SANTA MARÍA DE ORO JUSTO (1772 – 1836)

La provincia de San Juan daría a la Patria dos hijos notables: uno eminente civilizador don Domingo Faustino Sarmiento, pariente de fray Justo Santa María de Oro; pues sus madres Paula y Elena, respectivamente, eran hermanas.
Esto fue declarado por el gran Maestro en su obra “Recuerdos de Provincia”.


El segundo, conocido como un fraile talentoso, nació el 3 de setiembre de 1772, con el nombre de José Justo Regis, siendo primogénito de diez hijos nacidos de la unión del capitán don Juan Miguel de Bustamante de Santa María de Oro y Cosio, natural de Buenos Aires y doña María Elena Albarracín, nacida en la misma provincia que por entonces, se llamaba madre “San Juan de la Frontera”.


En su ciudad natal vistió el hábito dominico el 13 de abril de 1789 en el convento medioeval de Santo Domingo para culminar sus estudios posteriormente en Santiago de Chile, en la Universidad de San Felipe.


Por causas propias de la coyuntura histórica existente entre la Iglesia Católica y el Imperio Español, permanecería casi tres años en la península desde 1809 hasta comienzos de 1812, sorprendiéndolo allí la grata nueva de la Revolución de Mayo.


No fue un imperativo familiar ni por tradición que después de cursar estudios humanísticos, como acostumbraban los jóvenes de familias distinguidas, decidir consagrarse al ministerio de la Palabra de Dios eligiendo para ello la Orden de los Predicadores.


Nuestro biografiado, fue un clérigo muy entusiasta, quien a pesar de ser republicano neto, sus opiniones vertidas no eran personales ni exclusivos, pues en el año XIII, el tucumano Nicolás Laguna había manifestado su adhesión para aquellos que merecieran la voluntad popular para un gobierno democrático y confederado.


La Iglesia católica del Río de la Plata tomaría conciencia del gran abismo que apareció entre el nuevo orden nacido con la Revolución de Mayo y la institución universalista, jerárquica e indisolublemente desde sus orígenes ligada a la monarquía española y al Papado.


Debido a este motivo, surgieron prelados y sacerdotes, arrastrados por la vorágine revolucionaria. Convirtiéndose así en hombres concretos, plenamente conscientes de su lugar en la sociedad y en esos tiempos de cambio como Oro.


De regreso a América comenzaría su vida republicana cuando en Chile también se vivían días de libertad, figurando como un verdadero líder, hasta que después del desastre de Rancagua sería deportado tras los Andes.


En 1816 la situación del país era muy crítica y todo lo ya edificado corría peligro de ser destruido por la creciente presión de los ejércitos españoles.
El ilustre Fray resolvería entonces sumar sus energías a la de sus compatriotas. Convocado para el Congreso de Tucumán, él y el doctor Francisco Narciso Laprida serían los dignos re presentantes de San Juan.


En la sala de la humilde casona resonaron sus palabras del 15 de julio, según expresa El Redactor cuando enunciara que “para proceder a declarar la forma de gobierno, era necesario consultar previamente a los pueblos, sin ser conveniente otra cosa por entonces que dar un reglamento provisional y que, en el caso de procederse sin aquel requisito a adoptar el sistema monárquico constitucional a que se veían inclinados los votos de los representantes, se le permitiese retirarse del Congreso”.


En vista del predominio de la tendencia monárquica se retiraría y a poco salió de Tucumán. En 1817 dejó definitivamente sus fueros de diputado del Congreso.
Cuando regresó a San Juan manifestó su deseo de no volver jamás a ocuparse de política, hastiado de ella.
Luego, pasó a Chile, donde permaneciendo diez años en el convento de su orden dominica, siendo después nombrado Vicario Apostólico de Cuyo, en 1832 por el Papa León XII.


Conseguida su victoria democrática Fray oro volvió a su quehacer de pastor de almas encargándose de la creación de un obispado después que las tres provincias de Cuyo firmaran el “Tratado de Huanacache”


Un aciago día de 1836 se extinguió esta vida tan fructuosa, y el alma de Fray Justo, limpia y luminosa sigue rigiendo los destinos de nuestra Patria en su forma representativa, republicana y federal.

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Bibliografía:
González Arrili. “Historia de la Argentina, según las biografías de sus hombres y mujeres”. Editorial Nobis. Buenos Aires.
Cutolo Vicente O.: “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino” Buenos Aires. Edit. Eche. 1968.

Santa María de Oro. Calle. Topografía:
Corre de N. a S. desde 200Bis hasta 400Bis, a la altura de Junín 700.
Se le impuso ese nombre por Ord. 3 del año 1905.