SAN MARTÍN JOSÉ DE (1778 – 1850)

Realizó el sueño profético de dar a la Revolución de Mayo, un sentido continental, afianzando la soberanía de su Patria y dando la independencia a Chile y Perú.


Clarifica Eduardo Pogoriles en diario Clarín: “En diez intensos años  reveló todo su talento para la estrategia militar. Por algo en su vejez, en Francia, la prensa  lo llamaba “el Aníbal americano”, en alusión al militar cartaginés que cruzó los Alpes a lomo de elefante y amenazó el poder de Roma en el siglo II antes de Cristo”.


Cuando llegó a Buenos Aires en marzo de 1812, San Martín tenía 34 años y era un teniente de caballería del ejército de España, un testigo del derrumbe del Imperio ante las tropas de Napoleón.


Patricia Pasquali, autora de la más reciente biografía académica del prócer, asegura: “San Martín era en 1812 un militar formado en las más avanzadas técnicas de la época, había hecho toda la experiencia desde cadete de infantería  hasta oficial del Estado mayor, primero con el  general Francisco Solano – estudioso de las tácticas de Napoleón y líder de la Logia Integridad en Cádiz – y después con el general  Antonio Malet, marqués de Coupigny y héroe de la batalla de Bailén en Andalucía”.
Debe admitirse, sin lugar a dudas que el Combate de San Lorenzo, librado por las fuerzas del general don José de San Martín, el 3 de febrero de 1813 contra los realistas, afirmó la revolución emancipadora de Mayo.


El significado de esta gesta no está en el número de los combatientes que lo protagonizaron, sino en el hecho de que los mismos imprimieron nuevo rumbo a la marcha de los acontecimientos.


Fue  la única acción bélica  del Libertador en territorio argentino y definió su destino glorioso: Poner su espada  - ya dignificada por heroicas acciones en Europa – al servicio de la revolución, en momentos  de angustia en que nuestro pueblo luchaba por su libertad e independencia y cuando el movimiento del 25 de Mayo tenía un futuro incierto.


San Martín no había logrado aún imponer su recia personalidad y su  visión de claros objetivos. Predicaba un tipo de lucha  de no fácil aceptación  entre las bisoñas tropas, porque su disciplina no era la de los ejércitos improvisados al calor del espontáneo entusiasmo. Había en su modo de conducción,  un espíritu de austeridad y obediencia difícil de aceptar por quienes, si bien animaban una sincera convicción  política, no poseían más vocación  que un profundo amor a su Patria.


En el cuartel del Retiro dirigió su accionar al convencimiento  y a una prolija selección de hombres.  La enseñanza militar no fue lo fundamental. Lo fue en manera indiscutible la formación de un espíritu que habría de prolongarse  a través de la laboriosa gesta de la independencia, y que no se apagaría en el resto de nuestra formación republicana hasta el presente.


El resultado del Combate de San Lorenzo fue la consagración del nuevo método planteado por el estratega. Los hombres que derrotaron a las fuerzas realistas en el Campo de la Gloria constituyeron el germen fecundo del Ejército de los Andes, que habrían de llegar combatiendo  triunfantes hasta Ayacucho, proclamando la libertad del hombre y la independencia de los pueblos, para regresar hechos trizas, pero cubiertos de gloria, a su Patria, convertidos en un puñado de héroes.


El Combate de San Lorenzo alcanzó una magnitud destacada desde el punto de vista de la conducción de la guerra, ya que puso coto a las continuas depredaciones que navíos con base en Montevideo realizaban a nuestras poblaciones ribereñas del río Paraná, a fin de abastecer a aquella plaza hostil al movimiento emancipador.
Cuando renunció en Lima a su cargo de Protector del Perú en setiembre de 1822, planeaba terminar sus días como chacarero en Mendoza. Pero se fue a Europa, desalentado por la muerte de su esposa, las intrigas de Buenos Aires y la guerra civil.


En el medio quedaban sus hazañas militares: desde la creación del Cuerpo de Granaderos, y su primer y único combate en suelo argentino, el Combate de San Lorenzo, hasta la Organización del Ejército de los Andes, el cruce de la cordillera,  las batallas de Chacabuco y Maipú en Chile, la campaña al Perú por mar y tierra hasta proclamar su independencia.
Libró otras batallas muy significativas en su mundo interior, hechas de renunciamientos, como  aceptar  con realismo que su ejército se desintegraba en Perú y que sólo Bolívar podía completar la lucha por la independencia. Por eso decidió salir de Lima.


En Buenos Aires se reencontró con su única hija, que estaba al cuidado de su abuela, porque Remedios Escalada, su esposa  había fallecido en 1823.


Esa ciudad le era hostil, por lo que no demoró demasiado su partida al exilio.


Ostracismo  que duraría un cuarto de siglo, hasta que su vida se extinguió en Boulogne Sur Mer, el 17 de agosto de 1850.


Bartolomé Mitre, el más grande de sus biógrafos, sintetiza: “La grandeza de los que alcanzan la inmortalidad, no se mide tanto por la magnitud de su figura ni la potencia de sus facultades, cuanto por la acción que su memoria ejerce sobre la conciencia humana, haciéndola vibrar de generación en generación en nombre de una pasión, de una idea, de un resultado o de un sentimiento trascendental. La de San Martín pertenece a este número. Es una acción y un resultado que se dilata en la vida y en la conciencia colectiva, más por virtud intrínseca que por cualidades inherentes al hombre que las simboliza; más por las fuerzas de las cosas que por la potencia del genio individual (...)


El genio de San Martín es uno de aquellos que se imponen a la historia. Su acción se prolonga en el tiempo y su influencia se transmite a su posteridad como hombre de acción consciente. El germen de una idea por él incubada, que brota de las entrañas de la tierra nativa, se deposita en su alma, y es el campo de esa idea. Como general de la hegemonía argentina primero, y de la argentino – chilena después, es el heraldo de los principios fundamentales que han dado su constitución internacional a la América, cohesión a sus partes componentes, y equilibrio a sus estados independientes...”


Dice Félix Luna: “Toda la investigación de Mitre sobre el General fue realizada con suma rigurosidad y obsesión. Para diciembre de 1887 saldría a la luz la publicación de los primeros ejemplares de la “Historia de San Martín y la emancipación americana”.

 

Bibliografía:

Busaniche José Luis: “San Martín visto por sus contemporáneos”. Instituto Nacional Sanmartiniano. Buenos Aires, 1995.

De Marco Miguel Angel: Bartolomé Mitre. Planeta. Buenos Aires, 1998.

Pogoriles Eduardo: “El Aníbal sudamericano”. Art. del diario Clarín en su edición del 17 de agosto de 2000.

 

San Martín. Calle. Topografía:

Corre de N. a S. desde la Av. Belgrano hasta el puente del arroyo Saladillo, desde 300 hasta 7000, a la altura de Av. Pellegrini 1000; Córdoba 1000; Av. Uriburu 1000.

Se le impuso ese nombre por O. 16 de mayo de 1887 y ratificado por O.1 de junio de 1889.

Con anterioridad se denominó Del Puerto.

Recuerda  al Gral. San Martín (1778 – 1850), héroe máximo de nuestra nacionalidad.

San Martín. Avenida. Topografía:
La prolongación de la calle san Martín desde el bulevar 27 de Febrero hacia el sur, por su ancho de 26 metros y contando con doble mano para el tránsito de vehículos, recibe el nombre de Avenida.
Su extensión total es de 6, 5 Km. de los cuales 6Km. corresponden a zonas urbanizadas.
          
                                  
             

          Una nueva estructura sobre calle San Martín
En la intersección N. O.  de calle San Martín y Córdoba, se erige una nueva estructura reflejante del Banco de la Nación, mientras por la ochava se asoma el pórtico original del antiguo edificio  - creado el 25 de enero de 1892 -  como grito de rebeldía de un pasado demolido, que jamás volverá con la imponencia de cuando fue erigido.
Mientras que el ángulo S.O. conserva la fachada original de la Ex Gath &- Chaves.

 
                  Un pedazo de historia
Afirma Mikielievich:“En el   lapso comprendido entre 1865 y 1950, esta calle dio la pauta del dinamismo comercial de la ciudad. La mayor parte de los primeros establecimientos comerciales: bancos, salas de espectáculos, cafés, y otras expresiones de la vida económica se iniciaron en esa calle, negocios e instituciones que en el transcurso de los años desaparecieron en su mayor parte mientras que otros se trasladaron a calles adyacentes a medida que la ciudad crecía y el comercio se intensificaba, en tanto que otras manifestaciones de la evolución urbana reemplazaban a  aquéllas. Desde los primeros años de la ciudad, fue más importante vía de acceso al puerto mediante las bajadas Grande  (hoy Sargento Cabral) y la de la calle Urquiza, motivo por el que en 1854 se la denominó calle “del Puerto”.

                   Plaza San Martín
Asevera  Silvia Martin en Revista “Rosario, la fuerza de su historia” N°7.Julio de 2001:“La Plaza San Martín” ubicada en una bella zona del centro rosarino – que hoy forma parte del Paseo del Siglo – es el lugar donde la ciudad le brinda  su homenaje al Padre de la Patria.”


En efecto, Rosario no ha dejado de rendir su homenaje al Libertador imponiendo su nombre a una de sus plazas principales.
En los primeros planos de la ciudad apareció  como Corral del Estado, pero en 1857 se registra en los archivos históricos de Santa Fe la donación de esa franja realizada por el acaudalado Marcos Paz, quien habíase  dirigido entonces al jefe político Pascual Rosas, expresando que era su voluntad  que predio fuese destinado a “Mercado de las carretas”- medios de transporte propios de la época -  que arribaban o partían al interior. Exigía que figurase en los planos como “Mercado donado”.


En 1871 Grondona trazó un nuevo plano y daría  al lugar nombre de  ”Plaza de carretas Lincol”, pero una ordenanza municipal del mismo año decidió  denominarla “Plaza de las carretas del interior”, para no confundirla con la “Plaza de las carretas” que funcionaba en  la actual plaza López.


En 1884, durante el Primer  período presidencial de Julio A. Roca y la intendencia de don Octavio Grandoli, apareció  por primera vez  en la Memoria Municipal  en un rol de paseo público el nombre de “Plaza San Martín”. Se dispuso cercarla con  alambrado y adornarla con árboles, colocando en el centro una estatua del Padre de la Patria.


Agrega Silvia Martin:”Cuatro años más tarde las tierras donadas por Marcos Paz sufrieron una modificación  importante: La Municipalidad cedió al Gobierno de Santa Fe la parte oeste para la construcción del Palacio de Tribunales, obra que realizó   Juan Canals, donde hoy funciona la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario”.


Este hecho delineó los límites actuales de la Plaza San Martín, entre las calles Córdoba, Dorrego, Santa Fe y Moreno.


En 1900, el intendente Lamas ordenó colocarle bancos y luz eléctrica, aún con  el  edificio inconcluso de Tribunales.


Diez años después se encargó  a la fundición artística en Buenos Aires del ingeniero José Garzia, un monumento ecuestre, réplica de la que se encuentra en Boulogne Sur Mer, Francia, el que sería inaugurado el 22 de mayo de 1913, año centenario del Combate de San Lorenzo.