RECONQUISTA

Las Invasiones inglesas y los hechos subsecuentes, como la Reconquista y en general la heroica lucha del pueblo porteño contra los intrusos, encarnan la primera gran página de la historia argentina, aunque ella fue escrita cuatro años antes de 1810.


 Cuando los británicos ocuparon Buenos Aires el 27 de junio de 1806 ofrecieron a la población porteña, como garantía de la bondad del nuevo monarca a quien debían obedecer, la seguridad del libre culto católico y la promesa del libre comercio. La prometida libertad no podía competir en el ánimo de una población católica con la identificación hasta entonces existente entre la Iglesia y el Estado, que constituía a éste en protector y custodio de aquélla.


En cuanto a la libertad de comercio, no era propiamente tal como la exponían, sino sería una  participación porteña dentro de la estructura mercantil inglesa, igualmente proteccionista que la española.


A los pocos días de iniciada la invasión se produjo una alianza entre los sectores relevantes de la población: criollos, peninsulares, comerciantes, productores, clérigos y militares - dispuestos a expulsar  a los británicos, quienes observaban una actitud política estática ignorando la tormenta que se cernía sobre ellos, considerándolos incapaces de adoptar actitudes que podrían disociar sus actitudes.


Fue así como el capitán de navío Santiago de Liniers, francés al servicio de España, se trasladaría furtivamente a Montevideo a solicitar al gobernador Ruiz Huidobro fuerzas para reconquistar Buenos Aires; Pueyrredón entretando organizaba tropas irregulares en la campaña bonaerense - entre la Capital, Luján y San Pedro - y  Martín de Álzaga,  a los conspiradores dentro de la misma Buenos Aires remitiendo armas a los hombres de la campaña.


La reunión de fuerzas en la Banda Oriental bajo las órdenes de Liniers y la concentración de voluntarios en los alrededores de la Capital se harían patentes a los jefes ingleses en los últimos días de julio.


El 1° de agosto una columna de infantería británica dispersaría  a los pocos hombres con que Pueyrredón la enfrentó, pero el hecho sólo sirvió para demostrar a los invasores la imposibilidad de operar sin caballería en un territorio tan extenso.


El destino de los invasores estaba sellado. Aprovechando la niebla de la noche, burlando  la vigilancia de la noche, desembarcó en el Tigre. En San Fernando recibiría  el valioso contingente de los paisanos de Pueyrredón dispersos en el Perdriel y marchó sobre Buenos Aires.


El 10 de agosto con sus efectivos multiplicados por la presencia de nuevos voluntarios de la ciudad era aclamado entero que lo aclamaba a su paso. Llegó a los Corrales De Miserere (hoy Plaza Once de Setiembre), ocupando después la Plaza de Toros ( Retiro.)


El 12 se operaría  el ataque. Liniers dividió  su ejército en dos columnas: una haría su entrada por calle San Martín y otra por Reconquista (nombre que  recuerda el episodio) y en tarea conjunta arrolló  a los ingleses hasta el Fuerte donde Beresford izaría la señal de capitulación.


Los efectos de la Reconquista se hicieron sentir inmediatamente. El 14 de agosto se convocó a un cabildo abierto con el fin de asegurar la victoria obtenida.  Cabildo que pronto adoptó formas revolucionarias, pues el pueblo invadió el recinto y encontrándose el gobierno acéfalo exigió que se delegara el mando en Liniers.


Para salvar las formas legales se designó una comisión para entrevistar al virrey, que por entonces bajaba hacia Buenos Aires.


Sobremonte "expone no haber autoridad alguna, sino la del monarca, para quitarle la suya". Planteado en semejantes términos el conflicto, el Cabildo tuvo que aceptar las razones expuestas. El 28 de agosto, desde San Nicolás, donde se encontraba en su viaje de regreso dictaría un decreto delegando la gobernabilidad en el Regente de la Audiencia y militar, Liniers.


Otros pasos trascedentales se darían  en Buenos Aires en los días siguientes: previendo acertadamente que no cejarían los esfuerzos ingleses por apoderarse del Río de la Plata, los voluntarios de la Reconquista, con el beneplácito de Liniers, decidieron  organizarse en cuerpos militares.


Así nacerían ron los escuadrones de Húsares, los Patricios y sucesivamente una multitud de batallones uniformados y armados conjuntamente por el pueblo y las autoridades;  que se agruparon por afinidades regionales: los peninsulares crearon el cuerpo de catalanes, vizcaínos, gallegos, etc., y los criollos los de patricios, arribeños y correntinos entre otros.


Mientras tanto en Londres, la capitulación de Beresford no tronchó las esperanzas de una nueva invasión la que se llevaría a cabo al año siguiente, 1807.

 

Bibliografía:
Zorraquín Becú Ricardo: "La organización política argentina en el período hispánico". Emecé. Buenos Aires. 1959. Pág. 365.
Street, John: "Gran Bretaña y la independencia del Río de la Plata". Edit. Paidós. Buenos Aires.  1967. Pág. 86. N°168.

Reconquista. Calle. Topografía:
Corre de E. a O. desde 500 hasta 1799, a la altura Av. Alberdi 700.
Carece de designación oficial.
Recuerda la Reconquista de Buenos Aires a las fuerzas inglesas, por obra de Santiago de Liniers y Juan Martín de Pueyrredón llevada a cabo en agosto de 1806.