¿Sabía usted que el primer sanatorio de Rosario para la atención exclusiva de enfermos de tuberculosis fue erigido en el Saladillo?
De regreso a Europa, en donde había asistido al gran impulso dado a la profilaxis antituberculosa en los últimos años del siglo XIX el doctor Emilio R. Coni inició en Buenos Aires la lucha contra este mal en nuestro país.
Por aquel entonces era un azote de la sociedad semejante a lo que hoy es el sida.
En Rosario a similar tarea se avocó el dr. Isidro Quiroga, quien junto a otros médicos, constituyeron “el Comité de Rosario de la Liga Argentina contra la tuberculosis”.
Fueron los beneméritos doctores José Sempe, Clemente Álvarez, Manuel Pignetto y Saturnino Albarracín.
Luego de consagrarse a la tarea profiláctica consistente en distribuir entre el pueblo instrucciones y catecismos repartidos en oficinas públicas, sociedades mutuales, fábricas y talleres, más la atención de enfermos en un modesto dispensario, aspirando a contar con un edificio propio, dedicado a internar tuberculosos con un doble propósito: profiláctico y filantrópico, con el objetivo de frenar la difusión de la enfermedad, cubriendo a su vez, las necesidades de los enfermos sin recursos.
Proyecto que no se diluyó como sucede normalmente y en todos tiempos, por el contrario encontraron un local que ofrecía excelentes condiciones para cubrir los objetivos propuestos.
En los suburbios de Rosario estaba el chalet Pagnard “Saladillo” emplazado en un terreno de diez mil metros cuadrados con un bosquecillo frondoso mirando al Paraná, y gracias a la generosidad del Dr. Vasallo y Don Santiago Barcia, alma materna de la obra lograron adquirirlo.
Sin embargo, surgió un imprevisto que obstaculizó la marcha de ese proyecto con la instalación de una empresa frigorífica inglesa que había comprado todos los terrenos lindantes con el sanatorio y se disponía a construir de inmediato una fábrica de elaboración de carne.
En definitiva, el lugar se hizo inapropiado para un sanatorio de tuberculosos.
Finalmente, consiguieron los profesionales médicos que dieron un aporte importante para erigir un nuevo edificio antituberculoso en el barrio Saladillo, pero bien lejos del sitio anterior.
Esta nueva estructura fue emplazada en la intersección entre San Martín y Arijón e inaugurada el 13 de febrero de 1926.