José F. Barrera manifiesta en la revista “Todo es Historia”. Julio 1993: “Florentino V. Sanguinetti encarnó el prototipo del hombre modelado por los principios de la reforma universitaria de 1918.
La docencia fue su vocación más fuerte y la
que le sirvió de eje a otras que conformaron su personalidad. Hombre de
compromiso, no lo redujo a la adhesión a un partido, se identificó con algunos
principios del radicalismo y del socialismo, pero al no existir una versión que
los sintetizara, prefirió mantener su individualismo...Abogado, periodista, crítico
musical, docente universitario, rector del Colegio nacional de Buenos Aires,
vivió en armonía con sus ideales, dando testimonio cotidiano de ello”.
Nació en Rosario el 13 de mayo de 1893, cuando la ciudad, según el Censo de
1887, contaba con 50.914 habitantes, con un porcentaje del 41% de inmigrantes y
de 51% de nativos.
En
verdad, la hora del progreso material había llegado gracias a dos factores de
progreso: el puerto y el ferrocarril. Los croquis y proyectos de obras colosales
se iban acumulando en el despacho del Intendente y el recinto del Consejo
Deliberante, mientras tanto la población, 5 años antes se había visto obligada a luchar contra un enemigo implacable. El cólera que la asoló en 1887 cobróse ciento cincuenta y cinco víctimas, debido a las deplorables condiciones
higiénicas de la ciudad: no contaba con agua corriente ni con servicios
cloacales. Abundaban los conventillos y las fondas – aclara Miguel Angel De
Marco.
El padre de Sanguinetti, era un hombre noble que no ocultaba su cotidiana laboriosidad y gracias a ella logró alcanzar una considerable fortuna a principios del siglo XX, atendiendo su céntrica confitería “Los dos chinos”, y como solía acontecer con los inmigrantes, ansiaba para su hijo una forja de estudio, para poder decir algún día:”Mi hijo, el doctor”.
El joven Florentino logró conocer a través del negocio familiar, el mundillo social y político de la ciudad imperante por entonces, más nunca intervino en el negocio porque tempranamente descubrió que ese rubro no era en absoluto su vocación.
Asistió primero al Colegio Nacional, donde tuvo por compañeros muchachos que
luego descollarían en la política o en ciencia, como Amadeo Sabattini, Enzo
Bordabehere y Juan Lazarte, más ni bien pudo marchó a Buenos Aires con el propósito
de estudiar Derecho.,
No culminó su carrera con mucha prisa, pues la ópera tuvo para él, no sólo un
solaz para el espíritu sino el mérito de aproximarse a muchas personas, y a artistas admirables , de diálogo grávido y
esclarecedor, entre ellos Enrico
Caruso, naciendo en ellos una mutua admiración
y estima, a tal punto que el divo le expresaría que lo consideraba como uno de
los mayores amigos que había encontrado en el mundo. Y aunque no fuese cierto,
lo alegraba al menos que se le ocurriese decirlo.
El
objeto de las universidades hasta principios del siglo XX era ,principalmente la
de proveer doctores o rábulas de la clase dominante. Su burocratización las
conducía, de un modo fatal al empobrecimiento espiritual y científico.
La
Reforma universitaria que comenzara en Córdoba en 1918, tenía lógicamente que
atacar, a esa docencia oligárquica más
la estratificación conservadora de los claustros, la provisión arbitraria de
las cátedras, el mantenimiento de profesores ineptos, más la exclusión de la
enseñanza a intelectuales
renovadores
Cuando
Irigoyen ganó las primeras elecciones estalló un movimiento estudiantil del
que participarían radicales, socialistas, anarquistas y liberales democráticos,
bregando por la reforma universitaria, e Irigoyen hizo suyas las banderas de la
reforma y las convalidó sus postulados fundamentales a través de sucesivos decretos. Así nació la primera legislación reformista en
las universidades argentinas y de América.
Al
respecto Sanguinetti defendía fervorosamente la renovación universitaria considerando que esos cuerpos no
podían ser privativos de los hijos del poder económico, sino de puertas
abiertas para jóvenes de cualquier nivel social alcanzando también a los hijos
de los extranjeros.
Brindó
su fervoroso apoyo a la protesta y gracias a su iniciativa en la Facultad de
Derecho se integraron seminarios, ingresando en los planes de estudios, Ciencias
Sociales.
Dirigió
la revista Jurídica y Ciencias Sociales de vasta trascendencia científica que
editaba regularmente el Centro de Estudiantes.
Ya
profesional, no |se enroló en las filas de ningún partido político pero
siempre puso su saber jurídico al servicio de muchos perseguidos por la
justicia, incapacitados de pagarse una digna defensa . Ël consideraba a su
profesión como un servicio público.
En
otras oportunidades ofició de “abogado de familia”, especie de consejero
integral en aspectos judiciales,
capaz de asesorar y solucionar “entuertos” de sus amigos.
En
pocas palabras, Deodoro Roca sintetizó: “Lo que no arregla Florentino, no
lo arregla nadie o por lo menos nadie lo arregla”.
Lo
que había parecido una manía se presentó después como un apostolado. Y fue
milagro suyo el enseñar a dar la mano al prójimo.
Siempre
combatió los golpes de estado y los gobiernos militares hasta el peronismo, lo que le valdría quedar cesante de sus cátedras
en los años 1943, 1946, y 1952.
Desde
1921 y por el término de 45 años trabajó como docente ( salvo en los lapsos
establecidos arriba).
Reincorporado
después del derrocamiento de Perón, fue designado rector del Colegio Nacional
de Buenos Aires.
Más
al retirarse de la vida pública , optó por radicarse en Unquillo, en la quinta familiar “El cigarral”, donde lo visitaban amigos y discípulos,
que por su obra formadora les había ayudado a elevarse.
Murió
súbitamente el 2 de setiembre de 1975, siendo enterrado en aquella localidad
cordobesa.
Su
última salida había sido un almuerzo había sido compartido con un ex alumno
Antonio Caffiero, con quien lo unía un profundo afecto nacido en las aulas, a
pesar de las profundas disidencias
políticas.
Bibliografía:
Barrera José F: “ Florentino Sanguinetti"
Artículo de la revista en “Todo es Historia”. N° 3 del 2 de julio de 1993.
Sanguinetti. Pasaje.
Topografía: Corre de E. a O. desde 5200 hasta 5399, a la altura de Matienzo 3600.
Recuerda al abogado y docente rosarino Florentino Vicente Sanguinetti ( 1893 – 1975).