SANTOS DUMONT ALBERTO (1873-1932)

El deseo de los hombres de surcar el espacio debe buscarse en la más remota antigüedad.


Así lo aprueban en la  mitología griega  las figuras de  Dédalo y su hijo Ícaro quienes pretendían  huir de Creta provistos de alas de cera, que les permitirían remontarse.
 Ícaro por no seguir los consejos de su padre se acercó demasiado al sol y al derretirse sus alas, cayó al mar.


Aún en tiempos de la Edad Moderna el hombre tuvo fantasías de poder volar, más ninguna llegó a una realización ni aproximación práctica.


Los hermanos Montgolfier realizaron la primera demostración pública de su nuevo invento el 4 de junio de 1783 en Francia. Su sueño de llegar hasta el cielo se hizo realidad.


La idea del globo aerostático comenzó a crearse cuando los hermanos estaban sentados frente a una hoguera. Notaron que el humo se elevaba y pensaron en la oportunidad de aprovechar dicha cualidad.


Después de varios experimentos, comprendieron que el aire caliente es más liviano que el frío, por lo que tiende a subir.


Decidieron crear una máquina que permitiera volar con este principio. Joseph y Jacques Montgolfier lanzaron su primer modelo en septiembre de 1782.


El vuelo inicial demostró que su teoría estaba en lo cierto y el 4 de junio de 1783 realizaron una demostración pública con un globo aerostático de diez metros de diámetro en un mercado francés. Estaba construido con tela y papel.

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En septiembre del mismo año volvió a volar en Versalles y más de 130.000 personas quedaron anonadadas cuando. Luis XVI, María Antonieta y la corte francesa presenciaron el momento. Un gallo, una oveja y un pato fueron sus tripulantes.


Llenado inicial
Justo en octubre de ese año viajaron por primera vez humanos. Jean-François Pilâtre de Rozier fue el valiente pionero.


En 1785 él y un acompañante se convirtieron en las 2 primeras personas en morir en un accidente aéreo en la historia.


En noviembre de 1792, los ensayos realizados por un grupo de artilleros, en el Real Colegio de Artillería de Segovia y después ante el rey Carlos IV de España, del vuelo de un globo aerostático, todos ellos dirigidos por Louis Proust, fueron los primeros realizados en el ámbito militar.


Después el 22 de octubre de 1797, el intrépido André Jacques Garnerin saltó con un paracaídas desde un globo que volaba a gran altura sobre el cielo de París.


Puede decirse que la primera invención realmente seria fue la de los hermanos Montgolfier que lograron elevar un globo lleno de aire caliente y después de modificaciones y ensayos  consiguieron que Rozier, el Marqués de Arlandes y sus mecánicos dentro  de un globo lleno de aire caliente se levara por los aires por vez primera, conduciendo cuatro tripulantes: el 1° de diciembre de 1783.


Después un tal ingeniero y notable inventor Giffard sería el primero que dotó a un aerostato de una máquina de vapor de tres caballos de fuerza que accionaba un propulsor y aunque su invención no dio resultado, abrió el camino a nuevas tentativas de vuelo más o menos promisorias.


Alentado por su primer éxito, Santos Dumont emprendió un largo camino construyendo más de catorce modelos de dirigibles cada vez más perfeccionados.


Con su segundo modelo “La Música” ganaría el premio instituido por el Aero Club de Francia con el que consiguió mantenerse en el aire durante 23 horas, alcanzando una altura superior a la lograda por cualquier globo hasta entonces.


Empecinado por su proyecto, prosiguió en la construcción de dirigibles hasta que derivó su quehacer hacia aparatos más pesados que el aire, época que encauza su ingenio hacia la construcción de aeroplanos.


Transcurrieron casi quince años hasta que el piloto brasileño Alberto Santos Dumont se aprestara a transformar los sistemas de vuelo mecánico conocidos hasta entonces.


La creación consistía en una suerte de alas de cuatro metros de envergadura con más de 300 plumas de pelícano montadas sobre bisagras de magnesio, metal muy liviano pero de una sorprendente resistencia pesando alrededor de un cuarto de gramo.


Alas articuladas por dos motores de 25 H. P. que desarrollarán en el aire el mismo ritmo que las alas de las aves, estando complementadas en su mecanismo por un dispositivo que mediante el uso de los pies permitirá al portador de las mismas apoyar su movimiento en el aire.


En esa nueva actividad donde alcanzó éxitos significativos, el 23 de octubre de 1906 en Bagatelle, Francia con un aeroplano  se elevó en un espacio de 25 metros, quebrando el escepticismo de la gente de la época.


Esa realización de Santos Dumont llegó a ser de gran envergadura ya que pudo positivamente marcar el comienzo de una de las aspiraciones más acariciadas por el hombre desde la misma antigüedad, ya que se sabe que Leonardo Da Vinci fue en su tiempo uno de los primeros que soñara en la posibilidad de cruzar los espacios a semejanza de las aves.


 Durante los años siguientes no cesó de construir varios modelos distintos de aparatos, hasta un pequeño monoplano que denominó “Demoiselle” con el que obtuvo en febrero de 1909, el récord mundial con una marcha de 70 km. por hora.


En 1922, invitado por don Alfredo Rouillón, creador del Aero Club de Rosario, por su presencia en la ciudad, se suscribió un decreto por el cual un predio de Alberdi llamaríase Santos Dumont, aunque el nombre oficial de la plaza recién le fue impuesto en 1939.


Rodeado por el reconocimiento del mundo como un tenaz y arrojado luchador de la aeronavegación, vivió hasta los 59 años, falleciendo en París el 24 de julio de 1932.

 

 

Bibliografía:
Diario La Capital en su edición del 22 de agosto de 1928.
Caras y Caretas. Año XXXV. Revista N° 1785.

Santos Dumont. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. a la altura de Mendoza 4700.
Carece de designación oficial.
Recuerda a Alberto Santos Dumont, (1873-1932) precursor de la aeronavegación mundial.