SARMIENTO DOMINGO FAUSTINO (1811- 1888)

Nos dice Enrique  E. Blanco en el diario La Capital de Rosario en su edición del 12 de setiembre de 2002: "Los Albarracín y los Sarmiento eran antiguas y prestigiosas familias de San Juan. Los Albarracín habían fundado el convento de Santo Domingo y tenían particular devoción por este santo. José Clemente Sarmiento y Paula Albarracín fueron los padres de un varón nacido el 15 de setiembre de 1811, siendo bautizado con el nombre de Faustino Valentín. Ese nombre había sido elegido por el padre, pero la devoción de los Albarracín por Santo Domingo pudo más y la madre comenzó a llamarlo Domingo. Así comenzaron a nombrarlo todos y Faustino Valentín pasó a ser conocido para siempre como Domingo Faustino y la historia lo registra como tal.” 

 

Nació el 15 de febrero de 1811 en una casa del barrio Carrascal, uno de los más humildes de la ciudad de San Juan, capital de la actual provincia homónima, hijo de José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento y Paula Zoila Albarracín Irrazábal.

 

Los primeros maestros de Domingo fueron su padre y su tío José Manuel Quiroga Sarmiento, quienes comenzaron a enseñarle lectura a los cuatro años.


En 1816, ingresó a una de las llamadas "Escuelas de la Patria", fundadas por los gobiernos de la Revolución, donde tuvo como educadores a los hermanos Ignacio y José Rodríguez, maestros profesionales.


Finalizados estos estudios en 1821 su madre sugirió que cursara el seminario en Córdoba, pero Sarmiento se negó, tramitando una beca para ingresar al Colegio de Ciencias Morales en Buenos Aires que no le fue concedida.


Las becas se daban por sorteo o por contactos. Sarmiento no fue sorteado y al no contar con dinero suficiente ni con familiares ni amigos influyentes no pudo continuar con sus estudios y debió quedarse en San Juan.


A partir de entonces fue un autodidacta. Un amigo ingeniero lo ayudó con las matemáticas, su tío José de Oro lo ayudó con el Latín y Teología. El francés lo estudió solo, en sus ratos libres.  

En 1825 su tío Fray José de Oro fue desterrado a San Francisco del Monte, provincia de San Luis, y Domingo lo acompañó; actualmente la localidad se llama San Francisco del Monte de Oro, en homenaje al rebelde fraile y maestro. Allí fundaron una escuela, primer contacto de Sarmiento con la educación.


El niño creció con la dimensión de las montañas y la dureza del granito de su tierra natal: San Juan, y sus estudios y su lucha fueron la preparación intuitiva, la tensión premonitoria  de su ascenso a la primera magistratura del país.
Pero aún  sin haber llegado a la Presidencia Sarmiento habría sido igual el prócer y el genio reverenciado por los argentinos.


Él como un predestinado le dijo a Mitre que ocuparía ese cargo, y en San Juan antes de partir para los Estados Unidos como representante diplomático expresando: "Más que nunca seré presidente. Cuanto más lejos, más hermoso. Me idealizan." Pero eso no era la ansiedad de un ambicioso, sino el deseo de realizar un sueño de transformación del país en gestación institucional. Tenía la fuerza instintiva y consciente de la fecundación.
 A fines de 1867, su candidatura a presidente se había concretado.

En 1827 fue reclutado dentro del ejército federal. Según sus relatos, Sarmiento, como alférez de milicia debía realizar tareas que lo incomodaban. Presentó un reclamo y fue citado por el gobernador Manuel Quiroga.


Durante la reunión Sarmiento pidió ser tratado con equidad, pero esto fue tomado como un desacato y fue enviado a prisión. Debido a este, y a otros enfrentamientos personales con integrantes del Partido Federal, decidió abrazar la causa unitaria y se incorporó al ejército comandado por José María Paz.

Debido a la victoria federal en su provincia, en 1831 se vio obligado a emigrar hacia Chile, donde realizó distintas actividades para subsistir.


Durante este tiempo trabajaba como profesor en una escuela de la provincia de Los Andes, donde tuvo con su alumna María Jesús del Canto, con quien nunca se casó, a su única hija Ana Faustina Sarmiento, quien más tarde iba a ser la madre de Augusto Belín.


En 1836, mientras se desempeñaba como minero, contrajo fiebre tifoidea y, a pedido de su familia, el entonces gobernador de San Juan, Nazario Benavídez, le permitió volver a la Argentina.

De regreso en su ciudad natal, formó parte de la Sociedad Dramática Filarmónica, y luego fundó la Sociedad Literaria (1838), filial de la Asociación de Mayo; comenzó a participar de actividades artísticas, teniendo contacto con la Generación de 1837 y retomó la actividad política.


De hecho la sede del grupo artístico del que formaba parte fue utilizada como centro de reunión de quienes se oponían a Juan Manuel de Rosas, por entonces gobernador de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores de Argentina.

En 1839 fundó el Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, un instituto secundario para señoritas, y crea el periódico El Zonda, desde el cual dirigió duras críticas al gobierno. Debido a sus constantes ataques al gobierno federal, el 18 de noviembre de 1840 fue apresado y nuevamente obligado a exiliarse hacia Chile.

 

Nuevamente en Chile se dedicó de lleno a la actividad cultural. Escribió para los periódicos El Mercurio, El Heraldo Nacional y El Nacional; y fundó El Progreso. En 1842 fue designado por el entonces Ministro de Instrucción Pública, Manuel Montt Torres, para dirigir la Escuela Normal de Preceptores, la primera institución latinoamericana especializada en preparar maestros.


También impulsó el romanticismo, llegando a polemizar con Andrés Bello. Su labor como pedagogo fue reconocida por la Universidad de Chile, que lo nombró miembro fundador de la Facultad de Filosofía y Humanidades; y en 1845 el presidente Manuel Montt Torres le encomendó la tarea de estudiar los sistemas educativos de Europa y Estados Unidos.

Durante su paso por Francia aprovechó para encontrarse con José de San Martín que vivía exiliado por propia voluntad en su residencia de Grand Bourg.

A los cuatro años aprendió a leer; en su país natal cursó estudios primarios y terminó el bachillerato en Argentina. Al estallar la Guerra de la Triple Alianza, Dominguito decidió alistarse en el ejército argentino pese a la oposición de su madre. Participó con el grado de capitán del Ejército Argentino.

En septiembre de 1866, durante la Batalla de Curupayty, Dominguito fue herido de muerte; tenía veintiún años de edad. Sarmiento desempeñaba entonces el cargo de ministro plenipotenciario de la Argentina en Estados Unidos, donde recibió la noticia de la muerte de su hijo adoptivo por medio de los enviados especiales de Bartolomé Mitre. La noticia lo sumió en una profunda depresión.


Debido a la victoria federal en su provincia, en 1831 se vio obligado a emigrar hacia Chile, donde realizó distintas actividades para subsistir. Durante este tiempo trabajaba como profesor en una escuela de la provincia de Los Andes, donde tuvo con su alumna María Jesús del Canto, con quien nunca se casó, a su única hija Ana Faustina Sarmiento, quien más tarde iba a ser la madre de Augusto Belín. En 1836, mientras se desempeñaba como minero, contrajo fiebre tifoidea y, a pedido de su familia, el entonces gobernador de San Juan, Nazario Benavídez, le permitió volver a la Argentina.

Una vez finalizado su viaje por el mundo, en 1848 se casó en Santiago de Chile con Benita Agustina Martínez Pastoriza, viuda de su amigo Domingo Castro y Calvo, y adoptó al hijo de éstos, Domingo Fidel ("Dominguito"), y se instaló en el barrio Yungay de la ciudad de Santiago.

No cabe duda que el genio de Sarmiento y la clase de vida batalladora que llevaba no le permitió cumplir con una convivencia hogareña.


Debería  haber encontrado a una mujer con la abnegación de doña Paula Albarracín que él inmortalizó, para lograr vivir en paz con ella y consigo mismo. Pero no fue así, conforme a lo que dicen las crónicas de la época, y él no ocultó, por lo cual no es indiscreción reproducirlo.


Con doña Benita la relación  no fue para siempre y a pesar de fugaces relaciones afectivas, el verdadero amor del Gran Maestro fue María Aurelia Vélez Sarfield, hija del autor de nuestro código civil –asevera González Arrili. Ella llegó hasta visitarlo al Paraguay y regresó dos días antes de su muerte.

Durante un año se dedicó de lleno a escribir, y fruto de ello son Viajes por Europa, África y América, en el cual escribió sobre lo observado en sus viajes, y Educación popular, donde transcribió gran parte de su pensamiento educativo, y su proyecto de educación pública, gratuita y laica.

Poco tiempo después, Sarmiento renunció al cargo diplomático y emprendió el regreso a Buenos Aires. Ya en la capital argentina, se dirigió al cementerio, donde se encontraba la tumba de Dominguito, y muy devastado pasó allí un largo rato. Años después escribió la biografía de su hijo: "Vida de Dominguito".

En 1827 fue reclutado dentro del ejército federal. Según sus relatos, Sarmiento, como alférez de milicia debía realizar tareas que lo incomodaban. Presentó un reclamo y fue citado por el gobernador Manuel Quiroga. Durante la reunión Sarmiento pidió ser tratado con equidad, pero esto fue tomado como un desacato y fue enviado a prisión. Debido a este, y a otros enfrentamientos personales con integrantes del Partido Federal, decidió abrazar la causa unitaria y se incorporó al ejército comandado por José María Paz.

 

De regreso en su ciudad natal, formó parte de la Sociedad Dramática Filarmónica, y luego fundó la Sociedad Literaria (1838), filial de la Asociación de Mayo; comenzó a participar de actividades artísticas, teniendo contacto con la Generación de 1837 y retomó la actividad política. De hecho la sede del grupo artístico del que formaba parte fue utilizada como centro de reunión de quienes se oponían a Juan Manuel de Rosas, por entonces gobernador de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores de Argentina.

En 1839 fundó el Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, un instituto secundario para señoritas, y crea el periódico El Zonda, desde el cual dirigió duras críticas al gobierno. Debido a sus constantes ataques al gobierno federal, el 18 de noviembre de 1840 fue apresado y nuevamente obligado a exiliarse hacia Chile.

 

 
Nuevamente en Chile se dedicó de lleno a la actividad cultural. Escribió para los periódicos El Mercurio, El Heraldo Nacional y El Nacional; y fundó El Progreso. En 1842 fue designado por el entonces Ministro de Instrucción Pública, Manuel Montt Torres, para dirigir la Escuela Normal de Preceptores, la primera institución latinoamericana especializada en preparar maestros.


También impulsó el romanticismo, llegando a polemizar con Andrés Bello. Su labor como pedagogo fue reconocida por la Universidad de Chile, que lo nombró miembro fundador de la Facultad de Filosofía y Humanidades; y en 1845 el presidente Manuel Montt Torres le encomendó la tarea de estudiar los sistemas educativos de Europa y Estados Unidos.

Durante su paso por Francia aprovechó para encontrarse con José de San Martín que vivía exiliado por propia voluntad en su residencia de Grand Bourg.

Al año siguiente se separó de su esposa; en 1851 regresó a la Argentina, donde se unió al Ejército Grande del general Justo José de Urquiza.


En 1851 ingresó como gacetillero en el ejército de Urquiza hasta la Batalla de Caseros. Luego de la caída de Rosas se instaló en Buenos Aires, pero entró en conflicto con Urquiza y se vio obligado a volver a Chile. Durante este periodo entabló discusiones con Juan Bautista Alberdi acerca de la política del país. La polémica ideológica se limitaba al liberalismo, pensamiento al que ambos adscribían.


Los dos pensadores eran partidarios del constitucionalismo de la democracia y de la república, de la inmigración, de la educación y del progreso.


Sus enfrentamientos fueron políticos más que ideológicos. El sanjuanino expuso sus opiniones en las Ciento y una mientras que el tucumano las expresó en las Cartas quillotanas. A pesar de sus diferencias los dos políticos fueron los padres de la Constitución Argentina de 1853/60 que dio forma al poder constituyente originario del estado argentino y permitió el inicio de la época constitucional de la historia argentina.

Durante su estadía en Chile fue miembro de la logia masónica Unión Fraternal de Valparaíso, fundada el 27 de julio de 1853.

En 1855 regresó a la Argentina y fue redactor del diario "El Nacional" y actuó como miembro consultivo de la provincia de Buenos Aires. Al año siguiente fue elegido concejal municipal de la ciudad de Buenos Aires.

En 1857 y 1860 fue elegido senador y mientras tanto se desempeñó como jefe del Departamento de Escuelas. En 1860 fue miembro de la Convención Constituyente y al asumir Bartolomé Mitre la gobernación de Buenos Aires lo nombró Ministro de Gobierno.

En 1851 ingresó como gacetillero en el ejército de Urquiza hasta la Batalla de Caseros. Luego de la caída de Rosas se instaló en Buenos Aires, pero entró en conflicto con Urquiza y se vio obligado a volver a Chile. Durante este periodo entabló discusiones con Juan Bautista Alberdi acerca de la política del país.


La polémica ideológica se limitaba al liberalismo, pensamiento al que ambos adscribían. Los dos pensadores eran partidarios del constitucionalismo, del contractualismo, de la democracia, de la república, de la inmigración, de la educación y del progreso. Sus enfrentamientos fueron políticos más que ideológicos. El sanjuanino expuso sus opiniones en las Ciento y una mientras que el tucumano las expresó en las Cartas quillotanas.


A pesar de sus diferencias los dos políticos fueron los padres de la Constitución Argentina de 1853/60 que dio forma al poder constituyente originario del estado argentino y permitió el inicio de la época constitucional de la historia argentina.

Durante su estadía en Chile fue miembro de la logia masónica Unión Fraternal de Valparaíso, fundada el 27 de julio de 1853.

En 1855 regresó a la Argentina y fue redactor del diario "El Nacional" y actuó como miembro consultivo de la provincia de Buenos Aires. Al año siguiente fue elegido concejal municipal de la ciudad de Buenos Aires.

En 1857 y 1860 fue elegido senador y mientras tanto se desempeñó como jefe del Departamento de Escuelas. En 1860 fue miembro de la Convención Constituyente y al asumir Bartolomé Mitre la gobernación de Buenos Aires lo nombró Ministro de Gobierno.

Luego de la batalla de Pavón acompañó al general Wenceslao Paunero en la campaña a Cuyo. Allí fue designado gobernador de San Juan (1862) y apoyó la persecución de los federales locales, en dos campañas que terminaron con el asesinato del caudillo riojano Chacho Peñaloza.


Domingo Faustino Sarmiento arribó a San Juan como escritor condensado en el "Facundo o Recuerdos de provincia", su honestidad ejemplar, su acción  oficial en Chile y Buenos Aires al ponerse a las órdenes del nuevo Libertador, Urquiza,  su gobierno en San Juan, su labor diplomática  y de estudio en Norteamérica y Europa, consagraron su nombre.


Sarmiento prestó juramento el 12 de octubre  de 1868 ante la Asamblea Legislativa y los rasgos típicos de su personalidad  aparecieron en sus actos de gobierno: originalidad, abnegación, impulsividad, fuerza, violencia, voluntad, iniciativa, habilidad, mezcla de equilibrio y desorden, talento, imaginación, objetividad del presente  y visión del porvenir.

 


Sarmiento más que un hombre de gobierno, más que un civilizador fue una fuerza viva actuante  en una sola dirección: la transformación esencial y profunda del ser nacional, en efecto el hombre como aquél con el cual soñaba Rousseau en su pedagogía del "Emilio".


El hombre era su  ideal y  "Educar al soberano" su objetivo, para obtener el ciudadano, el trabajador, el empresario, el profesional o el gobernante. Pedagogía social y política que caracterizó su vida y  su gobierno.


Y es la misma  razón, que cuando se habla de Sarmiento se lo llama "el Gran Maestro" y no como erróneamente lo considera el argentino, Maestro porque nunca faltó a clase, por enseñar en San Luis, por fundar escuelas u organizarlas en San Juan y Chile o por traer docentes norteamericanas.


 El 11 de setiembre de 1888 falleció a las 2.15 de la madrugada, en la ciudad de Asunción del Paraguay.


Un mes antes el diario La Capital de Rosario en su edición del 12 de agosto informaba así: "Honda impresión ha causado la noticia del agravamiento en el estado de salud del general Domingo Faustino Sarmiento, trasmitida con mucho retardo desde Asunción, donde reside el distinguido estadista, desde julio del año anterior por expreso consejo de sus médicos, que insistieron en recomendarle la benignidad de su clima."

 

 

Bibliografía:

Rojas, Nerio: "Presidencia Sarmiento (1868 - 1874)." En Historia Argentina de Levillier. Tomo I. Buenos Aires, 1968.

Salas, Juan Alberto: "Sarmiento y su lucha por la educación y la libertad." Art. Diario La Capital de Rosario en su edición del 11 de septiembre de 1994.

Bianchi, Enrique E: "Los Albarracín y los Sarmiento." En Carta de Lectores del diario La Capital en su edición del 12 de septiembre del 2002.

 

 

Sarmiento. Calle. Topografía:

Corre de N. a S. desde 200 al 5299, a la altura de Córdoba 1100; Bv. 27 de Febrero 1100; Av. Uriburu 1100 y Anchorena 1100.

Se le impuso ese nombre por O. 17 del 7 de septiembre de 1906.

Con anterioridad se denominó calle Libertad. A comienzos de 1983 se construyó una escalera para conectar la calle con la Av. del Huerto que la cruza a alto nivel.

Recuerda al escritor y estadista Domingo Faustino Sarmiento (1811 - 1888), presidente de la República y el más destacado por sus emprendimientos a favor de la Nación.

Laguna de Sánchez, hoy Plaza Sarmiento


SIGLO XIX: UNA LAGUNA UBICADA EN PLENO CENTRO de la ciudad en el  siglo XIX


Estaba  ubicada en lo que hoy es la Plaza Sarmiento o “Plaza Santa Rosa”, llamada “Laguna de  Sánchez”, por los propietarios de esas tierras allá por 1830.
Los dueños de la laguna: El origen del topónimo data, según algunos investigadores, por el apellido del propietario de las tierras que circundaban la laguna. Se da a entender que dicho nombre puede tener origen en el de Felipe, Segundo y Laureano Gallo Sánchez, quienes fueron tomados cautivos por los nativos del norte. Luego de 35 años sin saber nada de ellos, hacia 1867, sus herederos iniciaron n un juicio por reivindicación de los terrenos y es Ramón Sánchez, sobrino de aquellos, quien ejerce tal reclamo.

 

Igualmente a través de estos años fueron varios los dueños de estos terrenos, incluyendo la laguna. También se dice que los hermanos Sánchez nunca estuvieron en Rosario y que sus padres Juan Cipriano Gallo y María del Tránsito Sánchez, eran santiagueños y dueños desde el 20 de enero de 1838 de una quinta de 100 por 150 varas, adquirida a Joaquín Souza. Cuando enfermaron volvieron a su lugar de origen y testamentaron la laguna y tierras adyacentes en favor de sus hijos, designando como albacea al mencionado Ramón Sánchez, hermano político de Juan Cipriano Gallo, o sea tío de aquellos.

Considerando todos estos acontecimientos, es probable que el nombre de laguna de Sánchez, sea por Ramón Sánchez que ya para esa época era un importante propietario y vecino del paraje. Además en 1864 donó al Colegio San Carlos de San Lorenzo parte del terreno para la construcción de la capilla de Nuestra Señora de Santa Rosa de Lima, sita hoy en calle Mendoza al 1300. En 1851 le había comprado a José Domingo Robles la parcela donde se erige la iglesia.

Dada la altimetría de la zona, la laguna podía alcanzar una profundidad de un metro y medio a lo sumo. De cualquier manera, sus características de permanencia y su extensión creaban un importante problema para el crecimiento de la ciudad cuyo impulso edilicio era notorio.
La laguna como basural: Prácticamente ocupaba siete manzanas y sobresalían chañares y plantas acuáticas que formaban pequeñas islas en su interior. En sus márgenes se formaban basurales debido a la actitud antisocial de ciertos vecinos, donde aparecían hasta caballos muertos.

En marzo de 1858 creció el río Paraná y un puma de gran tamaño, viajero en islas de camalotes o troncos arrastrados por la corriente, “desembarcó” en Rosario y eligió como hogar la laguna de Sánchez. Al tiempo, tres cazadores lo mataron a tiros.
A partir de 1855 aparecía  en documentos oficiales y en publicaciones periodísticas ubicaba entre las actuales calle Córdoba por el Norte, hasta 3 de Febrero por el Sur y desde calle Mitre por el Este, hasta las inmediaciones de la calle Paraguay por el Oeste.
Fue por esta calle, donde se realizó el vaciamiento de la laguna, siguiendo los siguientes pasos: primero se sacaron toneladas  de  tierra  de la calle dejando un sendero profundo en forma de canal. Para desagotar la laguna se rebajó el nivel de la calle Paraguay al norte, hasta dar en el Río Paraná y luego, se demolieron  los muros del Ferrocarril Central Argentino,  dejando un pasaje o canal  en forma de semicírculo por donde pasaron las inmundicias hacia el río.  Trabajos contratados entre las autoridades de la ciudad y el jefe del Ferrocarril. Con la tierra extraída se rellenó  la calle Paraguay. Por eso en la actualidad sus cordones de la vereda son altos.

Durante uno de los brotes de cólera que azotó la ciudad entre 1865 y 1870 surgió la idea de abrir un canal que llevara sus aguas más lejos, aproximadamente hacia calle Italia, en aquellos años campo abierto.

Hacia 1874 en la laguna era todo maloliente y pútrido. La amplia zona era aprovechada por desaprensivos carreros para descargar en ella verdaderas montañas de estiércol proveniente de corrales y caballerizas, y con los calores del verano, los olores que de allí surgían eran verdaderamente insoportables.
Muchos años pasaron para sanear y eliminar la infecta laguna de Sánchez del centro rosarino.
Eduardo Guida Bria nos informa: Uno de los sitios más característicos que, a mediados del siglo XIX, formaba parte de la recientemente declarada ciudad de Rosario de Santa Fe, pero que existió desde siempre, fue la denominada laguna de Sánchez.
El primer documento gráfico conocido por su extensión, es el croquis de Rosario atribuido al arquitecto estadounidense Timoteo Guillón, confeccionado en 1853 y que presumiblemente sirviera de base al coronel Estanislao Zeballos para establecer la primera nomenclatura de las calles de la ciudad.

En marzo de 1858 creció el río Paraná y un puma de gran tamaño, viajero en islas de camalotes o troncos arrastrados por la corriente, “desembarcó” en Rosario y eligió como hogar la laguna de Sánchez. Al tiempo, tres cazadores lo mataron a tiros.
Pasaron los años y por fin se lotearon los terrenos y luego fueron comprados por la Municipalidad para crear dos plazas. El límite fue por el norte la calle San Luis y por el sur la calle Mendoza, creándose dos manzanas, entonces la del norte denominada Iriondo y la del sur, Urquiza, divididas por la calle San Juan.

Durante un tiempo, la franja comprendida entre San Juan y la Escuela fue denominada Iriondo, pero en general la población la denominó Santa Rosa. Una fuente ocupó el centro de la plaza hasta 1911 en que fue desplazada para levantar el monumento erigido en homenaje a Sarmiento, obra del escultor Victor de Pol, inaugurado el 20 de diciembre del mismo año.
En el plano de 1886 de Gabriel Carrasco ya se citan ambas. En 1881 se plantaron  árboles y se instaló un pequeño jardín. En 1888 se pavimentan las veredas con piedra hamburguesa. Existió un proyecto de levantar un monumento a Urquiza entre ambas plazas, que no se concretó. En su lugar se colocó una fuente, luego reemplazada por el Monumento a Sarmiento.

El paseo público se fue  embelleciendo paulatinamente y su fisonomía cambió notablemente, cuando la Municipalidad por ordenanza del 16 de marzo de 1875 se declaró plaza pública, la manzana rodeada por San Juan, Entre Ríos, Mendoza y Corrientes cediendo al Gobierno Nacional una franja para la construcción de la Escuela Normal Nro.1, la primera Escuela Normal de Maestros.

El edificio se concluiría en 1897, cuando también se empedró la cortada que dividía la manzana y por donde pasaba el tranvía a caballos. Este espacio fue cedido a la escuela. El 11 de septiembre de 1914 las dos plazas Urquiza e Iriondo se unificaron  por Ordenanza y se le dio  el nombre de Domingo Faustino Sarmiento emplazándose su monumento.