso al convoy  anglo –francés.


Para ello, Rosas que  estaba al tanto de sus anotaciones que hiciera  en el año 1811 poco después de la Revolución de Mayo de 1810 Hipólito Vieytes al  recorrer  la costa del río Paraná buscando un sitio ideal en donde poder montar una defensa contra un hipotético ataque de naves españolas,  decidió preparar las defensas en dicho sitio.


Sin dudarlo  consideró  al recodo de la Vuelta de Obligado como el sitio ideal, donde el río tiene 700 m de ancho, y un recodo pronunciado dificultaba la navegación  por sus altas barrancas más  la curva pronunciada que obligaba a las naves a recostarse para pasar por allí.


Otorgó el mando  a un avezado militar  y pariente suyo, el general Lucio N. Mansilla.


El general Mansilla hizo tender tres gruesas cadenas de costa a costa, sobre 24 lanchones. La operación estuvo a cargo, principalmente, de un italiano inmigrado a la Argentina, de apellido Aliverti.
En la ribera derecha del río montó 4 baterías artilladas con 30 cañones, muchos de ellos de bronce, con calibres de 8, 10 y 12, siendo el mayor de 20, los que eran servidos por una dotación de 160 artilleros.


 La primera, denominada Restaurador Rosas, estaba al mando de Álvaro José de Alzogaray; la segunda, General Brown, al mando del teniente de marina Eduardo Brown, hijo del almirante; la tercera era la General Mansilla, comandada por el teniente de artillería Felipe Palacios; y la cuarta, de reserva y aguas arriba de las cadenas, se denominó Manuelita y estuvo al mando del teniente coronel Juan Bautista Thorne.

Además, en las trincheras había 2000 hombres, la mayor parte gauchos asignados a la caballería, al mando del coronel Ramón Rodríguez, jefe del Regimiento de Patricios.


También participaron tropas del 2.º batallón de Patricios. En el río estaba estacionado un bergantín, el Republicano, que ―al mando de Tomás Craig (irlandés nacionalizado argentino), cuya  misión era  cuidar las cadenas que cruzaban el río. Este buque fue volado por su tripulación durante el combate, cuando su captura por el enemigo era inminente. El Republicano estaba acompañado por los cañoneros Restaurador y Lagos, que consiguieron escapar indemnes hacia el Paso del Tonelero tras la batalla.

 

En las filas argentinas revistaban voluntariamente algunos soldados nacidos en las Islas Británicas; alegaban no estar cometiendo traición alguna, ya que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda no había declarado formalmente la guerra a la Confederación Argentina.
 La  flota anglo-francesa – integrada por 22 barcos de guerra y 92 buques mercantes, disponían de 418 cañones y 880 soldados, contra seis barcos mercantes y 60 cañones de escaso calibre que les opuso Rosas. fue interceptada por tropas argentinas. Los europeos

Once buques de combate de la escuadra anglo-francesa navegaban por el río Paraná desde los primeros días de noviembre; estos navíos poseían la tecnología más avanzada en maquinaria militar de la época, impulsados tanto a vela como con motores a vapor.


Una parte de ellos estaban parcialmente blindados, y todos dotados de grandes piezas de artillería forjadas en hierro, y de rápida recarga, granadas de acción retardada, Shrapnels (las primeras bombas-proyectiles de fragmentación antipersonales) y cohetes Congreve.


Combate de la Vuelta de Obligado
Aprovechando el relieve de la costa del río Paraná en ese lugar, Mansilla dispuso a gran parte de su tropa en la especie de playa baja ubicada antes de las barrancas que en ese punto tienen casi 20 metros de altura; considerando acertadamente que los invasores anglofranceses atacarían con su artillería primeramente a las baterías argentinas ubicadas en lo alto de tales barrancas, de este modo las tropas argentinas ubicadas en la parte baja podían hostigar la aproximación a las costas de los navíos y hacer frente con mayor eficacia a los desembarcos invasores.

 

El combate se inició al amanecer del día 20 de noviembre, primeramente con una escaramuza unos pocos kilómetros aguas abajo del río Paraná cuando tres lanchones argentinos que patrullaban al río fueron atacados por la artillería de la flota anglofrancesa; a las 8:00 de la mañana el vapor inglés al mando de Charles Otham comenzó a cañonear las posiciones argentinas sin mucho efecto pero a las 10:30, la flota invasora reunida, con su diluvio de proyectiles comenzó a tener eficacia: con un intenso cañoneo y fuertes descargas de cohetes Congreve sobre las baterías argentinas.


Estas respondieron de inmediato, pero estaban en inferioridad de condiciones, ya que contaban con cañones de mucho menor alcance, mucho menor precisión y notable lentitud de recarga, en comparación con las piezas que poseían los invasores.

Las tropas defensoras los recibieron con un “¡Viva la Patria!” y los sones del Himno Nacional. Al encontrarse la nave capitana francesa de frente a las baterías defensoras, estas abren fuego matando en el acto a 28 hombres de dicho buque y dañando seriamente su arboladura (se contabilizaron 11 disparos solo en el palo mayor), independientemente del gran ímpetu de las fuerzas defensoras, el intercambio de disparos causó desde un primer momento múltiples bajas en el bando argentino.

Sin perjuicio de la desigualdad de fuerzas, las baterías argentinas logran dejar fuera de combate a los bergantines Dolphin y Pandour, obligando a retroceder al Comus, silenciando el poderoso «cañón de a 80» del Fulton y cortando el ancla de la nave capitana (la cual dejó de batallar y se alejó a la deriva, aguas abajo).

Era tal el escarnio con que ambas fuerzas se batían, que en un momento dado Mansilla (sin perder su acostumbrada serenidad) le preguntó a su amigo italiano: «Che, Alberti, ¿qué es eso que echan al agua, de aquel barco?», a lo cual el italiano (luego de mirar a través de su catalejo) contestó: “¡Son corpos, (cuerpos’), usía!”.

Luego de más de dos horas de combate, las fuerzas defensoras habían agotado gran parte de sus municiones, por lo que su capacidad de respuesta disminuyó considerablemente. Ante el vuelco de las circunstancias, el comandante Sullivan ordenó el desembarco de dos batallones que avanzaron contra la batería sur. El general Mansilla ordenó la carga a bayoneta. Mientras encabezaba la carga, fue herido de gravedad en el pecho por una salva de metralla.


El coronel Juan Bautista Thorne lo reemplazó en el comando de la artillería, mientras que Rodríguez asumió el mando autónomo de sus fuerzas de caballería. Thorne perdió casi por completo la audición por una explosión de granada muy cercana.


Corte de las cadenas por parte del Firebrand.
Con la considerable disminución en los disparos de la escuadra defensora, los atacantes volvieron sobre las cadenas, encabezados por el buque Firebrand y, a martillazos sobre un yunque, logran cortarlas.

Tras varias horas de combate, fuerzas de infantería ―principalmente francesas― desembarcaron en la costa, atacando la batería argentina, que perdió 21 cañones en poder del enemigo.
Al no poder transportarlos, los invasores los inutilizaron. Pero cuando pretendieron sostener su posición, las fuerzas desembarcadas fueron atacadas por la caballería del coronel Ramón Rodríguez, que las obligó a reembarcarse en forma temporal, cediendo ante un segundo ataque ―esta vez de marinos franceses e infantes de marina británicos― que fue más eficaz.

Aprovechando la defensa que los argentinos debían hacer de sus piezas de artillería durante el desembarco, las fuerzas atacantes incendiaron los lanchones que sostenían las cadenas. También se perdió el buque Republicano, que fue volado por su propio comandante ante la imposibilidad de defenderlo.

Las fuerzas defensoras tuvieron 250 muertos y 400 heridos. Los agresores, por su parte, tuvieron 26 muertos y 86 heridos y sufrieron grandes averías en sus naves que obligaron a la escuadra a permanecer casi inmóvil en distintos puntos del Delta del Paraná, para reparaciones de urgencia.

Finalmente, los anglo-franceses consiguieron forzar el paso y continuar hacia el norte, atribuyéndose la victoria.
En su nota sobre este combate, al explicar el interés que movía a Rosas, opina el historiador Felipe Pigna que Rosas:
“Compartía con los terratenientes bonaerenses la seguridad de que el Estado no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto en Rosas y sus socios políticos y económicos una actitud fanática que se transformara en xenofobia ni mucho menos, sino una política nacionalista pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.”

 

 

Bibliografía:

Romero Carranza Ambrosio: Primer y segundo gobierno de Rosas. Tomo III de Levillier. Pág. 2622 y sig.

Bustamante José Luis Los cinco errores capitales de la intervención anglo –francesa en el Plata.”. Montevideo 1849, reimpreso en Buenos Aires, 1942.

Vuelta de Obligado. Pasaje. Topografía :

Corre de N. a S. en la manzana rodeada por las calles Viamonte, Iriondo, Ocampo y Cafferata.

Se le impuso ese nombre por D. 21748 del año 1958.

Recuerda  a los defensores  de ese paraje del río Paraná durante la invasión Franco – inglesa, que tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845.

Con anterioridad se denominó Pasaje B.

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