RODÓ JOSÉ ENRIQUE (1872 -1917)

Durante una noche del verano de 1920, toda una ciudad, todo un pueblo, veló  los repatriados restos de Rodó. Montevideo cubrió de crespones negros los faroles de sus calles  y en los muros de muchas casas del país-letras doradas sobre fondos oscuros estos nombres:”Ariel”, “Motivos de Proteo”, “El mirador de Próspero”.


Pero  el nombre más contundente era el primero ”Ariel”, una palabra que Rodó había asignado a la juventud de su tiempo, a la del tiempo de su propia juventud.

 

Nacido en Montevideo en 1872, quedó huérfano de padre tempranamente y su madre lo hizo asistir a una escuela carente de creencias religiosas, a pesar de su fe católica. A los catorce años comenzó el bachillerato y debió dejarlo a medias, pues su carácter no soportaba  disciplina de ningún género.


El estudio de materias   no afines con sus preferencias, le obligarían a dejar los claustros, en los que sólo brilló como destacado alumno de literatura.


Dióse sin descanso a la lectura, convirtiéndose en un autodidacta más. De esa época datan sus primeros trabajos literarios, donde confiesa su admiración por Lamartine, Cervantes, Balzac y Perrault.


Aumentaría más  su cultura leyendo también Platón y Marco Aurelio entre los clásicos griegos y romanos. Desconocida su calidad de escritor fundó la Revista Nacional de literatura y Ciencias Sociales, comenzando a publicar ensayos y críticas literarias particularmente dedicados a Juan Montalvo y Juan María Gutiérrez;  escritos que  lo lanzarían al mundo de las letras.


En la biblioteca del Ateneo montevideano Rodó pasaba los días entregado a sus estudios y a sus artículos;  lo que le valió en 1898 el nombramiento de profesor de literatura en la Universidad de Montevideo. Su desempeño distó del éxito porque Rodó no era un pedagogo, sabía mucho pero poco era su arte de enseñar.


Sus lecciones eran profundas pero no despertaban la motivación de los alumnos. Entonces se dedicó plenamente a publicar sus ensayos, uno  acerca de “La novela nueva” (consideraciones sobre la estética de Reyles) y  su “Rubén Darío”, reconocido por éste como un verdadero trabajo, que luego figuraría como prólogo de la segunda edición de “Prosas profanas”.


Una vez dejada de lado la enseñanza  en 1901, fue llevado a la Cámara de Diputados  en la que permaneció hasta 1905.
Publicó “Motivos de Proteo” en 1907 donde desarrolló en forma de parábolas lo más sustancial de su pensamiento  y su espíritu renovador más  otros temas tocados en el Ariel.


En 1915 aumentó su temperamento misántropo, que siempre lo había caracterizado  y sus amigos para distraerlo lo nombraron n corresponsal de “Caras y caretas” en Europa.


Más su decisión firme era recorrer  el Viejo Mundo fugazmente y sin obligaciones.


Así pasó por Madrid, Barcelona y cuando arribó a Italia cayó de repente enfermo y falleció en Palermo en mayo de 1917.
Reitero sus restos fueron repatriados en 1920.

Bibliografía:

“Continente”. Publicación mensual de arte, letras, ciencias, humor, curiosidades e interés general. N°51, junio de 1951.

Rodó José Enrique. Cortada.Topografía:

Corre de n. a S. desde 100 hasta 300 a la altura de Eva Perón 7600.

Se le impuso ese nombre por D. 20.762 del año 1957.

Recuerda al literato uruguayo así llamado (1872 – 1917), cuya obra cumbre “Ariel” es un significante breviario de la juventud hispanoamericana de principios del siglo XX.