SAN JUAN. PROVINCIA Y SU CAPITAL

San Juan tiene la gloria de ser la cuna del más grande y abnegado de los educadores argentinos, don Domingo Faustino Sarmiento, cuya noble y vigorosa personalidad dio a la enseñanza en largos años de infatigable labor estableciendo normas definitivas.


Antes de la llegada de los españoles, este territorio estuvo habitado por diversas naciones indígenas: los huarpes (al sur), los olongastas (al noroeste) y  los capayanes (en los valles de Vinchina, Guandacol y Jáchal).

Los huarpes habitaron en el sur de la provincia, gran parte de lo que hoy se conoce como el valle del Tulúm. Su zona de influencia se extendió a las sierras de Zonda, Ullum, Villicum y Pie de Palo, y los cerros de Valdivia. Otras zonas de arraigo fueron la de influencia del río Bermejo y de las Lagunas de Guanacache (o Huanacache) y ambas márgenes del río Desaguadero.


Se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Los grupos se ubicaban en tierras regadas por redes de canales y acequias que ellos mismos construían para garantizaban el riego del maíz, la quinoa, el poroto y la calabaza.


El maíz fue entonces fundamental en su dieta; lo comían asado o cocido y también lo secaban al sol para obtener chuchoca que consumían molida. Criaban llamas y guanacos para alimentación y transporte.


Cazaban guanacos, ñandúes y otros animales pequeños, conservaban la carne charqueada (secada por el sol), por largo tiempo. También recolectaban huevos de ñandú y frutos de chañar y algarrobo.

Los capayanes, emparentados con los diaguitas del noroeste argentino, vivían en la zona de los actuales departamentos de Jáchal e Iglesia, al norte de las poblaciones huarpes.


Practicaban la agricultura con apoyo del riego artificial y cultivaban el maíz que guardaban en graneros subterráneos de  poca profundidad. Vivían en poblados, en casas de adobe con techos de palos y pasto.

Se destacaron  en la cerámica y su característica  artesanal era fabricar vasijas de boca ancha con dibujos geométricos.

 

Los yacampis y ologastas habitaron en el norte, en el Valle del Río Bermejo y en Valle Fértil. La documentación histórica menciona que estos grupos eran muy numerosos y vivían fundamentalmente de la ganadería de la llama. También eran cuidadores y criadores de ganado en las estancias españolas.

También recolectaban frutos del campo. Utilizaban la piedra en puntas de flechas, hachas, cuchillos, raspadores, cuentas para collares y pipas.

 

La corriente colonizadora proveniente de Chile llegó a esas tierras andinas en la segunda mitad del siglo XVI.

 
La primera fundación se atribuye a Martín Ruiz de Gamboa, quien enviado por Pedro del Castillo, capitán general de Cuyo, estableció en 1561 un fuerte a orillas del actual río San Juan.


Un año más tarde el nuevo capitán general de la provincia, Juan Jufré, luego de establecer Mendoza, continuó su marcha hacia el norte, y a veinticinco cuadras al sur de las ruinas del fuerte levantado por Gamboa, fundó el 13 de junio de 1562 la ciudad en el “asiento y valle de Tucuma, provincia de los Guarpes...” señalando... “se ha de llamar y nombrar la ciudad de San Juan de la Frontera, Provincia de Guarpes...”


 El malón fue la expresión belicosa de las relaciones entre indígenas y blancos, obedeciendo a la necesidad de defender sus tierras ante el constante avance de los hispánicos sino también con el propósito de apoderarse de sus ganados para comercializarlos en Chile.


San Juan se vio libre de las acechanzas de los naturales recién en 1595, más durante las dos centurias siguientes,  el maestre de campo, José de Amigorena, conocedor de  las ambiciones de los caciques por parlamentos y alianzas, lograría mantener fuera del embate a las poblaciones hasta la aparición de los ranqueles que sólo pretendían ganado y mujeres blancas.


El 29 de noviembre de 1813 se recreó la Gobernación Intendencia de Cuyo, separándola de la de Córdoba del Tucumán, integrada por los partidos, al mando de subdelegados, de San Luis, Mendoza y San Juan. El primer teniente gobernador destinado a Cuyo fue el coronel Florencio Terrada, posteriormente, fue designado Gobernador Intendente el coronel Marcos Balcarce y luego José de San Martín.

 

El 13 de junio de 1815 fue electo fray Justo Santa María de Oro como diputado por San Juan para el Congreso de Tucumán, y el 12 de septiembre fue electo Francisco Narciso Laprida como segundo diputado por San Juan para el mismo congreso.

En 1819, el General San Martín visitó a la ciudad de San Juan, y durmió en una celda del Convento de Santo Domingo.


En cuanto a la evolución de su estructura política comenzó con su integración a la Capitanía general de Chile, pasando al crearse el Virreinato del Río de la Plata,  a formar parte de la intendencia de Córdoba del Tucumán, hasta 1813 cuando el Segundo Triunvirato estableció la segregación de los territorios cuyanos.


Hacia 1820, San Juan, se separó de la Gobernación de Cuyo, iniciando su autonomía política.


La campaña al desierto de 1833 realizadas por las fuerzas conjuntas de Mendoza, San Juan, Córdoba y Buenos Aires logró arrinconar a Yanquetruz contra la cordillera, aparte de ser una matanza continuada de indios.


La verdadera política de dominio  sería la empleada por Rosas que imitando a las  autoridades desde el tiempo de los españoles muy acostumbradas a pactar con los indígenas, sagazmente - no por filantropía -   les entregaba   ganado necesario para subsistir, sujetándolos así durante cierto tiempo y escogiendo algunos jóvenes para sus faenas saladeriles.


Una década después de la  caída de Rosas, blancos y mestizos seguían por allá derrochando valentía, mientras la ignorancia  se expandía como la mala hierba en los campos sin roturar y en las fronteras, la proximidad del indio hostil y su brutalidad ganaba el desierto.


La consolidación de la moderna San Juan se hizo en dos etapas, a partir de fines del siglo XIX hasta 1960 y desde esa fecha a la actualidad.


La primera etapa se caracterizó por la llegada de contingentes de inmigrantes y una expansión de la agricultura comercial de riego. Entre 1860 y 69 se construyeron las primeras obras de contención del caudal del río San Juan, con la intervención del ingeniero hidráulico Cipoletti.


 San Juan, detrás de su ya reconocida imagen de excelente productora vitivinícola, la provincia esconde diferentes opciones para vivir el paisaje casi lunar y realizar una vida llena de aventuras.

 

 

Bibliografía:

Iriarte, Tomás de: Memorias. Tomo 4. Pág. 281 y sig.

 

San Juan. Calle. Topografía:

Corre de E. a O. desde 300 al 5599; a la altura de San Martín 1100; Bv. Avellaneda 1000.

Se le impuso ese nombre por O. 3 de 1905.

Recuerda a la provincia argentina de San Juan.

         

Sarmiento observa desde las alturas


En medio de la calle San Juan, sobre un pedestal, Sarmiento imponente y grave  observa  tomándose el mentón, el incesante transcurrir de la ciudad.
Asevera Miguel Angel De Marco (H): “No es casual que Domingo Faustino Sarmiento fuese el primer prócer, a quien nuestra ciudad levantó un monumento, y que se adelantara  en esta iniciativa  a importantes urbes del país construyendo la más digna obra escultórica  que la gratitud nacional había erigido hasta entonces en su memoria.


La idea  partió de una docente, Arcelia Delgado de Arias, directora  de la entonces Escuela Nacional de Maestras, más tarde Escuela Normal de profesoras “Dr. Nicolás Avellaneda”, quien en el año 1906 impulsó la creación  para erigir en la plaza Urquiza, comúnmente llamada Santa Rosa (hoy Sarmiento), “un homenaje monumental al apóstol de la enseñanza”.


La Plaza Sarmiento, se remonta cuando Nicasio Oroño en 1855 tomó la iniciativa de suprimir la laguna de Sánchez, que por entonces se extendía por una superficie de siete manzanas, alcanzando mayor profundidad en el predio que hoy ocupa la plaza.


Ganó el concurso de maquetas, su ejecutor Víctor del Pol y por una segunda Ordenanza Municipal del Concejo Deliberante en 1907 se estableció su localización en el centro de la calle San Juan entre Corrientes  y  Entre Ríos.


 El 20 de diciembre de 1911 se llevó a cabo la inauguración del mismo.


Sobre un pedestal  de granito de 9 metros, se levanta el monumento, en cuyas caras las figuras alegóricas definen su pensamiento, su  obra y su lucha ideológica.


Al igual  que los demás diarios locales, el diario La Capital subrayó el carácter popular de su realización:
“La ciudad del Rosario, la mercantil, la industrial, la cosmopolita ciudad del interior de la República, podrá ostentar con orgullo legítimo, el mejor, el más artístico, el más simbólico, el más digno monumento que la gratitud nacional haya erigido hoy a la memoria del ciudadano que fue, después de Rivadavia  quien más intensamente sintió las palpitaciones de vida  en el futuro inmediato de su patria  y supo prepararla para recibir con honores  condignos la visión profética  de sus grandezas”- explicita Miguel Angel De Marco (H) en  “La gran estatua de Plaza Sarmiento” en revista “Rosario, la fuerza de su historia”. Año 2. Número 8 – Agosto de 2001.

En calle San Juan al 800, se encuentra la Cervantina