SANTA TERESITA (1873 – 1895)

Santa Teresa de Lisieux nació en Alençon, Francia, el 2 de enero de 1873. Dos días más tarde fue bautizada en la Iglesia de Nôtre-Dame, recibiendo los nombres de María Francisca Teresa. Sus padres fueron Luis Martin y Celia Guérin, ambos beatos en la actualidad.


 Tras la muerte de su madre, el 28 de agosto de 1877, Teresa se trasladó con toda la familia a Lisieux.
A finales de 1879 recibió por vez primera el sacramento de la Penitencia.


El día de Pentecostés de 1883, recibió la gracia especial de ser curada de una grave enfermedad por la intercesión de Nuestra Señora de las Victorias (la Virgen de la Sonrisa).


Educada por las Benedictinas de Lisieux, recibió la primera comunión el 8 de mayo de 1884, después de una intensa preparación, culminada con una fuerte experiencia de la gracia de la íntima comunión con Cristo.


 Algunas semanas más tarde, el 14 de junio del mismo año, recibió la Confirmación, con plena conciencia de acoger el don del Espíritu Santo mediante una participación personal en la gracia de Pentecostés.


Su deseo era abrazar la vida contemplativa, al igual que sus hermanas Paulina y María, en el Carmelo de Lisieux, pero su temprana edad se lo impedía.


Durante un viaje a Italia, después de haber visitado la Santa Casa de Loreto y los lugares de la Ciudad Eterna, el 20 de noviembre de 1887, en la audiencia concedida por el Papa León XIII a los peregrinos de la diócesis de Lisieux, pidió al Papa con filial audacia autorización para poder entrar en el Carmelo con 15 años.


En el Carmelo comenzó el camino de perfección trazado por la Madre Fundadora, Teresa de Jesús, con auténtico fervor y fidelidad, y cumpliendo los diferentes oficios que le fueron confiados (fue también maestra de novicias).


 Iluminada por la Palabra de Dios, y probada especialmente por la enfermedad de su queridísimo padre, Luis Martin, que falleció el 29 de julio de 1894, emprendió el camino hacia la santidad, inspirada en la lectura del Evangelio y poniendo el amor al centro de todo.


Descubre y comunica a las novicias confiadas a sus cuidados; el camino de la infancia espiritual; recibe como don especial el encargo do acompañar con la oración y el sacrificio a dos hermanos misioneros (el Padre Roulland, misionero en China y el Padre Belliére).


Penetra cada vez más en el misterio de la Iglesia y siente crecer su vocación apostólica y misionera para arrastrar consigo a los demás, movida por el amor de Cristo, su Único Esposo.


Teresa dejó en sus manuscritos autobiográficos no sólo los recuerdos de la infancia y de la adolescencia, sino también el retrato de su alma y la descripción de sus experiencias más íntimas.


El 9 de junio de 1895, en la fiesta de la Santísima Trinidad, se ofreció como víctima inmolada al Amor misericordioso de Dios.


Por entonces escribió el primer manuscrito autobiográfico, que entregó a la Madre Inés el día de su onomástica, el 21 de enero de 1896.
.
Durante la Cuaresma de 1896, Teresa sigue rigurosamente los ejercicios y el ayuno. En la noche del jueves al viernes santo, sufrió un primer ataque de hemoptisis.
Informó a la Madre María de Gonzaga, aunque le decía que no era nada serio. Una segunda crisis se produjo de nuevo a  la noche siguiente.
 Esta vez, a la priora le preocupó llamando  a su primo, el Dr.La Neele, para revisarla.


El creyó que el sangrado podría venir de la ruptura de un vaso sanguíneo en la garganta. Teresa no se hizo ilusiones sobre su salud, pero al mismo tiempo no sentía miedo.
Por el contrario, con la muerte pronto podría ascender al cielo y encontrar lo que ella había escogido en el Carmelo: su alegría estaba en su apogeo.
Aun así sigue participando en todas las actividades de la comunidad, sin escatimar fuerzas.


Entró entonces en una prueba de fe que duraría hasta el final de su vida, y de la que ofreció un emotivo testimonio en sus escritos.

De esta manera, 11 de junio, se ofrece al amor misericordioso de Dios para recibir de Dios ese amor que le falta para completar todo lo que quiere hacer: "Oh, Dios mío! Santísima Trinidad, deseo amarte y hacerte amar, trabajar para la glorificación de la Santa Iglesia salvando las almas [...] Deseo cumplir perfectamente tu voluntad y alcanzar el grade de gloria que me has preparado en tu reino celestial.


En resumen: deseo ser santa, pero conozco mi impotencia y mi debilidad, y te pido Dios mío, que tú mismo seas mi santidad”.

Ahora solo tiene una impresión: va a morir joven, para nada. No podía continuar su vida de carmelita. Sólo las canciones y poemas, que ella sigue componiendo, a petición de las hermanas, la ayudan en su lucha interior: "Mi cielo es sonreír al Dios que adoro cuando él trata de ocultarse a mi fe". La oscuridad sigue envolviéndola y persistirá hasta su muerte un año después.


Sin embargo, vio esa noche como la batalla final, la oportunidad de demostrar su confianza inquebrantable en Dios. Negándose a ceder a este miedo a la nada,

multiplica los actos de sacrificio. Quiere decirse con esto que sigue creyendo, aunque su mente ha sido invadida por las objeciones y dudas. Y aunque esta lucha es aún más dolorosa, aprovecha para compartir con sus hermanas su deseo de ser activa y hacer mucho bien después de su muerte.

A partir de mayo de 1896 la madre María de Gonzaga pide a Teresa patrocinar con su oración a un segundo misionero: el padre Adolfo Roulland. La correspondencia con sus hermanos espirituales es una oportunidad para desarrollar su concepto de la santidad: "¡Ah! Hermano, la bondad y el amor misericordioso de Jesús son poco conocidos! ... Es cierto que para disfrutar de estos tesoros hay que humillarse, reconocer nuestra nada, y esto es lo que muchas almas no quieren". En septiembre de 1896


Teresa todavía experimentaba muchos deseos, quería  abarcarlo todo en la Iglesia: apóstol, sacerdote, misionero, mártir y doctor.


Leyendo las cartas de San Pablo, en la Primera Epístola a los Corintios capítulo 13, es iluminada en lo profundo, como un rayo que la atraviesa. Entonces el significado más profundo de su vocación aparece de repente frente a ella, "Por fin he encontrado mi vocación, mi vocación es el amor..." De hecho, la vocación al amor incluye a todas las demás .


Así se cumplen todos los deseos de Teresa. "Comprendí que el amor encierra todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que el amor abarca todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, que el amor es eterno”. Teresa se esfuerza, cada vez más, para vivir enteramente por el amor. Y se esfuerza por vivir este amor en la compañía de todas sus hermanas de comunidad, especialmente con las que tienen temperamentos difíciles.


Últimos meses de enfermedad y muerte:
En enero de 1897, cuando Teresa acababa de cumplir veinticuatro años, escribe: "Yo creo que mi carrera no durará mucho tiempo".
Sin embargo, a pesar del empeoramiento de la enfermedad durante el invierno, se las arregla para engañar a las Carmelitas y tomar su lugar de nuevo en la comunidad.


En la primavera los vómitos, dolor severo en el pecho, y el toser sangre se convirtieron  en algo diario y así, muy lentamente, se iba apagando.

En junio, La madre María de Gonzaga le pidió continuar escribiendo sus memorias (que le habían sido mandadas escribir en 1894 por su hermana Paulina cuando era priora a petición de varias de las hermanas de la comunidad.


Después de su muerte estos manuscritos, tres en total, se unirían para publicar la primera edición de la Historia de un alma). Ahora los escribiría en el jardín, en una silla de ruedas especial utilizada por su padre en los últimos años de su enfermedad, y luego trasladada al carmelo.


Su condición empeoró, el 8 de julio de 1897 fuellevada a la enfermería, donde permaneció durante doce semanas hasta su muerte.

El 17 de julio, se le escuchó decir: "Siento que pronto va a empezar mi misión de hacer amar a Dios como yo le amo, y de enseñar a muchos el camino espiritual de la sencillez y de la infancia espiritual.
El deseo que le he expresado al buen Dios es el de pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra, hasta el fin del mundo. Sí, quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra".

El 17 de agosto, el Dr.La Neele examinó a Teresa. El diagnóstico es claro: se trata de una tuberculosis pulmonar en su etapa más avanzada, uno de sus pulmones ya está perdido y el otro en parte, incluso llegaba a afectar a los intestinos. Su sufrimiento es extremo que "alcanzó a perder la razón".


Sus hermanas debieron registrar sus palabras (estas últimas palabras y conversaciones, anotadas desde mayo a septiembre de 1897, luego también serían publicadas bajo el título de últimas conversaciones).


Le preguntaron  cómo deberían llamarla cuando la invoquen en la oración; respondiendo ella “quierO ser llamada "Teresita".
El 29 de septiembre de 1897 comienzó su agonía.

Ella pidIó estar espiritualmente preparada para morir.


Sobre las 7: 20 de la noche del 30 de septiembre de 1897, y mientras apretaba fuertemente un crucifijo entre sus manos, dijo sus últimas palabras: "Oh! le amo! ... Dios mío... te amo...". Inmediatamente cayó levemente sobre su almohada, y luego volvió a abrir sus ojos por última vez.


De acuerdo con las Carmelitas que estuvieron allí presentes, entró en un éxtasis que duró el espacio de un credo, antes de exhalar su último aliento.

 

Bibliografía:
*buscabiografias.comAutor: Víctor Moreno, María E. Ramírez, Cristian de la Oliva, Estrella Moreno y otros Artículo: Biografía de Santa Teresa de Jesús Publicación: 2012/02/13.

Santa Teresita. Pasaje. .Topografía:
Corre de N. a S., a  180 m al sur de Baigorria 1700.
Carece de designación oficial.
Recuerda a la eligiosa francesa, monja Carmelita de Lisieux, (1873-1897),quien  en 1897 escribió “Historia de un alma” en la cual revela su trayectoria espiritual. Murió a los 24 años.
Su santidad pronto se conoció universalmente y convirtió a Lisieux en centro de peregrinación, fue canonizada en 1925. Patrona de los floristas y de los aviadores.