QUIROGA HORACIO (1878 – 1937)

Sus cuentos, alucinados y exuberantes como el paisaje misionero, todavía despiertan asombro en quienes lo leen. Pero también asombra su vida, hecha de pura tragedia- parafrasea Guillermo Pintos -

Horacio Silvestre Quiroga, tal su verdadero nombre, nacido en la localidad de Salto, República Oriental del Uruguay el 31 de diciembre de 1878, era hijo de dos argentinos, Prudencio Quiroga y Juana Petrona Forteza. Su padre, que allí proveía armas al ejército colorado, convirtiéndose en un comerciante próspero y vicecónsul de su país, era descendiente del "Tigre de los Llanos".

El primer golpe fatídico que tuvo que sufrir el niño sería un disparo accidental

en una tarde de caza, dejándolo huérfano de padre - Final violento, después recurrente en las narraciones del escritor-.

Casada en segundas nupcias Juana Forteza con un buen hombre, la felicidad sería efímera para Horacio porque después de un derrame cerebral el padrastro se descerrajería un escopetazo en la boca, y sería el niño ya adolescente, quien lo encontrara.

Pese a la imagen ominosa con que habitualmente se la describe, la vida de Quiroga se cumplió con vigor y pasión inusitada: un viaje a Europa en 1900, después un disparo también accidental mataría a su amigo íntimo, una primera experiencia como colono en el Chaco en 1904 como cultivador de algodón, una serie de amores desmesurados, el aprendizaje de oficios heterogéneos: como constructor de canoas y muebles, sumado a ilusiones de proyectos frustrados como destilación de aceites, explotación de flora textil y fabricación de dulces màs su larga estancia en la selva misionera, lo pintan como un hombre empeñoso y febril, a pesar de estar signado por la mala suerte.

Sus libros resultaron de selecciones de material entregado a diarios y revistas de actualidad o variedades. Su primer trabajo se publicó en "La Alborada" de Montevideo, colaboración pagada con tres pesos. "Desde ese instante - recordaría más tarde- he pretendido ganarme la vida escribiendo. Al año siguiente ya en la Buenos Aires, "El Gladiador" me retribuía un trabajo con quince pesos, para alcanzar con "Caras y Caretas" en 1905, veinte pesos"

Su obra narrativa fue creada para la prensa periódica, salvo su primer volumen de cuentos "El crimen del otro" de 1904, donde se puede apreciar la influencia de Poe.

En Buenos Aires sería profesor de varias escuelas mientras en 1901 publicaba "Los arrecifes de coral", breve colección de poemas y prosa poética de tendencia modernista, hasta que se enganchó como fotógrafo en un viaje organizado por Leopoldo Lugones, con destino en Misiones. Algo allí lo atrapó, como si hubiera identificado la espesura de la selva con la maraña de su alma atormentada.

Con una alumna porteña Ana María Cirés fundó su primera familia en San Ignacio, entre 1909 y 1916 sobre casi 200 hectáreas rodeadas de selva. Lugar paradisíaco donde nacieron sus dos hijos Eglé y Darío pero que su esposa no pudo soportar suicidándose con veneno. No admitió jamás la  postura de Quiroga,   contraria a la sabia  teoría de Platón sobre  la sociabilidad natural del hombre. "El hombre es un animal social (zóon politikon), es decir que necesita de los otros de su especie para sobrevivir".

Aunque la pérdida de Ana María lo marcaría para siempre, los años fueron  serían de relativa tranquilidad. Conoció algo de bienestar económico que siempre le fue esquivo; cultivó amistades en Buenos Aires como las de la poetisa Alfonsina Storni o las escritoras Emilia Bertolé y Norah Lange.

Publicó "Cuentos de amor, de locura y de muerte", "El salvaje" "Anaconda" y "El desierto". Paralelamente publicaría en "Caras y Caretas" numerosos artículos sobre una suerte de destierro o exilio en la selva misionera.

En el año 1927 casose por segunda vez con María Elena Bravo, una compañera de liceo de su hija, a quien le llevaba casi medio siglo de vida, abismo generacional que seguramente profundizó ese sentimiento oceánico de incomunicación.

Ambas, su mujer y su hija otra vez le devolverían el riesgo y la intensidad del paisaje pero no la aceptación, pues un día lo abandonaron para volver al ruido, el movimiento y las luces porteñas.

En 1936 se sintió enfermo y le pronosticaron cáncer de próstata y el 18 de febrero de 1937, luego de estar internado en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, se suicidó inyectándose cianuro.

Fue velado en la Casa del Teatro y los pocos asistentes que había en la ceremonia eran escritores, y todos peleados entre sí. Leopoldo Lugones al hacerse presente diría: "Todavía me cuesta creerlo. Un hombre tan entero venir a eliminarse con cianuro, como una sirvienta". Un año después, Lugones haría lo mismo.

El cine argentino registró el filme "Prisioneros de la tierra", dirigido por Mario Sóffici en 1939, basado en cuentos de Quiroga.

 

Bibliografía:

Pintos Guillermo:"Amor, locura y muerte". Revista Nueva, 1995.

Pellegrini N. L: Microbiografía de Horacio Quiroga. Diario La Capital. Rosario,1996.

 

Quiroga Horacio. Calle. Topografía:

Corre de E. A O. Desde 100 hasta 399 a la altura de Av. Nuestra Señora del Rosario 400Bis. Brazo Norte del arroyo Saladillo.

Se le impuso ese nombre por D. 21924 del año 1958.

Recuerda al escritor Horacio Quiroga ( 1878 – 1937), autor de cuentos alucinantes sobre la selva misionera, donde vivió entre 1909 y 1916 y entre 1931 y 1936.