SEGUÍ JUAN FRANCISCO ( 1822 – 1863)

Con altos y bajos, avances y retiradas en su vocación arribó a talentoso diputado santafesino. Quien con el correr de los años habría de ser secretario militar del general Urquiza, nació en Santa Fe, el 16 de noviembre de 1822.

En sus verdes años emprendió estudios teológicos y canónicos para seguir carrera eclesiástica, dedicándose después a la enseñanza. Simultáneamente escribiría cartas al Restaurador solocitándole una beca de estudio para doctorarse en leyes.

Durante su período gubernamental fue adicto a Rosas, más en 1949 en una visita al palacio San José, a instancias de Urquiza radicóse en Concepción del Uruguay a fin de colaborar con la causa urquicista. Duró su estancia sólo un año, en que regresó a Buenos Aires para concluir sus estudios.

Nos dice González Arrili: " Personajes históricos hay que, por circunstancias diversas, se ven crecer bajo la pluma de quienes tómanlos por actores centrales de su obra. Seguí podría figurar como uno de ellos, acaso a la sombra benigna de la Constitución del 53. Avilés con sus "apuntes"; Busaniche entre sus "Hombres"; Dana Montaño en algún artículo; Víctor Gálvez, Juan Giménez, Calixto Lassaga en sus jugosas "Memorias"; Lucio Mansilla en su retrato demasiado estilizado (...) y algunos más, hasta llegar al valioso volumen titulado"De la tiranía a la organización nacional" de Juan Antonio Solari (1951) han historiado a Seguí desde sus días primeros a su temprana muerte, no más que para encuadrarlo en el Congreso Constituyente de Santa Fe en días difíciles, pobretones y optimistas en que se sanciona la Carta Magna".

Clausurada la Convención Nacional del año 60, Seguí volvió a sus actividades periodísticas. Fue un escritor polémico que debe encasillárselo entre los políticos cultos de aquellos días un tanto confusos.

En esa etapa constitucionalista, sus contemporáneos no interpretaron la dimensión de sus expresiones, al defender el espíritu de las leyes pero a su vez poniendo en tela de juicio la dignidad de los gobiernos y la moralidad de los pueblos.

Su independencia de criterio él mismo lo remarcaba al decir "soy hombre de ideas propias, de las que no declino ni por interés ni por temor"

En el año 1861, hizo saber al gobierno central que consideraba un enorme contraste entere lo expresado al comienzo de su gestión y las segundas partes de la misma. El vencedor de Caseros debió sentir cierta dosis de respeto y afecto por ese doctorcito espigado, fino y elegante, hábil en el arte de hablar, a quien apodó "el apoderado de los pícaros" y siempre perdonó sus ruegos de perdón para otros.

En el otoño de su vida escribió sus Memorias advirtiendo que eran apuntes para publicar después de sus días y que en ellos dice la verdad "satisfecho del testimonio de su propia conciencia".

La pobreza y los desengaños lo hundieron en la soledad. El doctor Rawson, le enviaba recetas tanto para su salud deteriorada como para su espíritu.

"Parece que el santo Job – llegó a escribir Seguí – en sus horas de prueba sufrió también de un reumatismo crónico..." Acota González Arrili al respecto: "No se sabe si eso consoló al enfermo, pero habría que averiguar a qué dolencia se llamaba hace un siglo, reumatismo crónico y cuánto parecido tendría con el aludido de los tiempos del Patriarca bíblico".

Falleció el talentoso legislador, gobernante y periodista Seguí, el 29 de diciembre del 63. Sus restos descansan en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú.

 

Bibliografía:

La expuesta en el texto.

 

Seguí. Bulevar. Topografía:

Corre de E. a O. entre las calles Saavedra y 24 de setiembre, desde 200Bis hasta 7800 a la altura de Bv. Avellaneda 3500; Av. San Martín 3500; Av. Provincias Unidas 3500.

Se le impuso ese nombre por Ord. 3 del año 1905.

Recuerda a Juan Francisco Seguí (1822 – 1863), secretario de Urquiza en 1850 y efectivo participante en el congreso Constituyente de 1853.