SAAVEDRA CORNELIO (1761 – 1829)

Bernardo González Arrili clarifica: "La personalidad de Saavedra, deficientemente conocida, ha servido a los historiadores y comentaristas para polemizar, girando alrededor del tópico que comúnmente llamamos saavedrismo y morenismo. (...) En la parte substancial de la Revolución de Mayo – creemos que, siendo distintos de espíritu, se complementaron, aunque después las cosas y hombres cambiaran sus ideales y propuestas".


El general Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez nació el 15 de septiembre de 1759, en  Otuyo, Corregimiento de Potosí (actual Bolivia), Virreinato del Perú, humilde pueblo habitado en su mayoría por indígenas que trabajaban en las minas y un reducido grupo de españoles ganaderos y mineros cercana a Potosí que pertenecía al Virreinato del Río de la Plata.


Criollo de familia española Saavedra nació en la hacienda "La Fombera", situada en el pueblo de Otuyo, cerca de la antigua Villa Imperial de Potosí, que pertenecía por entonces al Virreinato del Perú, bajo dependencia española. En la actualidad dicho lugar forma parte del Estado Plurinacional de Bolivia.


Su nacimiento en aquella hacienda sería accidental, porque sus padres fueron Santiago Felipe de Saavedra y Palma, natural de Buenos Aires, y Teresa Rodríguez de Güiraldes, oriunda de la Villa Imperial de Potosí,  quienes se mudaron  a Buenos Aires en 1767.


Allí, durante su adolescencia, Cornelio asistió al Colegio Real de San Carlos (actualmente Colegio Nacional Buenos Aires) en donde estudió filosofía y gramática latina de manera destacada entre 1773 y 1776. Sin embargo, no pudo completar la escuela porque debió dedicarse a la administración de la estancia familiar.
Desde joven sería un hombre serio, formal, con el valor de su palabra como una firma en un documento, cualidades que lo llevarían a ocupar cargos honorarios en el Cabildo y en el Consulado de Comercio.

 

El 17 de abril de 1788 contrajo matrimonio con María Francisca Cabrera y Saavedra, su prima hermana, que falleció el 15 de agosto de 1798. El año anterior había comenzado su carrera política trabajando en el Cabildo de Buenos Aires, donde asumiría distintos cargos administrativos. Por ese entonces la ciudad ya había sido convertida en capital del Virreinato del Río de la Plata.


En 1797 llegaría su primera oportunidad en la política al ser nombrado regidor del Cabildo y, en 1801, fue elegido alcalde de primer voto.

En ese mismo año se casó en segundas nupcias con Doña Saturnina Otárola del Rivero, hija del coronel José Antonio Gregorio de Otálora, regidor del Cabildo de Buenos Aires y uno de los más ricos comerciantes del territorio, y de Josefa del Ribero y Cossio.

En 1805 se le confirió la tarea de Administrador de Granos dentro de un cuerpo gubernamental que se ocupaba de la provisión de trigo y otros cereales en la ciudad.
Su vocación militar se había despertado  durante la primera de las invasiones Inglesas en 1806, participando activamente en la Reconquista de la ciudad. Previendo un posible contraataque inglés, el nuevo virrey Santiago de Liniers ordenó formar batallones de milicias, organizadas según arma y región de origen.

El más numeroso fue el Cuerpo de Patricios, formado por voluntarios de infantería nacidos en Buenos Aires que constituyeron tres batallones. Cada batallón podía elegir a sus propios jefes, incluso a su comandante.
El Cuerpo de Patricios eligió a Saavedra. Este regimiento aún existe en la actualidad, con el nombre de Regimiento de Infantería Nro. 1, y ha recuperado el nombre histórico de Patricios. Estaba dividido en tres batallones, al mando de Esteban Romero, Domingo Urien y Manuel Belgrano, quien luego dejaría ese mando a Juan José Viamonte.

Tenía 45 años cuando se le presentaría la primera oportunidad de probar su hondo espíritu de disciplina, cuando en 1806 y 1807 con motivo de las invasiones inglesas rivalizaban sus oficiales en la ordenación de las compañías y batallones de "la legión patricia" cuyo improvisado jefe, recto y severo, daría la sensación de haber nacido militar, como si por herencia de sus antepasados tuviera en su sangre aquellas condiciones de sus antepasados: el capitán Juan de Garay y Hernando Arias de Saavedra.

 

A principios del año siguiente tuvo lugar el nuevo ataque inglés. Cornelio Saavedra marchó hacia Montevideo pero no llegó a tiempo y no pudo impedir el sitio de Montevideo.
En consecuencia, se limitó a retirar todos los elementos de defensa de la Colonia del Sacramento, para trasladarlos a Buenos Aires y fortificar la ciudad. Poco después se producía la segunda invasión a Buenos Aires; el ejército invasor contaba con 8.000 soldados y 18 cañones, lo cual superaba ampliamente a los 1.565 hombres, 6 cañones y 2 obuses utilizados para la primera invasión. Luego de una victoria inicial en el combate de los corrales de Miserere ingresó a Buenos Aires dos días después, el 5 de julio.


Encontraron una ciudad ampliamente preparada para resistirlos, al punto de que incluso las mujeres, los niños y los esclavos participaban de la defensa. Dos días después el general inglés John Whitelocke accedió  a rendirse, deteniendo el ataque y retirando las fuerzas inglesas de Montevideo.

Luego de la exitosa resistencia contra la ocupación, las relaciones entre los habitantes de Buenos Aires se vieron modificadas. Hasta entonces los criollos, los nacidos en el continente americano, siempre habían sido relegados en la toma de decisiones y las disputas de poder.


Con la creación de las milicias criollas y el hecho de que la victoria que alcanzara en ambos casos sin intervención militar de la metrópoli, comenzaron a manifestarse sectores que, en distintos grados, abogaban por modificar la situación establecida y tener una mayor presencia e influencia en el gobierno.


Desde 1808 participaría en la reuniones de la Sociedad de los Siete en la jabonería de Hipólito Vieytes y en la casa de Rodríguez Peña, en donde se discutían los pasos a seguir para alcanzar sus objetivos. Saavedra se destacó siempre  por un enfoque más prudente y calculador respecto de las medidas para llevar adelante la revolución, que contrastaba con el apasionamiento de Juan José Castelli o Mariano Moreno.


A pesar  del mundo de sus ancestros y pertenecer  a  la elite hispánica, los principios rectores de la Revolución de Mayo, de la soberanía popular y la representatividad, por los cuales se guió el accionar de la Primera Junta, fueron su elección y su destino.

También sería un verdadero hombre eficiente en los episodios del 25 de Mayo en su primer momento. Presidió la Primera Junta de gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata - resultado de la mencionada revolución - así como también la Junta Grande en la que se transformó.


En dicha Junta Gubernativa, escena de los primeros conflictos políticos del país, Saavedra representaba el término opuesto del temperamento de Moreno.


oco después de la Revolución de Mayo el ex virrey Santiago de Liniers comenzó a organizar una ofensiva contrarrevolucionaria desde la ciudad de Córdoba, la cual fue rápidamente derrotada por Francisco Ortiz de Ocampo e Hipólito Vieytes. Éstos, sin embargo, no quisieron ejecutar a Liniers ya que Ocampo había luchado junto a él durante las Invasiones Inglesas, y en lugar de ello mandaron prisioneros a todos los cabecillas a Buenos Aires. Cornelio Saavedra firmó la orden de matar con arcabuz a todos, al igual que toda la Junta, con la excepción de Manuel Alberti que se excusó por su condición de sacerdote.


En los primeros meses revolucionarios, presidente y secretario se complementaron más,  después disentirían sus opiniones, mientras uno quería una república moderada y conservadora, el otro sería un revolucionario chocando contra la gente grave con un sello colonial. Eso sería después de constituida la Primera Junta y por esa disidencia Moreno presentaría su renuncia.

 

Durante un banquete militar en festejo por la victoria en la batalla de Suipacha, Moreno pasó por la puerta del cuartel y el centinela no lo dejó entrar ya que no lo reconoció, lo cual ofendió mucho al secretario. Esa misma noche, el oficial Atanasio Duarte, en un alto estado de ebriedad, ofreció a Saavedra una corona de azúcar y brindó "por el primer rey y emperador de América, don Cornelio Saavedra". Al día siguiente, cuando le contaron dicho incidente, Moreno lanzó el Decreto de Supresión de Honores, por el cual se suprimían los privilegios reservados para el presidente de la Junta que solían corresponder al virrey, y se castigaba al oficial bajo el argumento de que "Un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país". A pesar de que el decreto le quitaba privilegios, Saavedra lo firmó sin comentarios.


El 27 de mayo se había enviado una circular para invitar a las ciudades del virreinato a enviar diputados para que se incorporasen a la Junta. Éstos fueron llegando hacia fines de año, pero el saavedrismo procuró que las provincias enviaran representantes afines a su línea partidaria y sumarlos a la Junta, dejando al morenismo en franca minoría. La maniobra apuntaba también a postergar indefinidamente la formación de una asamblea constituyente que redactara una Constitución.

Moreno veía en los dirigentes de las provincias un obstáculo para la independencia. El 18 de diciembre, los diputados del interior y los vocales de la Junta y el Cabildo votaron en una reunión conjunta si debía o no incorporárselos. Los diputados votaron por la incorporación.


Saavedra votó a favor, declarando que "la incorporación no era según derecho, pero accedía por conveniencia pública". Paso y Moreno fueron los únicos en votar en contra, y perdieron. Moreno renunció y se hizo dar una representación diplomática en Inglaterra, camino a la cual murió en alta   mar debido a recibir dosis letales de un poderoso purgante por parte del capitán.

Algunos historiadores como Felipe Pigna sostienen que se trató de un asesinato orquestado por Saavedra mientras que otros como Félix Luna consideran que la meta de Saavedra se limitaba a alejar a Moreno de Buenos Aires, y que la muerte de Moreno se debió simplemente a una negligencia del capitán.
 Al enterarse de la muerte de Moreno en altamar, Saavedra pronunció la frase: "Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego...".

Saavedra partió a liderar las campañas del Ejército del Norte, con lo cual su cargo en la Junta fue ocupado por Domingo Matheu. A sólo 8 días de su llegada a Salta, Saavedra recibió la comunicación de que había sido separado de la Junta y que debía dejar el mando del Ejército a Juan Martín de Pueyrredón.


Semanas más tarde, la Junta sería disuelta por el Triunvirato, completando el proceso por el que todo el poder era asumido por la ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, su partida fue aprovechada por opositores que reemplazaron a la Junta Grande por el Primer Triunvirato, destituyéndolo y cursando órdenes de arresto en su contra.
Saavedra permaneció alejado de Buenos Aires, y los cargos en su contra fueron retirados en 1815.


La partida de Saavedra fortaleció a los partidarios de Moreno, que convencieron al Cabildo porteño de que se debía organizar un ejecutivo fuerte.


 Por eso se integró un nuevo gobierno de tres miembros conocido como Primer Triunvirato, que sería asesorado por la Junta Conservadora de los Derechos de Nuestro Amado Fernando VII, formada por los miembros de la disuelta Junta.


El Triunvirato ordenó a Saavedra trasladarse a la ciudad de San Juan gobernada en ese entonces por Saturnino Sarassa, de donde pasó a Mendoza.

 

El Regimiento de Patricios se sublevó el 6 de diciembre de 1811, reclamando el regreso de Saavedra y la renuncia de Belgrano, en el llamado Motín de las Trenzas. El cuartel fue rodeado y los intentos de negociación fueron infructuosos, ya que los Patricios no abandonaban sus demandas. La protesta degeneró en combate, en la que los rebeldes fueron derrotados; diez de ellos fueron ejecutados, y los demás fueron obligados a servir a la fuerza por diez años.

 

Varias veces se cursaron órdenes de prisión en su contra, pero no llegó a estar nunca preso. Cuando el Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas ordenó su arresto en junio de 1814, Saavedra huyó a la ciudad chilena de Coquimbo y luego a Santiago de Chile junto a su hijo Agustín, de 10 años de edad.

 

Ante la proximidad del ejército realista, por pedido de su esposa doña Saturnina Otárola, el gobernador de Cuyo, José de San Martín, le concedió asilo en San Juan.


En marzo del año siguiente fue llevado escoltado a Buenos Aires por orden del nuevo Director Supremo Alvear, pero tras la revolución del 15 de abril de 1815, el Cabildo lo indultó provisoriamente y le regresó su cargo militar.


El nuevo Director Supremo, Ignacio Álvarez Thomas, lo conminó a abandonar la ciudad de Buenos Aires y le fijó domicilio en la estancia de su hermano cerca de la ciudad de Arrecifes, con la excusa de ahorrarle el riesgo de sufrir represalias.


Fue rehabilitado en diciembre de 1818, por orden de una comisión especial ordenada por el Director Pueyrredón, con acuerdo del Congreso Constituyente.
 Se le otorgó el rango de brigadier general de los ejércitos de la Nación con retroactividad a 1811, y más adelante el de Jefe de Estado Mayor. Al año siguiente asumió el cargo de comandante de campaña, con sede en Luján.


Su misión era ejercer la policía de campaña, defender la frontera contra el indio, y auxiliar al ejército que estaba invadiendo Santa Fe. Logró concretar algunos acuerdos de paz con los ranqueles, que resultaron poco duraderos.

En 1820 apoyó el efímero gobierno de Juan Ramón Balcarce como ministro de guerra, y tras su fracaso se exilió en Montevideo.


Regresó a la ciudad en octubre siguiente, instalándose en una estancia en el norte de la provincia. Mientras los días se iban escurriendo en el rincón familiar, entre estrecheces y afectos escribiría sus "Memorias", como ejemplo de vida para sus descendientes, hasta su fallecimiento en Buenos Aires el 29 de marzo de 1829.

El gobernador Juan José Viamonte ordenó su traslado al Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires en el mes de diciembre con el respectivo homenaje:
El decreto de Viamonte ordenando dicho traslado rezaba lo siguiente:
El primer comandante de Patricios, el primer presidente de un gobierno patrio, pudo sólo quedar olvidado en su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en que el país se hallaba; pero después que ellas han terminado, sería una ingratitud negar al ciudadano tan eminente el tributo de honor debido a su mérito y a una vida ilustrada con tantas virtudes que supo consagrar entera al servicio de la patria.

 

Bibliografía:

Piñeiro Armando Alonso: "Muerte de Saavedra. Un patriota para el que hubo ingratitud". Cronología Histórica Argentina. Pág. 157 y sig. Ediciones Depalma. Buenos Aires 1981.

Levene Ricardo y Levene Ricardo (H): Desaparición de Saavedra: sus servicios; sus desgracias en "Historia argentina y americana." Tomo 2. Pág.299 y sig. Ediciones Tilqui Argentina.

 

Saavedra. Calle. Topografía:

Corre de E. a O. desde 00Bis hasta 5799 a la altura de 1° de mayo 3400; Av. Ovidio Lagos 3400; Rouillón 3400; Av. San Martín3400.

Se le impuso ese nombre por Ord.3 del año 1905.

Recuerda al patriota Cornelio Saavedra (1761 - 1829), honorable Presidente de la Primera Junta de gobierno de la Nación.

HISTORIAS CON AUSENCIAS
El arquitecto José Mario Bonacci en Rosario Desconocida, diario La Capital en su edición  del día 10 de Julio de 2005 asiente: “El plano de la ciudad es un elemento de información. Una graficación de la trama de calles, colores simbólicos y datos. Es útil como medio de consulta. Leer técnica abstracta no consume emoción.
La Historia y vida de la ciudad se aprehenden  con el contacto y conocimiento cuerpo a cuerpo… Esta  experiencia que voy a exponer es una crónica de la  que fuimos testigos.


Era el 17 de junio  del 55 y se había producido la primera asonada contra Perón. En la calle había un ambiente extraño, desusado. A la tarde jugábamos con la barra a la pelota, cundo una de las señoras que tejían al sol expresó que otra vez se lo llevaban al doctor.


Por la vereda sur de Saavedra al 700 caminaba un grupo de hombres. Rodeado, Ingalinella de sobretodo y sombrero saludó  a las señoras con unas  buenas  tardes  normal. También se llevaban a Trumper, su cuñado. Todos lo apreciábamos. El juego cesó y quedamos mirando hacia San Martín. Al llegar giraron hacia la derecha. Fue la última vez que el barrio escuchó sus pasos.


En los años de plomo su casa ubicada en la calle Saavedra 667, voló por una bomba y hoy un muro inexpresivo informa es la “Casa de Ingalinella.”
El último 12 de junio LA CAPITAL publicó un extenso informe  al cumplirse medio siglo de su asesinato a manos de la policía. Irónicamente, Saavedra y San Martín (noreste) muestra aún hoy un balazo bajo una ventana.

Triste historia  de una vida digna
Agrega Guadalupe Palacio de Gómez:”Hay testimonios recogidos en la prensa de Rosario que cuentan que a los pacientes sin recursos  el doctor Ingalinella los atendía gratuitamente y les suministraba muestras de medicamentos gratis cuando no tenían dinero para comprarlas. Incluso les regalaba ropa y zapatillas. También atendía ad honorem en el Hospital de Niños “Víctor J. Vilela”.

Juan Ingalinella era un conocido militante comunista, en cuyo consultorio tenía un cuadro con la foto de Lenin. A principios de 1944, la policía rosarina detuvo y torturó a tres comunistas.
Entonces Ingalinella - que manejaba una pequeña imprenta clandestina -  denunció el hecho en un volante y señaló como responsables a los oficiales Félix Monzón (jefe de la sección Orden Social y Político), Santos Barrera (subjefe de la misma sección) y Francisco Lozón (jefe de la sección Leyes Especiales).

Si bien posteriormente el Partido Comunista fue reconocido como organización legal y participaba en las elecciones, sus militantes eran objeto de persecución policial. Fue así que Ingalinella acumuló 20 procesos por desacato y resistencia a la autoridad y estuvo detenido varias veces en la Jefatura de Policía en Rosario.

Participó como delegado en el XI Congreso del Partido Comunista realizado en agosto de 1946 en Buenos Aires y en 1953 concurrió en Viena en el Primer Congreso Mundial de Médicos para el Estudio de las Condiciones de Vida de los pueblos, viajando a continuación a la Unión Soviética invitado por el Ministerio de Salud Pública y la Academia de Ciencias Médicas de Moscú. De regreso en Argentina fue candidato a diputado nacional en la elección del 25 de abril de 1954.

 

El 16 de junio de 1955 se produjo en la Argentina una rebelión militar con la finalidad de derrocar al presidente constitucional Juan Domingo Perón. Sin aviso previo alguno, aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo y otros sectores de la ciudad de Buenos Aires, y ametrallaron a la población civil en una acción sin precedentes en la Historia argentina, ocasionando unos 400 muertos y más de 2000 heridos.

El comité Zona Sur del partido redactó e hizo circular de inmediato un volante de condena a lo ocurrido mientras Inga, - como lo llamaban sus camaradas -  llegaba de una localidad cercana adonde había ido por tareas partidarias, ya que en esa fecha era apoderado del Partido Comunista en Rosario.

El mismo día 16 de junio la policía rosarina comenzó a detener dirigentes opositores y al día siguiente una comisión policial concurrió al domicilio de Ingalinella, quien había desechado la oportunidad de ocultarse, y lo condujo a la División Investigaciones de la Jefatura de Policía junto con unas sesenta personas entre las cuales estaban los abogados Guillermo Kehoe y Alberto Jaime.

Los detenidos fueron retornando a sus hogares pero no Ingalinella. Ante las gestiones de su esposa y de sus camaradas, la Policía aseguró que había salido por sus propios medios de la jefatura.

 

De inmediato hubo movilizaciones de profesionales y estudiantes, y se formó una comisión universitaria para presionar por la investigación. Casi un mes después, el 13 de julio de 1955, los trabajadores judiciales hicieron una huelga, y el 2 de agosto la Confederación Médica de la República Argentina dispuso un paro nacional de actividades.

El 20 de julio de 1955 el interventor federal de la provincia, Ricardo Anzorena  -que hasta entonces había negado la veracidad de la denuncia -  ordenó la detención del jefe y del subjefe de investigaciones y de otros policías, así como el reemplazo del jefe de policía de Rosario, Emilio Vicente Gazcón, por Eduardo Legarreta. Inmediatamente exoneró (destituyó) a los policías involucrados.

El 27 de julio de 1955, el ministro de gobierno de Santa Fe dio un comunicado oficial: Ingalinella habría fallecido a consecuencia de un síncope cardíaco durante el interrogatorio en que era violentado con la picana eléctrica por empleados de la sección Orden Social y Leyes Especiales.

Tiempo después, uno de los acusados, el oficial Rogelio Luis Delfín Tixie, rompió el pacto de silencio y contó que Ingalinella había fallecido durante la tortura y que su cadáver había sido enterrado cerca de la estación de trenes de la localidad de Ibarlucea (a unos 17 km al noroeste de Rosario) y luego trasladado a otro punto, en un vehículo de la División Investigaciones.


La Justicia comprobó que - para borrar las huellas del traslado -  se habían arrancado las 41 primeras fojas del libro de guardia del 19 de junio de 1955 del puesto de la policía caminera de la localidad de Pérez (a unos 10 km al sureste de Rosario). No obstante, se constató que el vehículo utilizado había regresado a Rosario a las 21:00 h de aquel día.
Al hacerse excavaciones en la zona indicada por el policía, se halló una tela que habría correspondido al sobretodo del médico. Sin embargo, nunca se supo adónde fueron llevados los restos de Ingalinella.