SCHIAVONI AUGUSTO (1893 – 1942)

Desde 1930 a 1940, la pintura rosarina comenzó a transitar  por nuevos enunciados estéticos  y nuevas tendencias ideológicas. Así surgieron asociaciones de hombres de la cultura.

 

Época coincidente con el arribo de Antonio Berni que en Europa se había empapado de ideas de izquierda.  Algunos plásticos se sumaron a la actitud contestaria, de choque, que puso en evidencia la función del arte en los problemas sociales.

De esa manera, surgieron asociaciones como la que fundó Berni llamada “Mutual de Estudiantes y Artistas Plásticos” y el “Grupo de los Nueve”, entidad que presentaría la primera muestra pública en 1936,  auspiciada  por la Comisión Municipal de Bellas Artes, e  integrada por Demetrio Antoniades, Eugenio Fornells, José Beltraamino, Nicolás Melfi, Luis Ouvard, Félix Pascual, Pablo Pierre, Manuel Musto y Augusto Schiavoni.

 

Éste último, contemporáneo del anterior y amigo dilecto, compartiría el viaje a  Europa, frecuentando el estudio de Giovanni Costetti, durante algunos años.

 

Augusto Manuel Ciro Schiavonni y Tellería nació en Rosario el 18 de julio de 1893, desde muy joven sintió el influjo de la creación que tradujo en imágenes, líneas, color y ritmo.

Alumno  de Mateo Casella en  la Academia de Doménico Morelli  asistió  después  a la Academia Fomento de Bellas Artes (maestros europeos radicados en nuestra ciudad en los albores del siglo XX).

Liberado de su formación académica fue escasamente comprendido debido  a su rebeldía. Según sus biógrafos, daba la impresión de que no fuera feliz, a semejanza de las vidas de los grandes pintores universales que en su mayoría fueron desdichadas.

Al unir  a la precisión del realismo, inquietantes aportes fantásticos, casi mágicos, que hacen de su obra una de las más personales de la pintura rosarina. A la muerte  de su madre en 1934, se produjo en su interior, un desequilibrio emocional de tal magnitud, que abandonaría los pinceles para siempre, alejándose del mundo exterior.

Augusto Schiavoni en “Schiavoni espera”  insertó un juicio de valoración sobre el  consagrado pintor del mismo apellido  en el   artículo de la revista “Vasto Mundo” N° 16 de diciembre 1998,  - aunque los separe  una diferencia abismal de tiempos de vida - “Una fama de artista maldito, no redimido por ningún inequívoco triunfo; su voluntaria reclusión  en una casa del Saladillo, de persianas bajas; más el dato de que enloqueció  al morir su madre ( o poco después); más su legado pictórico, integrado por paisajes, naturalezas muertas y figuras, entre las que se destacan sus retratos tan geniales como bizarros, tan obsesivos como obsesionantes, contribuyen a hacer de Augusto Schiavoni (1893 – 1942) un caso no resuelto. Hay algún problema con él: su figura no cierra. Ni siquiera cierra en el marginal, en el loco. Ni en el primitivo  ingenuo: Schiavoni estudió con Giovanni Costetti , en Florencia, entre 1914 y 1917, y, de lo que pintó por esa época se deduce que no estuvo enrolado en ninguna vanguardia. Pese a lo cual el cubofuturista Emilio Pettoruti lo defiende, como lo defendió Juan Batlle Planas; de los testimonios escritos de ambos, se infiere que Schiavoni no era un incomprendido. La crítica  lo denostó, argumentando que dibujaba mal. Pese a lo anticuado e irrelevante de tal argumento hoy en día, resulta imposible olvidarse de lo mal que dibujaba Schiavoni. A pesar de eso, por otra parte, es  el dibujante moderno perfecto. 

(...)La crítica que denostó también en su momento a Pettoruti, ya lo ha consagrado; mientras Schiavoni espera todavía ser sobreseído por el progreso del arte. Algo le falta para que pueda considerárselo un “gran pintor. Como muchos de sus retratos, su figura aparece suspendida en un limbo entre lo inolvidable y lo ignorado, entre lo inconcluso y la ruina”.

Agrego las palabras de un crítico de arte de su tiempo: “Shiavoni, si bien no abomina el color, esencia misma de la pintura lo subordina a su concepción dibujística de la forma y para lograrlo aguza de su capacidad de observación, dejándose llevar a su vez por arrebatos sentimentales”

En el 2005 el Museo municipal de Bellas Artes Juan B Castagnino de Rosario publicó una bellísima obra sobre este gran Maestro del arte.

Poseen telas del maestro, los museos “Juan B. Castagnino” de Rosario, el Provincial de La Plata y el “Rosa Galisteo de Rodríguez de Santa Fe.

Murió en la ciudad de Santa Fe el 22 de mayo de 1942, preso de ciertos desquicios mentales comprobado por facultativos.

 

Bibliografía:
La expuesta en el texto.

Schiavoni Augusto Calle Topografía:
Corre de N. a S. desde la calle Ernesto de la Carcova hasta la calle Andrés Blanquí. Barrio Parquefield. (Hoy 1° de Mayo.)


Se le impuso ese nombre por D. 4672 del 16 de setiembre de 11977.
Recuerda al pintor rosarino Augusto Schiavoni que se destacó por obras de expresión desenvuelta y libre, adoptando una paleta de puro contenido emocional.