SAN JACINTO

Nacido a finales del siglo XII en el seno de una familia polaca —los condes de Konskie—, fue  educado cristianamente.
Jacinto pasó su infancia entre los esplendores de la vida cortesana, hasta que comenzó  su vida de estudio en los grandes centros culturales de entonces: Praga, Bolonia y París, respectivamente, el teatro de su carrera de artes, derecho y teología.


Vuelto a Polonia, abrazó el estado eclesiástico, siendo nombrado canónigo de Cracovia por su tío, a la sazón obispo de aquella diócesis.


En 1220, ya sacerdote, acompañó a su tío, obispo de Cracovia, a Roma, coincidiendo allí con la resurrección del joven sobrino del cardenal Esteban, realizada por Domingo de Guzmán.


El hecho conocido por toda la ciudad  conmovió  profundamente al joven canónigo,  tanto que  desde aquel momento se unió  a la naciente Orden de Predicadores, la cual, bajo la dirección de Santo Domingo, se dedicaba a alabar a Dios y predicar la verdad cristiana.


San Jacinto, Patrono nacional de Polonia, es uno de esos santos que no todos pueden comprender, pues pasó  su vida envuelta en el hálito del milagro.


Cierto que la Iglesia no canoniza a ningún santo que no haya obrado al menos dos milagros reales y comprobados,  y muchas veces al ser canonizados éstos ya están en la gloria, pero  lo de  San Jacinto fue un caso excepcional porque   su  existencia terrenal fue  una cadena ininterrumpida de hechos maravillosos.


Los testimonios históricos que tenemos acerca de él, no permiten atribuir las noticias de su poder taumatúrgico a la leyenda medieval, sino que nos obliga a admitirlas plenamente.


Después de unos meses de formación al lado del santo fundador de los dominicos, que le transmitió su espíritu y sus deseos, Jacinto volvió  a Polonia para predicar y fundar  nuevos conventos.


El camino lo hizo  a pie junto con otros compañeros y fue esparciendo la buena semilla por todos los poblados por donde pasó.


Sus palabras convertían y sus milagros confirmaban  el favor de Dios sobre él.


Aunque la gente no quería que dejaran de predicar, algunos  del grupo tomaron otro rumbo mientras  los restantes prosiguieron  su camino. Sólo Jacinto llegó   a Cracovia, donde habiéndole precedido su fama de taumaturgo, fue recibido solemnemente.


 Fundó allí un hermoso convento que sería la cuna de los predicadores del norte de Europa, y predicando  la vieja y siempre nueva palabra del Señor, renovó  la faz de aquella diócesis, haciendo revivir en toda ella el espíritu de fe, esperanza y caridad.


Ello no bastó a Jacinto, que no conocía  fronteras para su celo evangelizador. Y se lanzó a predicar a Prusia, todavía idolátrica, y de allí pasó  a Rusia llegando hasta Kiev. Dios mismo le abrió camino a Jacinto  en aquel pueblo, evangelizado antes por misioneros cismáticos, al devolver milagrosamente la vista a la hija del gran príncipe Wladimiro, ciega de nacimiento.


Es también en Kiev, donde al invadir los tártaros la ciudad, Jacinto se llevó en su huida al Santísimo Sacramento, para que no sea profanado en el saqueo. Pero antes de salir del templo, la imagen de la Virgen se quejó para que no la dejase abandonada. El humilde fraile se excusó, porque no poder cargar el peso tan grande de de la Madre María, pero ante su  requerimiento la tomó de la mano, y huyó atravesando a pie enjuto el caudaloso río, seguido de sus frailes.


No son éstos los únicos prodigios realizados por San Jacinto, durante los años de su trabajo apostólico, sino que con otros muchos el Señor fecundó su labor.


En la bula de canonización, dada por Clemente VIII, en el año 1594, tras casi un siglo de serias investigaciones en Polonia, se tuvo en cuenta la resurrección del hijo de una viuda, ahogado en el río hacía 24 horas.


También, la misma bula, afirma  cómo un joven que había gastado todos sus recursos para devolver la salud a su madre paralítica sin conseguirlo, acudió  a la intercesión del santo, obteniendo la tan deseada curación.


Se haría demasiado extenso este relato si continuásemos narrando los que en vida realizó el que ha podido ser llamado el más grande taumaturgo de su siglo.


Después de casi cuarenta años de trabajos apostólicos acompañados de milagros, murió  en 1257. — Fiesta del santo es el  17 de agosto.

 

Bibliografía:

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San Jacinto. Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. desde 600 hasta 699, a la altura  de San Lorenzo 3700.

Carece de designación oficial.

Recuerda  a San Jacinto, Patrono nacional de Polonia, la nación mártir, es uno de esos santos que no todos pueden comprender, porque pasó  su vida envuelta en el hálito del milagro.