RINCÓN (COMBATE ENTRE SANTAFESINOS Y LA ESCUADRA DEL CORONEL ROSALES)

Con el fin de la guerra con Brasil, nuestro país no alcanzaría la paz, pues se retornaría a la guerra fratricida,  también cruenta y quizá más dolorosa, en la que se enfrentaban los mismos que hasta entonces habían luchado bajo una misma y única bandera: la Argentina.

El Tratado de Paz concertado con el Imperio que comprendía la pérdida de la provincia oriental del Uruguay, por la que habían luchado, no satisfizo a la mayoría de los veteranos de guerra que veían que se perdía en el papel y la diplomacia, lo logrado por ellos con su sangre en los campos de batalla.


Una manifestación de eso fue que al caer la tarde del 30 de noviembre de 1828, se realizó en la Capitanía del puerto de Buenos Aires una reunión evidentemente revolucionaria.


En  ella estuvieron presentes Rosales y otros oficiales navales unitarios que el 1º de diciembre se plegarían a la revolución encabezada por el general Juan Lavalle, comandante de la Primera división del Ejército, la que derrocó como gobernador de Buenos Aires al coronel Manuel Dorrego y poco después designó a Lavalle Gobernador provisorio.


Esos sucesos provocaron cambios. Pese a esos cambios Rosales continuó al mando de la Convención, con la que marchó a Patagones y Bahía Blanca para transportar tropas de refuerzo para las respectivas guarniciones.


Esas tareas las cumplió con su habitual eficiencia, regresando a Buenos Aires a mediados de enero de 1829, trayendo desde Bahía Blanca al coronel Ramón Estomba que se encontraba en condiciones físicas y mentales lamentables.


Fue entonces Rosales ascendido a coronel efectivo de Marina, y nombrado comandante de la División Fluvial de Buenos Aires, con insignia en la goleta Sarandi, integrada además por las Cañoneras Nº 4, 6, 7 y 13, con las que zarpó de Buenos Aires el 1º de febrero con la misión de garantizar el tráfico mercante amenazado por la montonera en el área del Paraná Guazú y aledaños.


Pero tras reunirse en Santa Fe la Convención provincial y haber ésta tildado al gobierno revolucionario de Lavalle de anárquico, sedicioso y atentatorio contra la libertad de la Nación, esta provincia de hecho se convirtió en beligerante con Buenos Aires, por lo que Rosales y su escuadrilla recibió  la orden de dirigirse a aguas de la misma para interceptar posibles apoyos a los federales bonaerenses.

 


De sus acciones Rosales informaría escuetamente al Ministro de Guerra y Marina de la Nación

“El 5 del corriente hubo lugar una acción con la goleta Sarandí  en el Rincón de Santa Fe; fue sostenida por hora y media por mosquetería y artillería del mencionado punto; no ha habido más pérdida por nuestra parte que un muerto y dos heridos; la maniobra y el buque no tuvieron daño de consideración, todo está reparado.
El mismo día desde la Bajada del Paraná hostilizaron a la División de Cañoneras con dos piezas de artillería que colocaron en las barrancas al efecto; fue sostenido el fuego por media hora; algunas balas de cañón recibieron los buques, pero nada de avería considerable.
 A las 4 de la tarde del mismo día volvió a emprenderse nueva acción, al pasar la Angostura la goleta Sarandí, más abajo del Rincón, fue terrible el fuego de mosquetería por ambas partes en el término de una hora; a esta acción asistieron todos los comandantes de las cañoneras con sus botes y gente, y se portaron de un modo que merecen recomendación, como igualmente el capitán Pedro Martínez, comandante de la Sarandí  y demás oficiales y tripulaciones."

"El que firma cree que los grandes males que en estas dos acciones han recibido los ingratos santafesinos, movieron al Gobernador a hacer el parlamento del 7, cuya comunicación oficial acompaño...”.

El mencionado parlamento del 7 que menciona Rosales, era una carta del gobernador santafesino, Estanislao López, en la que decía:
“Apreciado compatriota y paisano: Informado de ser usted el jefe de la Escuadrilla que se ha introducido en estos ríos, bloquea los puertos de esta provincia y de la de Entre Ríos y hostiga sus costas, me tomo la confianza de dirigirle esta... Estoy cierto que usted se penetrará de la justicia de estas quejas y se fijará especialmente que este gobierno, al tiempo de exponerlas, propone también los medios de terminarlas de un modo pacífico, decoroso para ambas partes y conforme al Tratado vigente del Cuadrilátero a que usted tanto contribuyó cuando venció a la Escuadrilla de Monteverde...
A mí y a toda esta población nos es muy sensible que el coronel Rosales sea el primero que traiga la guerra a Santa Fe... aún cuando el gobierno de Buenos Aires sea legítimo no tiene facultades nacionales, pues las provincias no se las han confiado, sino que todas han desaprobado el procedimiento de lo hecho por documentos públicos. Ahora bien, usted no es oficial de Buenos Aires... En consecuencia si usted continuase en turbar el comercio y molestara a los habitantes de esta provincia, no podríamos sino atribuir a usted directamente el mal que nos causase... Espero mi apreciado compatriota, que me hará la justicia de creerme que si no fuese usted quién mandase la escuadrilla bloqueadora, no me hubiese permitido mandarle ésta...”.

Propio de su genio, la respuesta de Rosales no se hizo esperar y tras recibir la anterior, respondió a Estanislao López de su puño y letra en tono casi altanero:

“Muy respetado Señor y amigo: Con el mayor placer he recibido la nota de V.E. que me es satisfactoria y la deseaba con anticipación. A su contenido señor puedo decir que mi gobierno no me ha mandado a romper las hostilidades, ni yo he pensado en variar un solo punto de las órdenes a que debo ceñirme. Nada tienen de extraño mis últimas operaciones, cuando estas han sido provocadas por la fuerza y por la insolencia con he sido tratado sin haber dado margen a ello. Omito enumerarlos hechos y expresiones, puesto que el conductor, don Pedro Martínez, verbalmente impondrá a V.E de los sucesos.
Buques, individuos, intereses y cuanto ha correspondido a todas las provincias de arriba, inclusive la de Santa Fe, todo ha sido respetado y protegido por la fuerza a mi mando. Si el señor Gobernador supiese el modo indebido con que, en la sombra de la noche del 22 de enero, el Jefe de las fuerzas estacionadas en las Barrancas del Rosario me hostilizó con diez cañonazos, S.E. reprendería a aquel Jefe que fue el primero que alteró los ánimos pacíficos...”.

Tras eso Rosales regresaría con su escuadrilla al sur del Arroyo del Medio, desde donde mantendría el control del tráfico fluvial, hasta que Lavalle luego de enviar un ejército porteño bajo el mando del general José María Paz para combatir a las fuerzas provinciales, también dispuso enviar sobre las fuerzas federales del norte de Buenos Aires y Santa Fe, una fuerza terrestre al mando del coronel Isaac Thompson y por supuesto a la Escuadrilla fluvial de Rosales.
Debió entonces éste regresar a Buenos Aires para embarcar la tropa, de donde finalmente zarpó el 16 de mayo.

Para narrar lo ocurrido en esa campaña, reproduciremos el parte que de la misma y como era habitual de su puño y letra, elevó Rosales:

“Señor Ministro Secretario en los Departamentos de Guerra y Marina:

…“El infrascrito, Jefe de la Escuadrilla que surca las aguas el Paraná, tiene el honor de elevar al conocimiento de V.E. un detalle de sus operaciones, desde que se le reunió la fuerza bajo el mando del coronel Isaac Thompson.

“Habiéndonos reunido el 27 de mayo en el Puerto de San Nicolás, permanecimos en él hasta el 6 de junio por falta de vientos. En la noche del 7 dio la vela toda la expedición navegando en convoy y con el mejor orden posible.
El 8 en la noche a una legua del Rosario calmó el viento, por lo que no hubo lugar a una operación que estaba meditada, a causa de haber permanecido amarrados hasta el 15 en la noche que vimos a la vela, y al amanecer pasamos por el Rosario.
El 17 (de junio) a las 9 de la mañana dimos fondo a media legua de la Boca de Santa Fe, esperando viento para seguir Colastiné arriba para atacar el Rincón, lo que fue imposible efectuar, por los continuos vientos contrarios.
El 25 a la noche dio a la vela toda la expedición siguiendo aguas abajo. El 26 por la tarde al pasar por la Villa del Rosario lo batí con la Escuadra por orden del Jefe de la Expedición, coronel Isaac Thompson, y nuestros fuegos no fueron contestados sino con algunos tiros de fusil; habiendo la población recibido mucho daño.
El 27 a las 10 de la mañana dimos fondo en el Puerto de San Nicolás, y el Jefe de aquel Cantón me pasó de oficio la conformación de las fuerzas que debían reunirse a ésta División; como del robo de armamento y municiones que eran destinados a dicha expedición.

 El 28 a las 9 de la mañana dimos fondo en la laguna de San Pedro, y antes de haber tenido lugar para mandar un parlamento para evitar los irremediables males que sufre una plaza tomada por asalto, rompieron el fuego con tres piezas de artillería sobre nuestros buques, y fue contestado por éstos con un fuego tan vivo que en menos de media hora retiraron las piezas a otro punto, adonde también se les hizo cesar sus fuegos.


A las 11 y media se empezó el desembarco y a las 11 3/4 estaban en tierra los 200 hombres y dos piezas volantes, las que se desembarcaron montadas y listas para hacer fuego.
Al paso que avanzaba nuestra infantería, la infantería enemiga colocada sobre las azoteas hacía el más vivo fuego, no obstante que nuestra artillería tanto de los buques como de tierra, aprovechaba todos sus tiros, nuestra infantería avanzaba al pueblo; y a las 3 de la tarde se tomó la plaza a la bayoneta, y favorecida por los caballos pudo escapar la mayor parte de la fuerza enemiga.
“Por motivo de la falta de víveres y antes de que esto llegue a sentirse más, hemos emprendido nuestro viaje ( de regreso) para reaprovisionarnos…
“El que suscribe saluda a S.E. con el mayor respeto."“Goleta de guerra Sarandí  al ancla en la Laguna de San Pedro, junio 29 de 1829".Leonardo Rosales.
El coronel de Marina Leonardo Rosales regresaría a Buenos Aires tras 200 días de campaña, donde lo esperaba una fría recepción.


Lavalle pactó con Rosas en Cañuelas el cese de las hostilidades. Un nuevo pacto, el de Barracas hizo que Lavalle se retirara al Uruguay y como solución política de transición asumiría la gobernación de Buenos Aires el general José Viamonte, comenzando entonces un doloroso periodo para Rosales.


Producida la renuncia de Viamonte, se realizaron las elecciones que llevaron a Juan Manuel de Rosas a su primer gobierno (1829).

 

Bibliografía:

Luchilo Lucas,Romano Silvia O. y Gustavo Paz en Historia Argentina:”Hacia un nuevo equilibrio Político: La Confederación rosista”. Pág.120.

 

Rincón. Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. a la altura de Saavedra 200.

Se le impuso ese nombre por D. 21748 del año 1958.

Recuerda al combate librado entre santafesinos y las fuerzas unitarias de Buenos Aires, traducidas en la goleta  Sarandí comandada por el coronel Rosales.