TRES SARGENTOS

Después de Vilcapugio, y a pesar de su victoria, las fuerzas realistas carecían de abastecimiento y medios de transporte como para marchar en persecución de las tropas de Belgrano. Repito, pese a su reciente triunfo, la situación de los realistas distaba de ser mejor.


El general Joaquín de la Pezuela había perdido más de 200 hombres en Vilcapugio, junto con un buen número de mulas y caballos, único medio de transporte viable en el terreno escarpado del altiplano

Las pérdidas nacionales en hombres y material habían sido considerables, sobre todo en lo que hace a la artillería.


Entonces, el General  comenzó a reforzar sus desmoralizadas y exhaustas tropas con el apoyo de patriotas locales que se sumaron a sus filas y le proveyeron vituallas.


Allí  en Vilcapugio, el 1 de octubre de 1813, con  el grueso del Ejército del Norte se retiró hacia el Este, acampando tras varios días de marchas forzadas en Macha.


Mientras reorganizaba sus fuerzas en Macha, Belgrano ordenó a sus mejores oficiales diversas tareas de reconocimiento del campamento realista.
Uno de ellos, el joven teniente Gregorio Aráoz de Lamadrid, fue elegido para una misión en el cuartel general enemigo en Yocalla. Lamadrid encabezaba una partida de cuatro dragones y un guía indígena.


El grupo llegó a acercarse a unos 400 m del campamento, tras una noche en la que se produjo una intensa nevada. Allí sorprendieron una patrulla realista que marchaba en la nieve, haciéndose de cinco prisioneros, que fueron enviados inmediatamente a Macha.


Una parte del ejército de Belgrano se retiró a la villa de Potosí, bajo el mando del general Eustoquio Díaz Vélez.


A mediados de octubre, Potosí se hallaba asediada desde el Norte por un escuadrón realista, comandado por el coronel Saturnino Castro, quien se había apoderado del pueblo de Yocalla.


La presencia y posterior retirada de Lamadrid no fue advertida por los hombres del hispánico Castro.


El camino entre las fuerzas de Díaz Vélez y las de Belgrano estaba controlado por el enemigo.

Sin embargo, un grupo de milicianos locales leales a Pezuela hostigaron su paso a través de la quebrada de Tinguipaya, e informaron a Castro acerca de la ruta de los jinetes.


Cuando los cautivos fueron llevados ante Belgrano, éste reconoció a dos de ellos -un cabo y un soldado raso- como parte del ejército realista que al mando de Pío Tristán se había rendido en Salta.


 Estos hombres habían jurado no volver a tomar sus armas en contra de los ejércitos independentistas.


Belgrano ordenó que fueran fusilados inmediatamente por la espalda. Sus cuerpos fueron decapitados, y sus cabezas, junto con un refuerzo de ocho dragones, le fueron enviadas a Lamadrid, quien todavía se encontraba al acecho del enemigo.


Éste supo sacar partido de tales circunstancias y procuró hostilizar constantemente a sus enemigos por medio de partidas aisladas que los atacaban por sorpresa .
En estas refriegas comenzó a distinguirse por su extraordinaria temeridad el futuro general Gregorio Aráoz de La Madrid, que entonces ostentaba el grado de teniente del Cuerpo de Dragones.

“Llega la hora señalada y se presentan los bomberos(espías) con la noticia de haber dejado (los realistas) en Tambo Nuevo una compañía como de 40 a 50 infantes...
En el acto de recibir esta noticia mandé montar a caballo a mis 14 hombres, incluso el baquiano Reynaga y... me dirigí a sorprender la compañía, pues ésta venía seguramente (como lo afirmaron después los prisioneros) a tomarme la espalda por la quebrada...Emprendí mi marcha, en efecto en esta dirección, mandando por delante a Gómez, Albarracín y Salazar, con los indios que acababan de llegar con la noticia, en clase de descubridores. Seguía mi marcha en este orden, con mi baqueano Reynaga a mi lado, y habían pasado ya algunas horas cuando se me presenta Albarracín avisándome de pate de Mariano Gómez que encabezaba la descubierta, que venía en marcha conduciendo prisionera a la guardia realista. Gustosamente sorprendido con esta noticia, pregunté... Cómo han obrado ustedes este prodigio?


Merece recordarse, por el arrojo de sus principales protagonistas - los tres sargentos Mariano Gómez, Santiago Albarracín y Juan Bautista Salazar en  la acción de Tambo Nuevo, que el mismo La Madrid nos relata en sus Memorias.


Continuando mi marcha , me refiere Albarracín que, al asomar los tres sargentos al portezuelo de Tambo Nuevo, habiendo señalado el baqueano el rancho en que estaba colocada la guardia...aproximándose Gómez al momento, les propuso a sus dos compañeros si se animaban a echarse con él sobre aquella guardia que dormía, y cuyos fusiles se descubrían arrimados a la pared con la luz de la lámpara, habiéndole contestado ellos que sí, se precipitan ellos tres con los dos indios que los guiaban, sobre la puerta del rancho, y que desmontado Gómez con sable en mano, dio el grito de “ninguno se mueva”, a cuyo tiempo, abrazándose de los 11 fusiles que estaban arrimados, se los alcanzó a los dos indios; enseguida hizo salir y formar afuera a los 11 hombres bien pertrechados y los echó por delante, como prisioneros habiéndose colocado el exponente a la cabeza, Salazar al centro mientras Gómez ocupó la retaguardia...

Este acto de arrojo, la historia argentina lo ha registrado como muy significativo pues tres soldados sencillos, sin galones y sin trayectoria militar guiados por el patriotismo arriesgaron sus vidas capturando la retaguardia hispánica. En adelante se los conoció como “Los tres sargentos de Tambo Nuevo”.

 

 

Bibliografía:
González Arrili Bernardo:”Historia de la Argentina”.Tambo Nuevo. Tomo V. Editorial Nobis. Buenos Aires, 1969.

Tres sargentos. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. desde 4.200 hasta 4699 Camino Cullen y Ugarte 3.200, límite del municipio, Zona norte.
Se le impuso ese nombre por D. 22.013 del año 1958.
Recuerda a la hazaña de los tres simples soldados que en un acto de arriesgo lograron capturar a la bien pertrechada retaguardia hispánica, después de Vilcapugio.