TACUARÍ (Batalla librada el 9 de marzo de 1811)

El general Belgrano había decidido acampar junto al viejo camino que llevaba de Candelaria a Asunción del Paraguay, muy cerca de la margen norte del Paraná y sobre la meridional margen del caudaloso río Tacuarí.


Ese territorio justamente estaba gobernado por el general español Velazco, de indiscutible trayectoria militar que se había distinguido cuando las invasiones inglesas a Buenos Aires y su ejército había   hecho sentir su peso numérico- de relación de diez a uno – y su superioridad logística sobre las debilitadas fuerzas de Belgrano a quien los triunfos de Campichuelo y Paraguarí no lo engañaban: el ataque sería inminente..

La táctica paraguaya fue advertida por los patriotas en la mañana del 9 de marzo, cuando su campamento comenzó ser atacado desde tres direcciones al mismo tiempo. Una división hostigaba y entretenía a los defensores, mientras otra desembarcaba en una playa del río y la tercera daba rodeo a cargar desde atrás.

Belgrano envió  ciento cincuenta de sus cuatrocientos hombres a prevenir el asalto de retaguardia, dispuesto a resistir en la posición con el resto de las fuerzas.

Más avanzada la mañana, los cañonazos enemigos habían hecho estragos en las filas nacionales e inutilizado las dos únicas piezas de artillería.


No obstante, la infantería al mando de Pedro Ibañez arremetió con fiereza obligando a los atacantes a retroceder y hacer abandono de sus propios cañones.

Nuestro General sabiendo que no sería posible mantener la ventaja por mucho tiempo y aparte lo absurdo de una verdadera carnicería entre criollos, decidió enviar a su vocero José Echeverría a parlamentar con el general Cabañas.

Le entregó en un gesto de grandeza sesenta onzas de oro para las viudas y huérfanos de sus soldados caídos.

Se entablaría de esta manera una respetuosa comunicación entre Belgrano y Cabañas, a través de la cual el hispánico descubrió de las intenciones del patriota – quien no había llegado  a él, con intenciones de conquista sino de integración  - sembrando con ello el ideario de emancipación en el pueblo guaraní, revolución que no tardó en producirse.

Bartolomé Mitre en su Historia de Belgrano fue el primero en narrar la anécdota del encuentro entre ambos jefes, cuando sólo la voz de Ibañez sostenía la moral de nuestras vencidas tropas.

Escribió Mitre:“La Infantería formada en pelotones de ala, marchaba gallardamente con las armas a discreción, al son del paso de ataque, que batía con vigor un tamborcillo de doce años, lazarillo del comandante Vidal, que apenas veía; pues hasta los niños y los ciegos fueron héroes en aquella jornada."

Ese niño se convertiría en heraldo de avanzada, al batir con entusiasmo el parche de su tambor. No existen pruebas documentales que acrediten su presencia, más la leyenda inspiró a poetas y artistas, quienes vieron en ese niño el símbolo del heroísmo infantil.

Algunos afirman que el valiente niño murió en el combate; otros en Santa Fe. Lo cierto es que, cada 9 de marzo, las escuelas argentinas evocan la figura del pequeño Tambor de Tacuarí, como un secreto himno de heroísmo.

Tal hazaña ha sido recordada en poemas, esculturas, cuadros y hasta en una película argentina estrenada en 1948.

Ramón Lassaga en "Tradiciones y recuerdos históricos", escrito en Santa fe en 1895, lo llama el Tambor de Tacuarí y en su ciudad una columna de mármol y una lápida llevan su nombre.

En el Museo Histórico Nacional se ha erigido un monumento.

Rafael Obligado, poeta de nuestra tierra, le dedicó un poema cuyos versos finales dicen: “ / se cuenta que de allí/ por América cundieron, hasta en Maipo, hasta en Junín, / los redobles inmortales / del Tambor de Tacuarí”.

 

Bibliografía:
González Arrili Bernardo:”Historia de la Argentina”.Tambo Nuevo. Tomo V. Editorial Nobis. Buenos Aires, 1969.

Tres sargentos. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. desde 4.200 hasta 4699 Camino Cullen y Ugarte 3.200, límite del municipio, Zona norte.
Se le impuso ese nombre por D. 22.013 del año 1958.
Recuerda a la hazaña de los tres simples soldados que en un acto de arriesgo lograron capturar a la bien pertrechada retaguardia hispánica, después de Vilcapugio.