Afirma el historiador Jorge Malla en su libro: “El barrio La Tablada y los orígenes de la Biblioteca Constancio C. Vigil”: “Existen versiones que relacionan la creación del club Central Córdoba en 1905 gracias a la inquietud de algunos vecinos de la estación Ferroviaria Córdoba – Rosario”.
A la hora de nombrar las pasiones del barrio La Tablada, no se puede dejar de lado el Club, que según consta en sus actas, fue creado el 20 de octubre de 1906.
Al amparo del ferrocarril y de aquel deporte traído al paós por los ingleses, la primera denominación que recibió fue la de Córdoba and Railway Atletic Club, siendo su primera sede la propia estación ubicada en 27 de Febrero y calle 25 de Diciembre (hoy Juan Manuel de Rosas). Este nombre perduró hasta 1914, cuando tomó su nombre Charrúa.
Su primera cancha de fútbol se instaló entre las calles Viamonte, Ocampo, Buenos Aires y Laprida, pero poco después se trasladó a la Av. San Martín y Virasoro.
El estadio del club lleva el nombre de Gabino Sosa en homenaje al jugador más importante que tuvo la institución.
Si algo era capaz de exhibir Gabino Sosa como un orgullo desprovisto de soberbia, era su amor ilimitado por ese club del sur rosarino donde jugó 20 años en primera división.
Sus comienzos en el club datan de 1916, ganando en 1921 el Campeonato Sudamericano.
Afirma Rafael Ielpi en su artículo “Corazón Charrúa”. Diario La Capital en su 140 aniversario (1867 -2007): “Buena parte de su vida estuvo ligada a los colores “charrúas” en las décadas entre el 20 y 30 del siglo XX, cuando su notable habilidad, su innata inteligencia para “ver” el juego, y su carencia de egoísmo lo convirtieron muy pronto en un ídolo, muchas veces imprevisible pero siempre sostenido por una modestia impensable en un deporte ganado por un profesionalismo deformado y voraz, por la violencia absurda y los negocios turbios.”
Su trajinar cansino y su gambeta inesperada eran vistos por la gente en las décadas del 20 y el 30 desde los tablones de madera, tribunas de entonces, como una especie de poesía agresiva que alegraba los domingos.
A partir del año 1931 Central Córdoba alcanzó sus mejores éxitos de su mano.
Pero ninguna se compara con el campeonato Adrián Beccar Varela, el 11 de febrero de 1934, tras un comentado triunfo frente a Racing.
Gabino Sosa jugó su último partido en1936, después de veinte años de fidelidad a la camiseta.

“Solamente por razonas muy poderosas vestían casacas que no fueran de mi club –dijo Gabino a la Capital en 1961.
Cuando le preguntaron al crack si esa fidelidad fue retribuida con plata, respondió: “No, nada de eso. En aquellos tiempos no conocíamos contratos ni primas”. Me trataban tan bien, me querían tanto y tanto quería yo a Central Córdoba, que para mí no había nada mejor del mundo que jugar ahí.”
Expresó: “En pocas oportunidades dejé la institución. Se refería a 1920, cuando cumplió el servicio militar en Córdoba cuando debió jugar para Instituto y las otras lo hizo defendiendo la celeste y blanca de la Selección nacional.
Por eso cuando el 7 de noviembre de 1969 el club de su vida decidió bautizar al viejo estadio de Tablada con su nombre, obviamente a él le habrá parecido demasiado.

Con esa misma humildad, Gabino se fue de este mundo, el 3 de marzo de 1971.
Ya leyenda, se llevó con él la poética futbolística emparentada con la bohemia, pero también con hondos valores éticos.
Los que lo vieron jugar lo creyeron milagro dominguero. Y tenían razón, nos dice Rafael Ielpi.