Sabattini Amadeo Tomás (1892 – 1960)

Amadeo Sabattini, popularmente llamado "Don Amadeo" o "Peludo Chico"  nació  en Barracas, Buenos Aires el 29 de mayo de 1892.

Amadeo Tomás Sabattini era hijo de Clotilde Aspesi, uruguaya, y de Luis Sabattini Taglioni, inmigrante italiano proveniente de Bolonia. Tuvo cuatro hermanos, Rosa, Alberto, Pablo y Luis Enrique Sabattini, los tres últimos nacidos en la ciudad de Rosario, donde su familia se radicó cuando Amadeo tenía dos años.


Acá cursó sus estudios primarios y secundarios e inició su militancia en las filas del radicalismo.

En 1907, comenzó a actuar en la Unión Cívica Radical integrando y formando con algunos de sus compañeros el Comité Aristóbulo del Valle de la Juventud Radical.

Amadeo arribó a la ciudad de Córdoba en 1910 con el propósito de ingresar en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba, obteniendo su diploma de farmacéutico, dos años después, y de profesional médico en 1916, precisamente cuando Hipólito Yrigoyen transcurría los primeros meses de su gestión presidencial.

El flamante médico regresó por un breve período a Rosario, aunque atraído por la provincia mediterránea resolvió radicarse en la pequeña población rural de La Laguna dedicándose, fundamentalmente, a la práctica ginecológica.


Permaneció en esa población durante tres años, tiempo en el que contrajo matrimonio con Rosa B. Saibene, rosarina, con quien tendría cuatro hijos y  donde tuvo una activa participación en los comicios nacionales y provinciales, perfilando sus condiciones de carismático dirigente de la U.C.R.

Fue muy influido por la Reforma Universitaria que estalló en Córdoba en 1918 y sus propuestas sociales, en especial por lo que se llamó el radicalismo rojo que expresaron los jóvenes reformistas cordobeses Arturo Orgaz y Arturo Capdevila.

En el mes de marzo de 1920 la familia Sabbattini, se trasladó a Villa María donde fijó su residencia definitiva, distribuyendo su tiempo, Amadeo, entre sus tareas profesionales y su vocación política, donde le consiguió empleo como médico en el Hospital Pasteur.

 

La inesperada y difícil victoria de Ramón J. Cárcano en la elección de 1925 no logró evitar que su gestión navegara en el escándalo y el marasmo. Los radicales controlaban la legislatura y bloqueaban las iniciativas del gobernador, al mismo tiempo que se sucedían denuncias tras denuncias sobre irregularidades electorales.


En mayo de 1926 Sabattini, junto a Benito Soria y Enrique Martínez, integró el Centro Radicalismo y Renovación que sostuvo una posición de permanente renovación interna, levantando la bandera de la intransigencia.


 Y en ese contexto, la Unión Cívica Radical se aglutinaba en torno a la figura de Hipólito Yrigoyen como su candidato para 1928 y después de años de espera, los radicales cordobeses se prepararon  para recuperar el gobierno.


A fin de evitar otro clima de división en Córdoba, intervino Yrigoyen impulsando una fórmula gubernativa con dos médicos (Martínez - Ceballos), a Soria como candidato a Senador nacional  ofreciéndole a Sabattini el Ministerio de Gobierno.

 

La toma de juramento ministerial ya marcó el primer incidente de su carrera política al jurar solamente "por la Patria y su honor", lo que levantó innumerables críticas que hablaron de que Sabattini iría "al infierno" y que su "pecaminoso" juramento invalidaba su asunción, entre otra serie de acusaciones.

 

Introdujo temas cuasi revolucionarios para ese sitio y esa época, como el reconocimiento de los sindicatos, la declaración como feriado obligatorio del Día del Trabajo, 1 de mayo, el salario mínimo para los integrantes de la docencia titulada, reglamentación de la tarea de los braceros, eliminación paulatina de los ranchos, todo lo cual es un anticipo de su tarea de gobernador, años después.

En un contexto de quebranto social por efecto de la Crisis de 1929, se produce el Golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 que depuso del poder en Argentina a Hipólito Yrigoyen.


El violento desalojo del radicalismo del poder y la ruptura constitucional abrieron  un horizonte de perplejidad e incertidumbre institucional, económica y política en las fuerzas de un radicalismo dividido por el "personalismo" y debilitado por la falta de nuevos voceros.


La U.C.R. era señalada como el partido de la inacción frente a la crisis, la esterilidad parlamentaria y el “saqueamiento” del Banco Nación.

Por otra parte, detrás del Gobierno de facto existían dos grupos que giraban alrededor de figuras militares: quienes pretendieron un estado nacionalsocialista o fascista – uriburistas – y quienes, promoviendo la llegada al poder de Agustín P. Justo, propusieron una democracia limitada y el sostenimiento del modelo agroexportador de la generación del 80.


En la convicción de que el radicalismo, despojado por la fuerza del gobierno legítimo y con sus principales dirigentes y su máximo caudillo presos o exiliados, se encontraba disperso, la dictadura setembrina convocó a elecciones en la provincia de Buenos Aires para el 5 de abril de 1931, en el domingo de Pascuas.


 Allí se debatió, el nivel de apoyo popular al proyecto revolucionario de corte "fascista" de Uriburu y el nivel de fuerza del radicalismo. Los radicales lograron superar lógicas diferencias entre yrigoyenistas y alvearistas, que habían caracterizado los últimos años del radicalismo en el poder, uniéndose en una "fórmula de compromiso" que superó por más de treinta mil votos al candidato del Partido Conservador de Buenos Aires, Antonio Santamarina.


La situación favoreció la decisión del gobierno dictatorial de anular las elecciones.

La situación económica empeoró y la inquietud política generada por la derrota del gobierno en Buenos Aires fue en aumento.


 Enfermo y sin posibilidades de ser concretado su proyecto, el presidente "de facto" Uriburu aceptó convocar a elecciones generales en 1931.


Varios partidos conservadores del interior se unieron y, con el apoyo de muchos antipersonalistas, propusieron la candidatura de Justo. Para esta Alianza utilizaron en nombre La Concordancia, quien por fraude llegó a la presidencia de la Nación.

El radicalismo enfrentó esta situación de dos maneras distintas, la primera desde 1931 a 1935 con la adopción de una oposición revolucionaria y abstencionista, la llamada “abstención corta” para luego participar de las elecciones por decisión de la cúpula alvearista.

Amadeo Sabattini defiendía la impronta popular del yrigoyenismo como signo distintivo del radicalismo argentino y se impuso como presidente de la U.C.R. de Córdoba el 4 de noviembre de 1932 con el apoyo de poderosos dirigentes.


La jefatura de Amadeo Sabattini amplió la base de sustentación del radicalismo de Córdoba.


Tradicionalmente, la base social de los centros urbanos estuvo dada por la clase media inmigratoria integrada por pequeños comerciantes, maestros, empleados, doctores y especialmente, trabajadores ligados al empleo público, municipal, provincial o nacional.


En tanto, que el voto rural está dado por las peonadas, los trabajadores transitorios de las cosechas, los clientes de la nómina salarial de las comunas, los pequeños propietarios, los desocupados y subocupados, en general, el mundo proveniente del viejo federalismo, ese amplio sector que ha quedado excluido del modelo agroexportador. Pero con Sabattini apareció un nuevo votante: los chacareros italianos del sur y centro de Córdoba.

La elección del 3 de noviembre de 1935


El gobierno de Pedro J. Frías, atento al final de su mandato, convoca a nuevas elecciones. En 1935 la Unión Cívica Radical levantó la abstención electoral que había mantenido hasta entonces como signo de protesta ante el fraude electoral generalizado. En ese marco, Sabattini renunció el 12 de enero de 1935 a la presidencia del radicalismo para ser precandidato a gobernador. Contra las acusaciones de comunista hechas por sus adversarios demócratas y los radicales alvearistas, es proclamado precandidato a gobernador de la provincia de Córdoba, acompañado por otro joven yrigoyenista, Alejandro Gallardo. En su discurso del 4 de julio dice:

"He sido y sigo siendo yrigoyenista no en el sentido de la sumisón incondicional a la voluntad de un hombre, sino porque he interpretado a Yrigoyen como a un pensamiento en marcha, en pro de la redención de las clases trabajadoras y necesitadas, y de lucha eterna contra el privilegio".

En la elección interna del 7 de julio, el binomio Amadeo Sabattini/Alejandro Gallardo se impone a la fórmula Agustín Garzón Agulla/Pablo J. Rodríguez.

Si bien la Ley Sáenz Peña representó un avance trascendente, los hábitos políticos en la década de 1930 marcaron el regreso de la compra de votos, el robo de urnas, el secuestro de las libretas de enrolamiento, el encierro de los votantes hasta la hora de llevarlos a votar y la cadena; son –a pesar del paso del tiempo-, prácticas habituales que se repiten elección tras elección. Los dirigentes del Partido Demócrata de Córdoba sin embargo, confiaron en el prestigio de la obra de gobierno de Emilio F. Olmos y Pedro Frías y postularon para gobernador al ministro de Hacienda José Aguirre Cámara, de excelentes condiciones oratorias, acompañado por el ingeniero Luis Alonso para la vicegobernación.

El proceso preelectoral fue inobjetable. Las elecciones del 3 de noviembre de 1935 no mostraron fallas visibles en las ciudades, pero hubo algunas irregularidades en las zonas rurales que obligaron al Tribunal Electoral a anular mesas y llamar a complementarias, fijadas para el 17 de noviembre. Como se habían hecho elecciones municipales y comunales simultáneamente con las de autoridades provinciales, el inmediato escrutinio de ambas reveló un aluvión de votos radicales en todas las zonas.

Ambos partidos pretenden el triunfo. El fantasma del fraude ronda. Humberto Cabral, acompañado por Santiago del Castillo y Agustín Garzón Agulla, denuncia ante el juez electoral que en la sede del Poder Ejecutivo o en el domicilio particular del gobernador de la provincia se guardan libretas de enrolamiento secuestradas por la policía para ser usadas en los comicios. El magistrado no hace lugar al reclamo. La violencia no se hizo  esperar.
Enseguida hubo  elecciones y como resultado fue electo Sabattini que al asumir habló a la Legislatura Provincial en mayo de 1936.

En su obra de gobierno Sabattini apoyó e impulsó una política industrialista en su provincia iniciando una profunda transformación del perfil productivo de Córdoba, que con el tiempo se constituyó en uno de los polos industriales del país, fundamentalmente a través de un amplio plan de centrales hidroeléctricas (La Viña, San Roque, Cruz del Eje, Río Tercero) y de fábricas militares de armamentos (Río Tercero, Villa María, San Francisco).

En esa década Sabattini se convirtió en un referente político de inspiración yrigoyenista, con fuertes tendencias populares y nacionalistas, que lo diferenció notablemente de la línea conservadora unionista, hegemónica en el radicalismo, que expresaba Marcelo T. de Alvear.

Amadeo Sabattini ganara las elecciones provinciales, la gobernación de Córdoba estaba en manos de Carlos Ibarguren, pero su figura y su nacionalismo católico provocaron permanente fricción y oposición con el sector liberal de la provincia. Nuevamente elecciones , triunfando la fórmula del Partido Demócrata de Emilio Olmos - Pedro Frías (1932-1936).

El radicalismo, que había sufrido el veto en las candidaturas, decidió abstenerse en la provincia. Olmos falleció  a los dos meses de asumir su cargo y Pedro Frías será quien gobernara  hasta 1936.


Según relata Sergio Tejerina Carreras, su mandato se caracterizó por una clara orientación progresista, dado que concretó medidas que favorecieron a la franja más numerosa de la población, por ejemplo, los agricultores gozaron de una ley de contribución territorial, que eximia todo gravamen a la pequeña y mediana propiedad rural.

Con el llamado de elecciones para la renovación legislativa, conjuntamente con la de gobernador y vicegobernador, el radicalismo dejó su posición de abstención y promulgó la fórmula del Amadeo Sabattini-Alejandro Gallardo.

Según algunos historiadores, Amadeo Sabattini recibió Córdoba bajo condiciones devastadoras en lo político, económico y social luego del mandato del demócrata Pedro Frías, para la cual va impulsar grandes transformaciones con el objetivo de sanear la situación provincial.

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Asimismo, su obra administrativa fue reconocida por la opinión independiente y el reconocimiento de sus adversarios políticos.


Su gestión fue caracterizada por su principal lema: “Agua para el Norte, caminos para el Sur”. Bajo este lema, creó la Dirección Provincial de Hidráulica y con ella comienza la construcción de los diques de Cruz Del Eje, La Viña, Nuevo San Roque y Los Alazanes, siendo esto la base de la industrialización de Córdoba por la energía eléctrica. En este marco, priorizará la construcción y asfalto de rutas provinciales.

Sabattini impulsó con estas medidas una política industrialista en la provincia iniciando una profunda transformación del perfil productivo de Córdoba, que con el tiempo se constituyó en uno de los polos industriales del país, fundamentalmente a través de un amplio plan de centrales hidroeléctricas y de fábricas militares de armamentos (Río Tercero, Villa María, San Francisco).

 

En el ámbito educativo, inauguró 173 escuelas, la mayoría de arquitectura monumental y otras como por ejemplo la escuela de Cerámicas, Academia de Canto. Aumenta el número de docentes a 651 y a la vez acrecentó en un 50% el sueldo de magisterio y en conjunto se crearon n guarderías, cantinas escolares y colonias de vacaciones para niños, integrando así al conjunto social.​

 

César Tcach rescata la política sanitaria y social de Sabattini como una expresión de su componente liberal y opuesto a la Iglesia. Según relata el investigador, Sabattini (…) “en contraste con las posiciones de la Iglesia Católica –empeñada en condenar moralmente las relaciones prematrimoniales, y a las ´jóvenes pecadoras´– llevó adelante una política por la que el propio Estado provincial se convirtió en el defensor material y moral de las madres solteras.


Creó el Hogar de Menores Madres e hizo construir un edificio destinado a ese fin. Chicas menores de edad y madres solteras encontraban, así, amparo en el Estado. Paralelamente, el Gobierno provincial multiplicó los jardines de infantes (había 17 en 1942) y apoyó con asistencia médica gratuita a los niños de las barriadas obreras”.

 

El gobierno de Sabattini fue la expresión de él mismo como persona, como médico y como político, y al decir de Tcach, sus ideas se materializaron lejos de las supersticiones populares como de los prejuicios institucionales y que se correspondieron con un universo ideológico que unía Estado de Bienestar con liberalismo cultural.

Luego de su mandato como gobernador, Sabattini se estableció permanentemente en su casa de Villa María, donde se hizo famosa su austeridad y su conducta intachable.

Hacia el final del gobierno peronista (1952-1955), Sabbatini adoptó una posición abstencionista, que lo enfrentó con la mayoría de los intransigentes, expresados por Arturo Frondizi.

Producido el golpe de estado que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955 y frente a la fractura de la Unión Cívica Radical en 1956, Sabattini se alió con los grupos más conservadores del unionismo y del balbinismo, para formar la Unión Cívica Radical del Pueblo.

Falleció el 29 de mayo de 1960 en la ciudad que tanto amó, Villa María, Córdoba.

 

Bibliografía:
LUNA, Félix: “El 45. Buenos Aires: Sudamericana. Año 1971.
BISCHOFF, Efrain U. Historia de Córdoba. Buenos Aires: Plus
TEJERINA CARRERAS, Ignacio. “Córdoba y la llamada década infame”. Cuadernos de historia Nº 47. Junta Provincial de Historia de Córdoba. 1994.
FERRERO, Roberto A. “Breve Historia de Córdoba (1528-1995). Editorial Alción. 1999.

Sabattini. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. desde 2800 hasta 4000, en el tramo comprendido entre Bv. Avellaneda al Oeste y la calle Nahuel Huapi.
Se le impuso ese nombre por O.7438 del año 2002.
Recuerda a Amadeo Sabattini, popularmente llamado "Don Amadeo" o "Peludo Chico" (Barracas, Buenos Aires el 29 de mayo de 1892 - Villa María, Córdoba; 29 de febrero de 1960) fue un farmacéutico, médico y político argentino, miembro de la Unión Cívica Radical y Gobernador de Córdoba.

Antiguamente se denominó Carlos Octavio Bunge.

BUNGE CARLOS OCTAVIO (1875 – 1918)


Carlos Octavio Bunge nació en Buenos Aires, el 19 de enero de 1875.


.Cursó los estudios universitarios de Derecho, explicó ciencias de la educación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y Derecho en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.


Desarrolló una acción intelectual muy destacada en Argentina, la cual llegó a extenderse a Iberoamérica.


Su principal obra es Nuestra América y Principios de psicología individual y social (1903). También se adentró diversos géneros: teatro, con La revolución de Churubusco, La primera batalla, El roble, Fracasado y Los colegas (1908); novelas y narraciones diversas, con Xarcas Silenciario (1903), La novela de la sangre (1904), Thespis (1907), Viaje a través de la estirpe y otras narraciones (1908), La sirena, Los envenenados, El capitán Pérez y El sabio y la horca; estudios filosóficos y pedagógicos, con El espíritu de la educación (1901), Principios de psicología individual y social (1903), Educación de la mujer (1904) y Estudios filosóficos.


 También escribió "Nuestra Patria" en la que expone un interesante análisis de la composición social argentina y el porvenir que le esperaba.

Bunge explicó, desde el darwinismo, el comportamiento de las sociedades iberoamericanas ante el proceso de modernización, con el aluvión inmigratorio.

Cultivó un biologismo aristocratizante. La complejidad de su pensamiento, se debió  a las teorías con las que se formó, aunque tenía un organicismo social y un racialismo propio.

“Bunge se valió de las ideas de Wheeler para armonizar la “Teoría de la evolución” con el organicismo social, participando así de una búsqueda que preanunciaba la emergencia de peligrosas legitimaciones biológicas para Estados corporativos, como también prolongaciones científicas de pretendida autonomía que llegan hasta los actuales planteos sociobiológicos.” (Miranda- Vallejo; 2004).


Para Bunge, la lucha de los hombres tenía entre sí  una análoga entidad a la que la sostenían las demás especies en la naturaleza, aunque el triunfo de unos sobre otros quedaba en gran medida “predeterminado” por la “aspirabilidad”(Espíritu de superación).


Ese era el atributo innato que detentaban solamente algunas “estirpes”, aquellas que estaban llamadas a conducir el organismo social.


 A partir del concepto de “aspirabilidad”, Bunge organizó un sistema pedagógico y jurídico sostenido por la certeza de que existían diferenciadas potencialidades genéticas que condicionaban todo comportamiento humano. La raza contenía una carga determinante en el progreso individual —y social—, operando como una muralla insalvable al momento de emprender la labor educativa, cuya probabilidad de éxito dependía menos del esfuerzo presente que de un inmodificable árbol filogenético.

El triunfo en la lucha por la vida de un pueblo era imposible si su raza no detentaba la cualidad trascendental de la condición del progreso, es decir, si no podía “aspirar” a ascender. Bunge ejemplificaba este aserto aludiendo a los Estados Unidos, donde pese a extenderse allí la educación tanto a blancos como a negros, “los afroamericanos han permanecido en una muy baja condición social, porque no supieron aspirar a elevarse. Las pocas excepciones son de cruzamiento, o bien de ciertas razas negras que poseen, siquiera sea incipiente, esa suprema facultad de aspirar” (Bunge, 1920: 33-34).

Ese condicionamiento genético impregnaba de pesimismo la concepción gnoseológica bungeana, reflejándose en la precisa delimitación de los destinatarios de sus propuestas educativas.


Según Bunge:  El hombre era “un producto relativo de la herencia y del medio, del pasado y del presente” (Bunge, 1920: 28), siendo la “capacidad de aspirabilidad” la que diferenciaba a las distintas razas humanas y la que permitía su triunfo o declinación en la lucha por la vida.


A partir de allí, y considerando que había “dos clases de lucha por la selección de las especies: la lucha animal, o sea de las diversas especies animales entre sí, y la lucha humana, o sea de las diversas razas humanas entre sí” (Bunge, 1920: 175-176) —lucha que daría ganadora a aquella raza más fuerte, es decir, a aquella que mejor haya aspirado a lo infinito—, adquiere sentido la exclusión de los “anormales” de los ámbitos educativos comunes.


Ellos debían ser separados para preservar la homogeneidad del orden establecido, evitando “su mal ejemplo” y proporcionándoles una enseñanza “inferior”, la única que podía serles “eficaz y provechosa” (Bunge, 1920: 149).4

La cultura hispanoamericana fue en Bunge un cualificado objeto de preocupaciones, dentro de una producción que recurrentemente apeló al uso del calificativo “nuestra” para identificar aquella entidad y sus consecuentes expresiones políticas locales. Nuestra América (1903) y Nuestra Patria (1910), son enfáticas apelaciones a una inalterable tensión que presenta su obra entre lo local y universal.


Dicha tensión no pudo resolver directamente en los términos del programa civilizatorio sarmientino, sino a través de otras inflexiones introducidas por un historicismo que lo insta a desestimar la validez de una cultura universal.


Si bien existe la aceptación implícita de un patrón normativo civilizatorio, desde donde Bunge construyó un racialismo ubicando  la diversidad cultural  de cada pueblo según  el fatalista mandato del determinismo geográfico.


El contacto con las culturas más avanzadas no era entonces suficiente para sacar a los pueblos “inferiores” del atraso en el que se encontraban.


El científico social debía antes valerse del método inductivo-deductivo para comprender a esos pueblos atrasados y formular un diagnóstico clínico. Bunge puso en práctica esta orientación en Nuestra América, donde trató de penetrar en la “psicología colectiva” que engendra la política hispanoamericana.


“Y, para conocer esa psicología, analizo previamente las razas que componen al criollo. Conocido el sujeto, expongo ya la política criolla, la enfermedad objeto de este tratado de clínica social, tratado que, como sus semejantes en medicina, concluye con la presentación de algunos ejemplos o casos clínicos” (Bunge, 1911: 3-4).

Bunge tomaba distancia de la Generación del ´80 advirtiendo que la “hispanofobia” era “absurda”, porque renegar de nuestros padres significaba renegar de nosotros mismos.


Sin embargo, esta pretendida objetividad no logró desprenderse de una “oposición y agónica lucha entre las fuerzas ilustradas, conscientes, europeas y blancas” con los “instintos irracionales unidos a la tierra salvaje y a los sentimientos masivos del pueblo bajo, nativo, indio, negro y mestizo” (Cárdenas y Payá, 1997).


En la psicohistoria de Bunge interactúan los factores étnicos y ambientales resultantes de las poco beneficiosas influencias españolas, indígenas y negras, que van a confluir en la psicología del hispanoamericano para connotarla con los que van a ser sus rasgos distintivos: “pereza, tristeza y arrogancia”, rasgos responsables de los sucesivos fracasos en la política criolla, a la que se oponía victorioso el “hermano-enemigo” del Norte que revelaba su superioridad en una irrecusable vocación y capacidad expansionista.

Siendo “todo mestizo físico” un peligroso “mestizo moral” (Bunge, 1911: 130), el mestizaje era en Hispanoamérica el principal problema, el gran un freno a la evolución que tenían los pueblos de la región. Sólo corrigiendo eugénica mente esas asimilaciones inadecuadas, nuestra América podía evolucionar y llegar a colocar a sus pueblos en “relación a los europeos y a los yanquis”.


De ahí que bendijera “el alcoholismo, la viruela y la tuberculosis por los efectos benéficos que habrían acarreado al diezmar la población indígena y africana de la provincia de Buenos Aires” (Terán, 2000: 159).


 A mi criterio Bunge fue muy inteligente pero íntrínsecamente despreciativo de los componentes raciales del pueblo,  al argumentar  que  raza contenía el principio y el fin, la explicación última y esencial del éxito o el fracaso de las sociedades .


Falleció el 23 de mayo de 1928.

Bibliografía::

Biografías y Vidas. «Carlos Octavio Bunge».

La Educación (Tratado general de Pedagogía). Libro III ‘Teoría de la Educación. Buenos Aires: Vaccaro, 1920.

Miranda Marisa y Gustavo Vallejo, "Hacia la perfección humana: Raza y evolución en el pensamiento de Carlos Octavio Bunge", Buenos Aires, 2004.

 

Recuerda  a Carlos Octavio Bunge,  sociólogo, escritor y jurista argentino.