DE TRIANA SÁNCHEZ RODRIGO

De seguro que no sería fácil venir a las Indias. Existieron molestias e incomodidades que se tomaban de manera ocasional y distraída como algo natural, según se refieren los memoriales de la época.


Por ejemplo el alquitrán de la cubierta s derretía con los solazos del trópico y hacía de esas  tablas una superficie gomosa y maloliente. La higiene personal casi desconocida, ponía en el rostro y en las manos una capa de roña y sal que sólo desapareció cuando llegaron a tierra.


Los barcos eran demasiado débiles para la larga travesía, y cada hora aumentaba la inmensa distancia que los separaba de su patria. Todo lo cotidiano fue convirtiéndose en insoportable. Las provisiones disminuían de forma alarmante aumentando el ansia por llegar.


Los marineros viejos intuían la cercanía de las Islas Antillas y los pilotos arriesgaban  fechas y lugares de arribo.


Colón presagiaba naturalmente el peligro, aunque lo despreciaba  soñando en la cubierta “borracho de estrellas”, convirtiéndose de día  en un hombre inaccesible, fuerte y seguro sobre los caracteres toscos y primitivos. Él encarnaba el espantoso misterio sobre la expedición.


Jacob Wassermann en su artículo: “Descubrimiento de América” expresa: “ Diego Colón refiere que la chusma amotinada se conjuró para arrojar al mar al almirante en  cierta hora de la noche, cuando estuviese otra vez borracho de estrellas...”


Un historiador de cuatro siglos después, el español Oviedo le refutaría: “Por más escépticos que seamos a las noticias suministradas por el Almirante, podemos en este caso aceptar confiadamente su testimonio de que el motín no pasó a mayores, si los sublevados hubiesen cometido semejantes excesos, de seguro no habría desperdiciado la difusión y pompa que se  reservan semejantes momentos.”


No obstante habla de impaciencias pasajeras de la marinería, del desaliento que asoma desapareciendo de nuevo, de ahogo y de insubordinación; pero de motines y excesos ni una palabra”...


Hasta que por fin después de las expectativas de lo desconocido, un día  se oiría en la cofa un grito de Rodrigo de Triana o Sánchez de Triana, que sería el mejor recibido por tripulantes y pasajeros durante tres siglos de viajes entre España y América. ¡Tierra!


En el proceso ya citado a Diego Colón, un tal Francisco García Vallejo, que  había sido marinero de la Pinta, haría siguiente declaración veintiún años después del descubrimiento: “En la noche del jueves al viernes, entre el 11 y 12 de octubre había luna. Un tal Juan Rodríguez  Bermejo , vecino de Molinos, en la provincia de Sevilla , vió una colina blanca de arena , abrió sus ojos y divisó tierra. Al punto corrió a un cañón y disparó gritando “Tierra! La tripulación se precipitó sobre cubierta y permaneció allí hasta que amaneció el alba”.


 El diario de viaje lo cuenta de otra manera: ”Allí es el ojo vigilante de Colón el que a las diez de la noche ve moverse una luz en la cual él y todos los que llamó reconocieron inmediatamente una lumbre artificial engendrada por la mano del hombre”.


Recomendó luego a los marineros que hiciesen buena guarda  en el castillo de proa y les recordó la recompensa de diez mil maravedíes ofrecida por la Reina  al primero que vise tierra, prometiendo añadir por su cuenta un jubón de seda.


Con todo el marinero visor nunca recibiría el premio que reclamara después del Tedeúm realizado al rayar el alba.


¿Sería por codicia o por avidez de gloria? Ni sus más afanosos panegiristas se atreven a absolverle de tan odiosa ruindad.


¡ Qué lástima!  Que no haya  justificativo para la desenfrenada voracidad de un hombre que reclamaba el pago  a su visión sobre la redondez de la Tierra y su incontrolable deseo de llegar a las Indias. 


 Sánchez de Triana o Rodrigo de Triana son nombres que la posteridad le asigna a Juan Rodríguez Bermejo, quien avistara  por vez primera tierra americana  en el alba del 12 de octubre de 1492 y al que Colón no premió con los 10.000 maravedíes que instituyera la Corona española como orden de mérito.

 

 

 

Bibliografía:
Wassermann Jacob: “Descubrimiento de América”. Art. En la Revista “Caras y Caretas”  N° 1828. Año XXXVI. 14  de octubre de 1933.
Cárdenas Felipe (H): “Pasajeros de Indias”. Revista “Todo es Historia” N°391. Febrero de 2000.

Sánchez de Triana. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. en la manzana limitada por las calles Córdoba, Constitución, Rioja y Castellanos. Barrio Escalada de San Martín (Conocido popularmente por Echesortu.)
Carece de designación oficial.
Recuerda al marinero que el 12 de octubre de 1492 fue el primero en ver tierra americana.