QUIROGA ROSITA (1925 – 1984)

Rosita Quiroga  nació  el 16 de julio de 1925 en el barrio de Saavedra, Buenos Aires.


 Hija de Arturo Quiroga y María Antonia Muñoz, hogar medianamente acomodado económicamente,  que obviamente rechazaban al tango  considerándolo de bajo fondo porteño.


Acota Horacio Ferrer: “Música popular  ligada primero a los prostíbulos, a los conventillos después hasta hacerse popular en el mundo desde 1910, donde adquirió presencia artística y escénica, gozando de estilos por barrios y por orquestas  desde 1925 hasta lograr los primeros éxitos para todo público en 1940.”


Siendo niña estudió en el colegio de monjas María Auxiliadora, y gracias a la influencia de su abuela, Carmen Alonso, Rosita se empezó a interesar por el canto.  Su abuela era  guitarrista e intérprete de tango en “peringundines” (ciertos bailes o sundines que se daban para la gente del pueblo, los jueves, domingos y feriados  y que duraban desde las cuatro de la tarde a las ocho de la noche, allá por 1867, particularmente en Rosario).  


Interpretaba tangos a escondidas para sus amigas del colegio, y cuando las monjas la descubrieron, la expulsaron, ya que los tangos se consideraban indecentes y arrabaleros en aquella época.


 A pesar de esto no se desanimó y su abuela, la principal impulsora de su talento, fue quien le regaló su primera guitarra y la llevó a una escuela de canto. Al finalizar la primaria, sus padres la inscribieron en el conservatorio de los hermanos Emilio y José De Caro, donde cursaría canto y actuación.


A los 15 años debutó en la orquesta de los hermanos Alberto y José De Caro, junto al cantor Félix Gutiérrez, pasando luego con el sexteto de Mario Azzerboni, actuando exitosamente una temporada, en el histórico Café Nacional de la calle Corrientes.

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Ahí fue vista por el compositor Rodolfo Shiamarrella y la invitó a interpretar sus tangos al Teatro Casino.


A mediados de la década del cuarenta pasó a actuar como solista, con el acompañamiento del conjunto de guitarras de José Canet, con el que viajó a Chile, compartiendo espectáculos y radio con la orquesta del bandoneonista Gabriel Clausi, “El Chula”, que estaba radicado allí y también, con la del maestro trasandino Porfirio Díaz.

De allí le empezaron a llover ofertas de trabajo. En alguna ocasión el cantante mexicano Jorge Negrete de gira por Sudamérica, presenciando  una actuación de Rosita  la invitó a México, en donde debutó en el famoso centro nocturno Centro Nocturno “El Patio” en 1947, con tal aceptación que decidió  quedarse a radicar en el país azteca.

 

Su talento y belleza deslumbraron al público y a los empresarios que la requirieron para diversos espectáculos de teatro y también para el cine.


Su debut como actriz lo hizo en 1948 con la película “La santa del barrio” del director Chano Urueta, a la que siguieron pequeños papeles en otras cintas como: Ay Palillo no te rajes!, pero no sería hasta el siguiente año  cuando  el público comenzó  a identificarla por su trabajo actoral gracias a su participación en 3 de las mejores películas de Germán Valdés “Tin Tan”, Calabacitas tiernas, Soy Charro de levita y No me defiendas; compadre en las que hacía gala de su capacidad para la comedia, tanto que se le consideraba  junto a Silvia Pinal, la mejor pareja femenina que tuvo el famoso cómico pachuco.


El mismo año aclimatada a su nueva circunstancia, inició un fuerte romance con el director y productor cinematográfico, y gerente de los estudios Paramount Pictures el mexicano Sergio Kogan, con quien contrajo matrimonio y tuvo dos hijos Sergio Nicolás y Paloma.

Ya consolidada como actriz, actúa bajo las ordenes de Julio Bracho en La ausente (1950), junto a Arturo de Córdova, Andrea Palma y Ramón Gay; bajo las órdenes de Luis Buñuel trabaja en Susana, Carne y demonio (1950), con Fernando Soler y Víctor Manuel Mendoza, en donde se explota su sensualidad natural; y con Rogelio A. González filma El mil amores (1954) junto a Joaquín Pardavé y Pedro Infante, quien en aquel momento se encontraba en la cumbre del éxito.


Las citadas son quizá sus cintas más conocidas, aunque el actor con quien trabajó más a menudo fue Luis Aguilar, con quien compartió créditos en nueve películas, incluyendo varias comedias rancheras y un par de historias heroicas ambientadas en la revolución mexicana de principios del siglo XX.


 Durante los largos años de su carrera, Rosita Quintana alternó sus actuaciones en la pantalla con su carrera como cantante y compositora, al firmar con compañías como RCA Víctor y Musart y dando  temas a cantantes como Guadalupe Pineda, Angélica María y María de Lourdes. También realizó una serie de trabajos en su patria de nacimiento.

 

Los 60 fue una década de contrastes para la actriz, ya que logró ganar el premio Perla del Cantábrico como mejor actriz por la película El octavo infierno (1964), pero tuvo que hacer una pausa en su carrera a causa de un accidente automovilístico que la mantuvo varios días en coma, además de que al fallecer en ese siniestro  su ex esposo Sergio Kogan, debió  quedar al cuidado de sus hijos Sergio y Paloma Guadalupe, esta última adoptada.

Curiosidades de su vida:
Su participación como madre de un homosexual en la cinta El hombre de la mandolina le significo un verdadero reto por el tema abordado, que aun era considerado tabú.

Cuando llego a México muchos creyeron que era hija de Libertad Lamarque, lo que a ella en vez de incomodarle le llenaba de orgullo.

En el año 2000, Ediciones Pentagrama editó en México un compacto: “Charlemos Buenos Aires”, con grabaciones realizadas en la Argentina en 1965. Resultaría muy interesante la integración de la orquesta que acompañó a Rosita, un verdadero seleccionado: Enrique Mario Francini (violín), Roberto Grela (guitarra), Osvaldo Berlingieri (piano), Domingo Federico (bandoneón), José Bragato (viola), “Quicho” Díaz (contrabajo), los arreglos a cargo de Héctor Stamponi y la dirección de Carlos García. Se destaca el tema que da nombre al disco, con música de Stamponi y letra de la cancionista.

Tuve la fortuna de verla en varias oportunidades en “Caño 14” y en “El Rincón de los Artistas” y fue, a mi criterio, una artista de alto nivel, con una hermosa voz y una gran técnica interpretativa pero, por sobre todas las cosas, una mujer de una jerarquía y una belleza sin igual.


Por último, parafraseando a Aníbal Troilo, Rosita Quintana fue una mujer que nunca abandonó el barrio. Lo confirma ella misma en uno de sus poemas: “Me reclaman mi suelo, mis raíces, cada vez que estoy lejos, mi Buenos Aires”.
 Murió  en 1984, a la edad de 59 años.

 

Bibliografía:

Sarelli Jorge, El tango a través del tiempo, Editorial Diana, 1992.

Ediciones Altaya: Sentir el tango. Buenos Aires, 1998.

 

Quiroga  Rosita. Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. a la altura de Edmundo Rivero y  Autopista Che Guevara 9000.

Carece de denominación oficial.

Recuerda a la actriz Rosita Quiroga, cantante y compositora argentina nacionalizada mexicana, con una extensa carrera artística que la convirtió en  una de las últimas leyendas vivientes de la época de oro del cine mexicano.