QUINTANA HILARIÓN DE LA (1774 – 1843)

Nos dice el historiador Daniel Balmaceda en su obra “Estrellas del pasado”, pág.57:”A comienzos  de la década  de 1820, Martín Rodríguez, gobernador de Buenos Aires, tenía un adversario concreto, el caudillo entrerriano Pancho Ramírez más un club de enemigos exiliados en Montevideo. Estos solían reunirse en casas particulares para jugar al billar y confabular.


Pero no nos ocuparemos de las intrigas, sino de un hecho que tuvo lugar en el verano  de 1821. Alvear (31 años) y Tomás de Iriarte (26) resolvieron aprovechar el horario de la tardecita en que cede la más  alta temperatura para pasear por las afueras de Montevideo, más allá de la muralla que protegía  la ciudad.


Camino al portón, pasaron por el Café del Fuerte y Alvear tuvo la idea de entrar para ver a Hilarión de la Quintana, militar veterano de las Invasiones Inglesas, del Ejército de los Andes, edecán de San Martín (era su pariente político) y asiduo cliente  del boliche”.

 

Guerrero por naturaleza, tuvo bien ganada fama de hombre leal y ecuánime, sin que ello fuera en desmedro de sus energías de luchador, fuerza que empleaba cuando las circunstancias se lo exigían.


Nacido en San Fernando de Maldonado en la actual República Oriental del Uruguay, el 21 de octubre de 1774, se  inició en la carrera de las armas  a los diez años  en calidad de cadete, convirtiéndose diez años después en teniente del Regimiento de Dragones de Buenos Aires.


En 1807, la flota británica arribó a Buenos Ares, dispuesta a no perder el suculento bocado rioplatense, -  puerto estratégico donde los ingleses querían traficar sus abultadas producciones -  al mando del Teniente General John Whitelocke.


En esta oportunidad, ya estaba Don Santiago de Liniers, como Capitán de Navío español y Virrey de Buenos Aires.
La invasión  se inició el 28 de junio,más después de una derrota argentina en los Corrales de  Miserere (hoy Plaza Once) Liniers se replegó a la Chacarita, reorganizó se ejército compuesto por mi hombres y lanzándose a la reconquista venció al invasor inglés.
El Teniente General Whitelocke, sitiado por los criollos, se rindió con todos sus soldados y armas.

 

De la Quintana como primer ayudante de Liniers sería, el oficial encargado de transmitir al Jefe  inglés las condiciones de la rendición.

Enviado más tarde a España con pliegos del Cabildo, a causa del conflicto desatado entre Liniers y Goyeneche, se encontró al arribar a Madrid que las fuerzas de Napoleón habían ocupado la ciudad y a su regreso otra novedad lo sorprendería: el estallido del Movimiento de Mayo.


Múltiple fue su accionar militar en ese lustro,  actuando en 1812 en  Entre Ríos  con el Regimiento de Pardos y Morenos, participando en el sitio de Montevideo e interviniendo en la batalla del Cerrito.


Designado en 1814 gobernador de Tucumán y después de Salta, siguió la suerte del ejército patriota al mando de Rondeau asistiendo a la desastrosa derrota de Sipe – Sipe, más colaborando en una temeraria acción del  capitán Mariano Necochea.


En 1816 se incorporó al ejército de los Andes. Después de Cancha Rayada  se le asignó el cargo de Mayor general asistiendo a las batallas de Chacabuco y  Maipú. Un brillante desquite que aseguró la independencia chilena.


Arribó después de  la batalla de Cepeda (1° de febrero de 1820)  que significó  la ruptura entre las provincias y Buenos Aires y el fin del Directorio.


Momentos en que los caudillos encarnaban las aspiraciones provinciales y populares  contra el centralismo porteño.los sucesos políticos convulsionados llevaron a Quintana  a reemplazar al gobernador Sarratea en su ausencia, siendo uno de los firmantes de la intimación del general Soler al  Cabildo, fechada en el puente de Márquez.


El 2 de mayo de 1820 ante la renuncia de Sarratea, la Junta de Buenos Aires entregó el mando a Ildefonso Ramos Mejía, estanciero apolítico,  y sería Quintana su ministro de Guerra, corta actuación porque el 20 de junio entregaría  el bastón de mando al Cabildo.


Mezclado en ese entrevero político, acompañó a Dorrego a la toma de San Nicolás, primer encuentro entre éste y  el caudillo López;  interviniendo posteriormente en la acción a orillas del arroyo   Pavón, donde la montonera de López sufriría un nuevo descalabro.


Después de la derrota de Dorrego en Gamonal,  y de la firma del tratado de paz en la quinta de Benegas entre Buenos Aires y Santa Fe (setiembre de 1820)  otra vez De la Quintana regresó a la orilla rioplatense.


Sin retaceos para los momentos difíciles, arribó a 1828,  año nefasto para sus sueños de libertad, año en el que  perdería la vida  su aliado Manuel Dorrego por orden de Lavalle.


Después de prestar otros servicios a la causa de la independencia los dolores de reuma le obligaron a pedir  la baja  del ejército, regresando a Buenos Aires con la salud en general  muy quebrantada.


Continuaría su existencia en franco descenso hasta terminar sus días en el más pobre olvido, en el Hospital de Hombres, en 1843.


Han pasado más de doscientos años de su desaparición y su nombre no brilló aún en el catálogo de los Beneméritos de la Patria (aunque su origen fuese uruguayo).

 

 

 

Bibliografía:

Levene y Levene Ricardo (H) en Historia argentina. Tomo III. Edit. Omeba. Buenos Aires. 1978.

 

Quintana Hilarión de la. Calle. Topografía:

Corre de E. a O. entre las calles Ntra. Sra. Del Rosario y la calle Sánchez de Bustamante, desde 100Bis 4099, a la altura de Ayacucho 3800, Ovidio Lagos 3800.

Se le impuso ese nombre por O. 25 del año 1920, ratificado por D. 21.924 del año 1958.

Recuerda a Hilarión de la Quintana (1774 – 1843) notable guerrero de la Independencia.