RIOJA - En realidad debería denominarse La Rioja -

Una vez que los Reyes Católicos iniciaron la empresa del nuevo mundo con el descubrimiento de Colón, sobrevino la ardua tarea de la conquista y colonización.


En el Río de la Plata esa empresa  abarcó  casi el lapso de sesenta años, comprendidos entre 1536 y 1683, fruto del accionar de tres corrientes colonizadoras: Este, Norte y Oeste.


De esas tres entradas la del norte  o proveniente del perú fue eslabonando poblaciones de acuerdo a un proyecto geopolítico y estratégico esbozado desde Lima.


 De allí partieron expediciones que fundaron: Tucumán, Catamarca, Córdoba Salta, Jujuy y La Rioja.


Se cree que los primeros españoles que llegaron al lugar fueron los hombres comandados por Juan Nuñez del Prado en 1553  que  arribaron hasta el legendario Wamatinac, el Famatina rico y misterioso, con sus tesoros aún por explotar.


El  20 de mayo de 1591 Juan Ramírez de Velasco, fundó la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja; dispuso la traza de la misma junto al escribano Luis de Hoyos y el sacerdote franciscano fray Baltazar Navarro.


 Concluido el acto jurídico dieron gracias al Señor  con una misa celebrada  en el lugar destinado a la iglesia mayor que se erigiría bajo la advocación de San Pedro Mártir. Finalmente  se realizó el reparto de cuadras y solares  a los  nuevos pobladores.


”Un cronista viajero que llegó a La Rioja muy pocos años después de su fundación, la calificó de paraíso terrenal. Los naranjales perfumados y verdes abarcaban dos leguas y una población (Estoy convencida, posiblemente blanca) laboriosa ganaba  prosperidad comerciando sus vinos y frutos.”     
 
En 1593, los indios cansados que se quejaban de los malos tratos que les daban los hispánicos, preparaban  un episodio de resistencia armada, más el misionero San Francisco Solano enfrentó  la codicia de sus compatriotas, apaciguando y  catequizando  a miles de diaguitas. Su intervención dio origen a una de las más pintorescas fiestas religiosas de la Argentina: el Tincunaco.


  Dijo el presbítero Juan Carlos Vera Vallejos, en un libro editado por el Obispado: “Al acercarse el Año Nuevo La Rioja se transfigura: Por sus calles y su plaza vieja  se asoma una visión de épocas pasadas. Se desentierran personajes y costumbres de otros tiempo, cual si hubiesen estado dormidos y despertaran cundo la chicharra hace madurar la algarroba con su canto”.


Se refería al Tincunaco (encuentro en quichua) entre el Niño Alcalde y San Nicolás de Bari, patrono de la ciudad. Dicha  ceremonia se celebra el 31 de diciembre y se inspira  en la solución pacífica  arbitrada por el franciscano Solano en el conflicto de 1593.
 
Al crearse la Intendencia de Córdoba, en 1783  La Rioja pasó a depender de la misma hasta  el 1° de marzo de 1820,hasta que  se declaró ciudad autónoma y eligió sus propias autoridades.
 
Comenzaría por esa época el ciclo marcado por la personalidad de Facundo Quiroga,  constructor  de un enérgico movimiento federal que se extendió hasta 1835, año que fue asesinado en Barranca Yaco y que continuaría El Chacho  Peñaloza.


 Nos dice Aurora Giribaldi: ”Soportó sequías, luchas sangrientas, pobreza y hasta un terremoto la destruyó casi por completo en 1894. La fuerza de su gente se sobrepuso a todo, y hoy, la ciudad respira un aire de sereno progreso señoreado- como hace cuatro siglos – por la fragancia de las flores de sus naranjos”.


Héctor  David Gatica le canta a esa tierra: “Cuando te encuentro escondida en el pecho de la piedra famatina, te ruego: Déjame que te explote con mis versos para encontrar tu corazón minero”.

 

Bibliografía:
Levillier Roberto: “La fundación de La Rioja”. Carta de Juan Ramírez de Velasco al rey fechada en Santiago del Estero el 30 de octubre de 1591.
Giribaldi Aurora: “La Rioja. Azares y azahares”. Revista Nueva. 1998.

 

Rioja. Calle. Topografía:
 Corre de e. A O. entre las calles Córdoba y san Luis, desde la avenida Belgrano hasta la calle Solís, donde se produce un desplazamiento de su eje y continúa con el nombre de Derqui.
Se le impuso ese nombre en 1853, ratificado por O. 3 del  año 1905.
Recuerda a la ciudad capital de la provincia argentina homónima.

 

Laura Vilche en su artículo del diario La Capital del 21 de julio de 2003, explica: “Desaparecerá la recova de la esquina de Rioja y Buenos Aires”.

“Bordea un edificio histórico de 1849, que volverá a su línea de edificación original.


La esquina de Rioja y Buenos Aires perderá su recova y el histórico edificio de 1849, escondido tras ella volverá a la línea de edificación que tenía hasta hace 22 años. Es que el dueño de una de las primeras construcciones de la Villa del Rosario y patrimonio histórico de la ciudad  decidió realizar una remodelación integral del lugar y abrir nuevos locales.


Los vecinos y comerciantes de la zona aplaudieron la medida, ya que sabían  que el sitio semi-escondido en el microcentro de la ciudad,  se había transformado hace tiempo en un “abandonado y hediondo baño público”. De noche una verdadera callejuela del diablo.


No se trata de una reforma más. Lo que está en juego es nada menos que uno de los primeros edificios de la ciudad,  Su escritura, hecha en pluma y con letra cursiva, es la N°51. Y este dato no basta para atestiguar su antigüedad, vale la pena ver en su margen superior la leyenda que reza: “Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios!”.


Más datos muestran a este documento como una perlita de la historia urbana.

En los párrafos que detallan cómo era el inmueble por esos años se describe: “Consta de esquina, trastienda, sala, aposento, dormitorio y zaguán de azotea, dos cuartos y una cocina con techo de paja, pozo de balde (sic)  y  cerca de ladrillo”.

Y al final el titular del Juzgado de Paz del departamento de la Villa del Rosario cierra con el siguiente párrafo: describiendo la recova de este modo: “A  10 de febrero de 1849. Año cuarenta de la Libertad, treinta y cuatro  de la Independencia y veinte  de la Confederación Argentina”.
El edificio fue testigo temprano de la historia rosarina. En la revolución radical de 1893, casi un fortín de fusileros”.

 Unas cuadras más allá se alza El majestuoso edificio del Club Español
 Sobre calle Rioja 1052 está emplazado el imponente Club Español que otrora se le llamaba “la casa de los españoles” o “la cuarta carabela” y desde  sus orígenes sería el punto de encuentro de la aristocracia vernácula.


 Todo comenzó el 8 de octubre de 1882, en la cafetería del desaparecido teatro Odeón (hoy Fundación Astengo): Un aviso publicado en los diarios del día anterior convocaba  a una reunión para crear en la ciudad “un local donde reunirse y cimentar los lazos de unión entre los hijos de Iberia” la respuesta no se hizo esperar: unas 200 personas asistieron a la fundación del Centro Español que, al poco tiempo, tomó el actual nombre.


 La mansión de tres plantas se inauguró en 1916 y fue construida por el catalán Francisco Roca, quien levantó también el edificio de la tienda La Favorita y la panificadora La Europea.


Entre los visitantes ilustres figuran, los reyes de España, Jacinto Benavente, Amadeo Vives, Belisario Roldán, José Ortega y Gasset y Federico García Lorca.

 

El cine: la novedad del nuevo  siglo (refiriéndose al siglo XX).Primera sala de proyecciones en Rosario fue en el Cinematógrafo Lumiere, ubicado sobre calle Rioja 1151.
Rafael Oscar Ielpi expresa: “El invento  del francés Louis Lumiere, patentado en 1895 y al que por fidelidad fraternal asociara a su hermano August, tardó muy poco en llegar a la Argentina, uno de los primeros países del mundo en tomar contacto  con aquella novedad que parecía próxima a la magia o poco menos.

El 18 de julio de 1896, Francisco Pastor, empesario del teatro deón porteño, y el inquieto y dinámico Eustaquio Pellicer, fundador de las revistas Caras y Caretas y Fray Mocho, organizan en esa sala  la primera  exhibición pública.


Dos inmigrantes , el belga Enrique Lepage y el austríaco Max Glucksmann, avizorando la posibilidad que ofrecía el cine, fueron ellos los primeros en traer al país, equipos proyectores y filmadoras, que el primero vendía  en su negocio de fotografía en Bolívar 375, donde Glucksmann era empleado.


Éste último estableció una sucursal en Rosario, casa de música llamada CASA LEPAGE y en cuyas vidrieras aquellos vetustos proyectores se convirtieron en grandes atracciones para el público.

Las primeras películas francesas llegaron a Rosario a través de Enrique Maquerons, en 1898.


Aquellas proyecciones iniciales se realizaron en el Cinematógrado Lumiere, de Rioja 1151, que ese modo pasaría a ser,para algunos, la primera sala en Sudamérica”.