TOBAS (PUEBLOS ORIGINARIOS)

El nombre “toba” en guaraní “frente”, debido a que los hombres solían raparse la parte delantera  del cuero cabelludo, motivo por el cual los españoles les llamaron”frentones”.

En su idioma, esta etnia se autodenominaba ntokóit; después comenzaron a utilizar el autónimo kom o com (que se pronuncia /kóm/, pero nunca /kuóm/ ni /kjóm/), que significa «varón», no existe nombre para el género femenino. También, de manera más infrecuente, se autodenominaban kom’lek o kom’lik.


Los kom (pronunciado /kóm/), qom (pronunciado /kóm/, nunca /kuóm/) o tobas (del gentilicio peyorativo guaraní, tová: ‘rostro, frente’) eran una etnia del grupo pámpido que habitaba   el Chaco Central.


Hacia el siglo XVI comenzaron a habitar gran parte del norte argentino por las actuales provincias de Salta, Chaco, Santiago del Estero y Formosa y en la provincia de Gran Chaco en el sudeste del actualmente boliviano departamento de Tarija.


Contemporáneamente muchos, perseguidos por la miseria en sus zonas rurales ancestrales se encuentran en las "afueras" de las ciudades, por ejemplo Orán, Salta, Tartagal, Resistencia, Charata, Formosa, Rosario etc.


Es muy usual ver la palabra escrita como «qom». Esa "q" confunde generalmente al lector, que pronunciará erróneamente /kuóm/. Esa "q" es una consonante que se utiliza en la escritura de los idiomas quichuas, y que se conoce como oclusiva uvular sorda, y suena parecido a una /kj/, por ejemplo en Qosqo (/kjoskjo/, que es el nombre de la ciudad capital de los incas).


En el caso del autónimo kom, no es correcto escribir qom, ya que la palabra se pronuncia /kóm/ y no /kjom/.


Como habitualmente ocurre con las grafías de nombres indígenas, se encuentran muchas variantes en la escritura de estas palabras. El nombre tová (‘frente’) es un mote despectivo de origen guaraní, que se generó debido a que los qom solían practicar la decalvación de la parte delantera del cuero cabelludo; por el mismo motivo los españoles les llamaron «frentones» (nombre dado también a los abipones por motivos similares).


En el Paraguay se los solía también denominar emok, término en idioma enlhet, que significa ‘prójimo’ o ‘paisano’.


A la llegada de los españoles en el siglo XVI, los kom habitaban principalmente las regiones del Chaco actualmente salteño y tarijeño y desde allí se extendían (imbrincándose con otras etnias) a lo largo del río Bermejo y en menor medida del río Pilcomayo. El mayor crecimiento demográfico de los wichí hizo que estos ejercieran mayor presión demográfica para obligarles a un desplazamiento hacia el este, territorios en los que hoy mayoritariamente habitan.


La presencia de los españoles significó una gran revolución para ellos: por una parte se encontraron con un nuevo y poderoso enemigo, por el otro los españoles involuntariamente hicieron un gran aporte a su cultura: en el siglo XVII los tobas comenzaron a utilizar el caballo y pronto devinieron en un poderoso complejo ecuestre en el centro y sur del Gran Chaco (Chaco Gualamba).


Se volvieron hábiles jinetes pese a que su territorio estaba en gran parte cubierto de bosques y selvas (al andar a caballo bajo los árboles solían llevar sobre sus cabezas un cuero hábilmente sujetado a su cuerpo, para prevenirse de las espinas de los árboles y de los ataques de los pumas y yaguares que sorpresivamente les podían saltar desde las ramas).

 

Con la adopción de la equitación pudieron extender sus correrías, transformándose en la etnia dominante del Chaco Central (aprovechaban los plenilunios para cruzar con sus caballos el río Paraguay y asaltar las poblaciones cercanas a la orilla izquierda de dicho río, actualmente en la nación homónima). También el dominio del caballo les permitió avanzar hacia el Chaco Austral e incluso realizar incursiones relámpago en las zonas correspondientes al noroeste de la región pampeana. Desde sus caballos, armados con arco y flecha cazaban no solo animales autóctonos sino el ganado vacuno de origen europeo.

La cultura de los tobas era funcional a sus costumbres y tradiciones: vivían en habitaciones de leños recubiertas de paja, habitáculos que solían medir unos dos metros de diámetro. Fabricaban objetos de cerámica, cestería y tejidos con finalidad principalmente utilitaria.

Durante los meses cálidos casi no usaban vestimenta a excepción de simples taparrabos. En los períodos frescos usaban ropas más complejas y en ocasión de sus celebraciones rituales se adornaban.
De este modo poseían un vestido llamado poto, confeccionado con fibras de caraguatá (Aechmea distichantha), cuero y ―tras la invasión española―, algodón.

También durante los períodos fríos llegaban a abrigarse con ponchos. Los varones adultos adornaban sus cabezas con el opaga, especie de tocado realizado con plumas y cuerdas de caraguatá. Mujeres y varones se adornaban con con pulseras, que originalmente se confeccionaban usando dientes y uñas de animales, semillas, plumas, valvas o conchas y cócleas o caracoles (al parecer para obtener algunos de estos elementos practicaban comercio de trueque con otras etnias). De confección semejante a estas pulseras eran los colaq o collares.

Hasta el siglo XIX eran un pueblo predominantemente cazador-recolector seminómade que marchaba en pos de sus recursos alimenticios y existía entre ellos una fuerte división sexual del trabajo: los varones desde muy temprana edad se dedicaban a la caza y a la pesca y las mujeres a la recolección y a una incipiente agricultura hortícola en gran medida influida por aportes ándidos y amazónidos.


De este modo, en pequeñas parcelas cultivaban nachitek (zapallos), oltañi (maíz), avagha (porotos), batatas, mandioca, etc.
Sin embargo tales cultivos eran solo complementarios para su dieta y no llegaban a tener excedentes como para la acumulación de alimentos de origen agrícola. Existe una explicación ecológica para este aparente atraso: el clima y la edafología de su territorio no permitían suficientes rindes para sus producciones agrícolas, mientras que el territorio chaqueño en estado salvaje les resultaba una gran fuente de recursos alimenticios, en especial de proteínas de primera calidad.


Los kom cazaban principalmente tapires, pecaríes, ciervos, guanacos y gran cantidad de aves. Como complemento solían recolectar miel y gran cantidad de frutos, frutas del bosque y raíces  silvestres.

Los tobas resultaron ser una de las etnias que mayor resistencia opusieron al intento de transculturación y usurpación del hombre blanco en la región chaqueña, llegando en 1858 a amenazar la ciudad de Santa Fe, pero desde 1880 no pudieron afrontar las campañas del Ejército Argentino que les arrinconó en el Chaco Impenetrable.

En 1924 la última resistencia bélica de los kom fue abatida en la Colonia Aborigen Napalpí, en la provincia del Chaco, en donde 200 de ellos fueron masacrados en el hecho conocido como Masacre de Napalpí. Muchos fueron obligados a trabajar en las plantaciones de algodón o como hacheros en los obrajes.

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La historia general del pueblo toba y otras etnias guaycurúes, se encuentra plasmada en la obra Historia sagrada del pueblo kom en el país chaqueño, del argentino Flavio Dalostto, quien ya ha publicado los tomos 1 y 2 de una colección de 5.

Desde 2007, las principales agrupaciones de este pueblo se encuentran en el este del departamento de Tarija (en Bolivia), en el oeste de la provincia de Formosa, el centro y este de la provincia del Chaco y el norte de la provincia de Santa Fe y en el Chaco Boreal (en Paraguay).

Existe una intensa migración interna hacia el Gran Rosario, agrupándose allí especialmente en el barrio Toba; y hacia el noreste de la provincia de Santiago del Estero. Otro asentamiento se encuentra en el partido de La Plata, en la provincia de Buenos Aires.

Como típicos pámpidos se caracterizan por sus elevadas tallas y por predominar entre ellos los individuos dolicocéfalos. Se les considera una de las más importantes etnias del grupo llamado guaycurú (o guaykurú), voz de tono insultante que dieron los guaraníes a sus principales oponentes en el Gran Chaco.

Su idioma se denomina qom l'aqtac y desde el punto de vista lingüístico se le suele incluir dentro del grupo de «idiomas guaycurúes», que muchas autores consideran forman junto con los idiomas matacoanos la familia lingüística mataco-guaycurú.

Por su sistema de creencias se les ha calificado de animistas y chamanistas; poseían un culto a los seres de la naturaleza y la creencia en una divinidad máxima.
Desde entonces, se mantienen aún por transmisión oral resistente, este sistema religioso aunque muchos han adoptado a su modo el cristianismo, en particular el llamado pentecostal ya que sus chamanes en muchos casos se convirtieron en pastores protestantes.


.El censo del INDEC de inicios de 2001 daba una cifra de 69.452 argentinos que se consideraban integrantes de la etnia kom, en su mayoría habitando la provincia del Chaco.
Los que se mantienen en sus territorios ancestrales viven generalmente constituyendo comunidades rurales regidas por comisiones vecinales, asociaciones comunitarias o con líderes (mal llamados caciques) elegidos democráticamente por la comunidad.


Sin embargo muchos de ellos, desde la segunda mitad del siglo XX se han visto forzados a migrar a las ciudades (Roque Sáenz Peña, Resistencia, Gran Santa Fe, Gran Rosario y Gran Buenos Aires) a consecuencia del desmonte y de la introducción del cultivo de la soja.


En tales núcleos urbanos, casi en su totalidad viven en las zonas económicamente más deprimidas.

Muchas obras de autores y compositores argentinos tienen como temática al pueblo kom. Uno de ellas es Antiguo dueño de las flechas, canción cuya letra pertenece al historiador y poeta Félix Luna, y su música al pianista y compositor santafesino Ariel Ramírez. Fue inscripta en SADAIC en el año 1974, y tuvo como versión más popular la de la cantante argentina Mercedes Sosa.

 

Bibliografía:

Los sonidos de la lengua (fonología), texto de Cristina Messineo que forma parte de los materiales de trabajo del Taller de Lengua y Cultura Toba.

 Pueblos originarios de la provincia del Chaco» (en español).

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Tobas. Pasaje. Topografía:

Corre de E. a O.  desde Sánchez de Loria hasta Ancamayu – Wilde – Sarratea.

Se le impuso ese nombre por D. 4676 del año 1977.

Recuerda  a los aborígenes  del norte del país, ubicados principalmente en Chaco, Formosa y también en el sur de  Paraguay y Bolivia.