RANQUELES

Finalizada la contienda de la Triple Alianza que Domingo Faustino Sarmiento, entonces presidente, le encomendó a Lucio v. Mansilla firmar un tratado de paz con los indios ranqueles, con el fin de asegurar las fronteras hacia el Sur, en un proceso que reafirmaría Julio A. Roca de un modo más violento.

Así en 1870, el entonces coronel Mansilla partió con un puñado de soldados desde el sur de Córdoba hasta las tolderías de Leuvucó, cerca de Victorica, al norte de La Pampa..

Luis Ini en el artículo “Excursión a los indios ranqueles”. Diario La Nación del 9 de noviembre de 2003 explicita:
“De regreso de aquella expedición con las vivencias recogidas escribiría: Una excursión a los indios ranqueles; narrando el encuentro cultural de aquellos aborígenes.
Los ranqueles, en cuyos orígenes se mezclan pueblos araucanos procedentes de Chile, con los pampas y mapuches argentinos – según Mansilla - no escapaban a la interpretación civilizada de la gran ciudad, que acostumbraba a mostrarlos salvajes y feroces”.

De aquella visión arbitraria del escritor sobre los ranqueles, escapa del texto más bien un acercamiento de aptitudes sociales de igual a igual aunque con costumbres distintas.

Y argumenta - como ocurre hoy con los marginados o aquellos que llamamos negros de la villa - ¿Les hemos enseñado algo de costumbres normales que revele la disposición generosa, humanitaria y cristiana, en particular los gobiernos que rigen los destinos sociales? Nos roban, nos cautivan, matan y depredan nuestras casas, es cierto. Pero se les ha enseñado a trabajar? y en tanto, al carecer de la cultura del trabajo y de una vida digna, las consecuencias son graves y temibles.

Esta obra de Lucio V. Mansilla no es muy difundida como texto de literatura en los establecimientos educacionales argentinos, donde hace un muestreo de la vida y costumbres de los indios que ocupaban parte del centro y este del actual territorio de la provincia de Buenos Aires.

Hombres que se alimentaban cuando podían de carne de yegua o de potro, de ñandú o avestruz, de llama o guanaco. Devoraban la vizcacha resignándose en los momentos de escasez a comer raíces o a tostar algunas panojas al fuego de las brasas.

Comían menudos tanto cocidos al fuego como crudos que condimentaban con sal y abundante ají. A este acto lo llamaban "carrutear".
Mansilla en el mencionado libro dedica al tema "Menú" una especial atención, que haciendo un análisis comparativo con nuestras comidas para las efemérides patrias podrían ser una herencia de aquéllos: carbonada con zapallo y choclo, carne asada, puchero (que hoy llamamos locro), tortas al rescoldo, pasteles, postres de miel y maíz frito pisado (pororó.)

Los ranqueles nunca hacían fuego al raso, y cuando iban de malón tapaban sus fogones. Sostenían que "el fuego y el humo traicionan al hombre en la pampa, son su enemigo, se ven de lejos. El fuego es un faro y el humo un atalaya”.

El salvajismo fue el pan de cada día en sus tribus, pues aún en sus entretenimientos empleaban el látigo y la macana.

"Loncotear" era un juego de manos bestial: pugilato que consistía en agarrarse por los cabellos y hacer fuerza para atrás, haber cuál resistía más a los tirones. Desde pequeños se ejercitaban en él.

Cuando al indiecito le querían hacer un cariño varonil, tirábanle de las mechas y si no le saltaban las lágrimas era digno de este elogio: ¡es toro!. El toro era para el grupo ranquel, el prototipo de la fuerza y el valor.

La crueldad también se manifestaba en la forma de faenar los animales, degollándolos y bebiendo su sangre aún sin enfriarse.

Vivían promiscuamente entre sus congéneres y las cautivas blancas, no existiendo la privacidad en los momentos supremos.
Al respecto Bernardo González Arrili en "Historia de la Argentina" nos dice: "como era la moral ausente y las costumbres desvergonzadas hacían que el indio cohabitara con varias mujeres bajo el mismo techo y seguramente a la vista de todas, semejante a los palacios parisinos del siglo XVII, donde tampoco existía la intimidad (los arquitectos de entonces no habían inventado el corredor ni el pasillo.)"

Estos indígenas asolaban las poblaciones como mangas de langostas por el sur y el este, en particular después de Caseros, porque con anterioridad Rosas notoriamente sagaz en la defensa de sus intereses, advirtió la conveniencia de un tratado de pacificación con los aborígenes, a través del cual les hacía entrega de bolsas con granos de cereales, yerba, tabaco, agua ardiente y cabezas de ganado que les depositaba en la frontera como defensa de los poblados.

Fueron los salecianos, los encargados de apaciguar los odios, enseñarles la palabra de Dios e impartirles un nuevo proyecto de vida tanto a esas tribus ranqueles como a los más sureños, tehuelches y onas.

Bibliografía:
Canals Frau Salvador: "Prehistoria de América." Edit. Sudamericana. Abril, 1950.
Yunque Alvaro: "Calfucurá." La conquista de las pampas. Editorial A Zamora, 1956.

Ranqueles. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. desde 3500 al 3599, a la altura de Saavedra 100 Bis; Bv, Seguí 100 Bis.
Se le impuso ese nombre por Decr. 4667 del año 1977.
Con anterioridad se denominó "2".
Recuerda a las etnias que acechaban el sur y el este del territorio bonaerense.