SALDÍAS ADOLFO (1849 – 1914)

Nació en Buenos Aires el 6 de setiembre de 1849, en el seno de una tradicional familia de colonial arraigo, cuyo origen se remonta al pequeño pueblo del mismo nombre, ubicado en los Altos Pirineos, en Navarra. 


 Hijo primogénito del escribano Adolfo Saldías y de Carmen Castellote, fue bautizado el 28 de diciembre en la parroquia de San Ignacio.  Fue su abuelo paterno José Antonio de Saldías, nacido en El Olivar, Chile, el 7 de abril de 1791, descendiente de Pedro I, quien participó en la guerra de la Independencia y después del desastre de Rancagua, (setiembre de 1814) cruzó la cordillera con O´Higgins y otros oficiales.

 
Por la parte materna, fueron sus abuelos Francisco Castellote, aragonés, que combatió en las Invasiones Inglesas como oficial del regimiento de Arribeños y luego de Patricios de Buenos Aires; y Antonia Estefanía Palacios, que fue una de las damas porteñas que junto a sus esclavos ayudó a defender la ciudad de Buenos Aires, contra el invasor ingles. 


En ese hogar paterno, impregnado con las ideas unitarias de su familia, nació y se formó Adolfo Saldías.  Pocas son las anécdotas de infancia que nos ha dejado en sus numerosos libros.


Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

 
En 1968 ingresó a la Facultad de Derecho al mismo tiempo que se enrolaba en el ejército.


La familia Saldías solía pasar largas temporadas estivales en la estancia de Lobos, pero en la primavera de año 1872, el padre de esa prole unida y feliz, enfermó gravemente.  Falleció el 8 de enero de 1873, a los 47 años de edad.


El 12 de febrero de 1870, “La Discusión” publicó la introducción de un trabajo de Adolfo Saldías, titulado “La República y el Catolicismo”, bajo el seudónimo de “Fausto” que dedicó, entre otros, a Leandro N. Alem, que con sus 27 años ya se perfilaba como el futuro caudillo político.  Ese fue el comienzo de una amistad que duró hasta la muerte de Alem en 1896.

A pesar del espíritu inquieto que caracterizaba a Saldías, que desde la adolescencia le hizo sentir como algo propio los sucesos que conmovían al país y a la ciudad de Buenos Aires, escenario de tantos acontecimientos que absorbían el tiempo y la mente, el 14 de julio de 1873, a los 23 años, culminó sus estudios universitarios exponiendo ante la Universidad de Buenos Aires su “Tesis” sobre el “Matrimonio civil, estudios de los capítulos III, IV y V, del Título 14. Sección 2da., Libro 1º del Código Civil”.


Este trabajo fue presentado 16 años antes de que el Congreso Nacional sancionara la ley sobre esta materia.  Fue su padrino de tesis el doctor Carlos Tejedor.  Recibió el diploma de honor de manos del doctor Juan María Gutiérrez, rector de la Universidad.


Comenzó a actuar en política a través del popular Partido Autonomista de Buenos Aires, liderado por Adolfo Alsina, enfrentado a Bartolomé Mitre, junto con Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y Bernardo de Irigoyen, entre otras personalidades con las que formaría en el futuro la Unión Cívica Radical.

El 24 de setiembre de 1874 estalló la revolución encabezada por Mitre.  Faltaban sólo 18 días para que Sarmiento terminase su mandato presidencial y subiese a la primera magistratura el doctor Avellaneda. 


Dice Saldías: “Yo había contraído nupcias un mes antes del levantamiento y me preparaba para un corto viaje a Europa.  Pero en virtud del decreto de las autoridades constituidas, que llamaba a la Guardia Nacional a las armas fui a servir en el 5º Regimiento.  En clase de teniente se me confió un pelotón de ciudadanos, y a pocos una centena, otorgándoseme el grado de capitán de Compañía”.


Durante octubre y noviembre no hubieron encuentros importantes.  El 26 de noviembre tuvo lugar la batalla de “La Verde” y el 7 de diciembre las fuerzas revolucionarias fueron vencidas en “Santa Rosa” por las tropas al mando del entonces coronel Julio A. Roca, terminando con esta batalla la revolución, que conmovió profundamente a todo el país.

En 1876 fue electo diputado a la legislatura de Buenos Aires en representación del alsinismo y luchó en 1880 en los combates de Flores, Puente Alsina y de Los Corrales.

Al subir Roca al poder, se cumplían casi treinta años de la caída de Rosas y hacía tres que el Restaurador había muerto en Southampton. Sólo los que andaban arriba de los cuarenta podían recordar de primera mano su gobierno.

Sería en 1881, y a través de la pluma de ese joven de treinta y un años de familia unitaria, que Rosas entró de lleno en la historiografía bajo una nueva luz, mucho más histórica en estructura.


En efecto en ese año Adolfo Saldías publicó el primer tomo de su “Historia de Rosas”, basado en enorme caudal de documentos y en un riguroso método heurístico.


Paralelamente a su tarea como legislador, Saldías trabajaba en su nuevo libro: “Ensayo sobre la historia de la Constitución Argentina”, que llegó a la opinión pública en febrero de 1879.


Estallada la revolución de 1880, signada por la sucesión de Nicolás Avellaneda y la federalización del territorio de la ciudad de Buenos Aires, y después de dos meses de lucha en los que participó activamente en defensa de la autonomía provincial y de la integridad de su territorio, Saldías decidió viajar a Europa. 


Embarcó el 10 de marzo de 1881, en compañía de su primera esposa Irene Arruda y llegaron a Barcelona el 3 de abril.


Fueron prolíficos esos largos meses de estadía en Europa.  Ello surge de la correspondencia que mantuvo y la publicación de dos libros editados en París.  “Los Minotauros”, un libro de severa crítica política que le valió fuertes ataques de la prensa oficialista de Buenos Aires.


El primer tomo de la “Historia de Rozas y su época”, que en la segunda edición de 1892 llevaría el título definitivo de “Historia de la Confederación Argentina”.  El segundo tomo vería la luz en 1884 y el tercero en 1887.  Las inquietudes de la investigación sobre la época que meditaba, llevaron a Saldías a reunir gran cantidad de material, necesario para concretar la obra cuyo primer tomo publicó en 1881.


Bien conocida es la costumbre que tenía Juan Manuel de Rosas de hacer copia de cada documento.  La documentación oficial de esa época, que se conserva en archivos nacionales, provinciales y privados, es cuantiosa. 


A ella recurrió Saldías, como a las publicaciones periodísticas y a los testimonios de numerosos protagonistas, según surge claramente de la lectura de este trabajo, desde su primera edición.


El 4 de junio de 1881 Manuelita Rosas le escribió (2) a Saldías, a Génova, y de esa carta surge que no se conocían personalmente y que éste aún no había viajado a Londres. 


Cuando Saldías viajó a Europa en marzo de 1881 ya llevaba redactado el tomo que publicó en París en agosto de ese año, ya que no es fácil improvisar en poco tiempo, 369 páginas de texto y 46 de apéndices documentales.


Saldías y su esposa visitaron a Manuelita en Londres en el mes de julio y ahí tuvo el historiador oportunidad de ver algunos papeles del archivo, como él mismo lo expresa en la Introducción (3) de los “Papeles de Rozas”, que publicó en 1904.  “….todo este archivo cuidadosamente lo conservó en su casa de Londres la señora Manuela Rozas de Terrero, a quien su padre lo legó y hasta el año 1881, cuando después de haberlo yo compulsado dicha señora gentilmente me dio la parte de él que necesité…”.


Hasta abril de 1887, cuando Saldías ya había terminado, en Buenos Aires, la redacción del tercer tomo, éste no disponía del archivo que poseía Manuelita Rosas.


 De acuerdo a la correspondencia que intercambió el matrimonio Terrero con Saldías, Manuelita puso todo el archivo a su disposición tiempo después.
Para la segunda edición de esta obra en 1892, corregida y aumentada, Saldías contó con numerosa documentación que le había sido enviada en baúles desde Londres. 


Dos años después de la muerte de Manuelita, acaecida en 1898, Máximo Terrero y sus hijos continuaron  enviándole documentos del archivo.


Después de un año de estadía en Europa, Saldías regresó a Buenos Aires en marzo de 1882.  A la ciudad que siempre amó y a la que le dedicó sus más fervientes desvelos.


Con la aparición del tercer tomo en 1887, quedó completado el trabajo de Saldías sobre el Restaurador.

 

En las primeras páginas afirmaba: "... La prédica de los odios constituye, por otra parte, un verdadero peligro para el porvenir de las ideas, cuyo desenvolvimiento retarda, lanzando en senderos extra­viados a la juventud, en vez de iniciarla en la experiencia saludable de la libertad, o en las lecciones moralizadoras que presentan los propios infortunios políticos". Y termina con estas palabras: "He escrito lo que tengo por verdad a la luz de los documentos, y lo que pienso que es conveniente se sepa para ejemplo y experiencia".


Tan pronto como apareció la obra, Saldías se apresuró a enviarle un ejemplar al venerado maestro, Bartolomé Mitre, del que era irreductible adversario político, pero al que ad­miraba intelectualmente sin retaceos.


Esperaba la palabra crítica pero alentadora que consagrara su largo trabajo.


Lo que recibió fue un baldazo de agua fría, con el balde incluido.

La carta de don Bartolo lleva fecha 5 de octubre de 1887, comenzando con un verdadero elogio: "He pasado parte del día y casi toda la noche leyéndolo", lo cual, teniendo en cuenta las 920 páginas del grueso volumen, es casi un aplauso cerrado.


Pero de inmediato vendría el descuento: "Es un libro que debo recibir y recibo, como una espada que se ofrece galantemente por la empuñadura; pero es un arma del adversario en el campo de la lucha pasada, y aun presente, si bien más noble que el quebrado puñal de la mazorca que simbolizaría, por cuanto es un producto de la inteligencia.
Es perfectamente exacto. Saldías era un liberal neto, cuyas diferencias con Mitre podrían ser de matiz, pero no de fondo".

Por ello, si destaca con vigor la acción política externa de Juan Manuel de Rosas, su defensa de la soberanía y su gallardo enfrentamiento con Francia e Inglaterra; si es el primer historiador que, al decir de Ricardo Rojas, introdujo  la simpatía federal en la historiografía nacional y al mismo tiempo no disminuyó en un ápice su admiración por Rivadavia y los unitarios.


Tras la andanada de Mitre había callado La Nación; calló también el Quijote, callaron todos. El joven promisorio de 1877 era el fracasado de 1887.
Señala Irazusta: "... el arte de la composición, más importante para la gran literatura que el don del estilo, Saldías lo poseía en un grado extraordinario.
.Nadie comentaba en público el Rosas, pero desaparecía de los anaqueles.


Al año de ponerse a la venta el tercer tomo, ya no quedaba un solo ejemplar. ¿Éxito genuino o maniobra de algunos para hacerlo desaparecer?
Saldías participó activamente en la Revolución del 90 y fue uno de los primeros en entrar al Parque de Artillería, junto a Leandro Alem, siendo detenido y desterrado a Uruguay.


.En 1898 fue Ministro de Obras Públicas y en 1902 Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, acompañando a Bernardo de Irigoyen.

Falleció en La Paz, Bolivia el 17 de octubre de 1914. Su Obra es inmortal.

 

Bibliografía:
Irazusta, Julio “Adolfo Saldías”.
Rosa, José María “Historia Argentina”.
Scenna, Miguel Angel “Los que escribieron nuestra Historia”
Julio Otaño: Etiquetas: Adolfo Saldías, El Restaurador de las Leyes, Juan Manuel de Rosas, Revisionismo.

Saldías Adofo. Alle. Topografía:
Corre de N. a S. entre la Av. Nuestra Señora del Rosario y Arroyo Saladillo.
Se le impuso ese nombre por O. 1427 de octubre del año 2004.
Recuerda a Adolfo Saldías, ”padre del revisionismo histórico.”