QUINTANILLA DE ALVEAR CARMEN

 

Hallábanse en España, a principios del siglo XIX, muchísimos hombres rioplatenses como San Martín, Zapiola, Anchoris, Chilabert, destacándose Carlos María de Alvear que al decir de sí mismo era considerado centro de las relaciones íntimas de todos los americanos dispuestos a defender la causa de la libertad.

Alvear vivía en Cádiz  y en  la Península al igual que San Martín, sirviendo en los ejércitos reales durante la guerra contra los franceses. Pocos los  igualaban en su bravura y menos aún en su postura.

Nuestro patriota, dueño de un porte fino y varonil causó impacto en  la bellísima Carmen Sáenz de Quintanilla, natural de la ciudad de Jerez de la Frontera, hija legítima de don Juan Sáenz de Quintanilla, contador de millones de Burgos  (expresión muy hispánica por entonces) y de doña Joaquina de Camacho- según explicita Gregorio F. Rodríguez en su Historia de Alvear.
 
 A fines de setiembre de 1811 con su joven esposa partió  rumbo a Londres a fin de  reunirse  con un contingente de hombres dispuestos a abordar la fragata Canning que los traería a Buenos Aires en marzo de 1812.

Lo que no sabían los viajeros era algo que iba asombrarlos en el desembarco. Al carecer de puerto, debieron transbordar a una canoa que los acercó a la orilla para luego subirse a unos carros de ruedas muy altas y fuertes que los dejaría por fin en tierra firme.

La amistad que en Europa trabara Carmen con San martín, José Matías Zapiola, Eduardo Holmberg y otros, sirviéronle para ser recibida con aprecio y verdadera simpatía por la sociedad de entonces.

Desde la última etapa del virreinato se habían difundido la moda – existente en Francia desde el siglo XV, como concepto de diversión privada – de "los salones o pícaras veladas junto al piano”, que en el pequeño universo porteño se llamó  simplemente  "las tertulias".

La sociedad en general de Buenos Aires era acogedora: así después de ser presentada formalmente una persona a una familia, se consideraba completamente aceptable dentro de la etiqueta visitarla a la hora que considerara  más conveniente, siendo siempre  bien recibida, obvio que la noche como  hora de  tertulia sería la más acostumbrada.

La familia se congregaba  en la sala llena de visitantes donde las diversiones consistían en conversar, valsear, contradanza española, música de piano y  algunas veces canto.
A doña Carmen Quintanilla de Alvear con sus dotes personales y esmerada educación le fue fácil demostrar en esa elite, la distinción de su linaje.

Acompañada de su apuesto y elocuente marido sería asidua concurrente a las tertulias en lo de los Escalada, hogar tradicional, en el que una de sus  hijas se casaría  con el coronel don José de San Martín. 

Jorge Myers en "Sociablilidades" en "Historia privada de la Argentina". Pág. 120, alude: "En esas reuniones los concurrentes revalidaban sus títulos de pertenencia a la elite, y tejían lazos de sociabilidad que por su mismo carácter informal tendían a ejercer un influjo poderoso en la nueva vida del nuevo Estado. Las dueñas de casa, podían ejercer su influencia no siempre sutil, sobre los protagonistas de aquel espacio público del que estaban formalmente excluidas, el de la política".

Para esas damas, las reuniones privadas ofrecían una oportunidad y un medio por el cual hacerse oír - respecto del destino de los hijos y maridos en primera instancia, pero también respecto de la marcha de los asuntos generales del Estado. -

Doña Carmen a pesar de ser española de pura cepa, apoyaría a su esposo para que entrase en el teatro activo de la revolución.

Nos dice el historiador Adolfo Carranza: "y desde entonces arraigada en nuestro país participó de los honores y congratulaciones que fuera objeto su marido en los días de gloria que obtuvo en Montevideo e Ituzaingó, en la época placentera que ocupó el poder y en los tiempos agitados en que las pasiones políticas le mantuvieron en aventuras y campañas tan censurables como desgraciadas, como aconteciera  en audiencia a Estados Unidos del Norte de la que no volvió". Sólo retornó su cadáver.

Doña Carmen Quintanilla continuó protegiendo a sus hijos  rodeada del prestigio de su pasado, animando su hogar con gratos recuerdos y generosas relaciones hasta su muerte acaecida el 31 de marzo de 1867.

 

Bibliografía:
Rodríguez Gregorio F: "Historia de Alvear". Tomo I. Editora MendesKy e hijo. Bs. As.1913.
Devoto Fernando y Marta Madero: Historia de la vida privada de la Argentina. Tomo I. De la colonia a 1870. Edit. Aguilar, Taurus y Alfaguara
S. A. Buenos Aires.1999. Pág. 120.

Quintanilla. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. desde 600 hasta 699, a la altura de Santa fe 3500.
Carece de designación oficial.
Recuerda a Carmen Sáenz de Quintanilla, esposa del guerrero de la Independencia, Carlos María de Alvear.