Roberto Cinti en la revista Nueva dice: “En Tucumán floreció una de las más importantes culturas indígenas de la Argentina. Miles de viviendas y defensas abandonadas quedan como testimonio de su gloria y de su martirio”.
Los quilmes pertenecieron al gran tronco diaguita o calchaquí, identificados con una lengua “el cacan” y una organización socio – política y cosmovisión comunes.
Su habitat estaba enclavado en los 4.200 metros del cerro de Quilmes o del Cajón dominando la vasta región desértica de Yocavil, en el noroeste del Tucumán.

En su historia de la Conquista, el padre Pedro Lozano, sostiene que “los quilmes no eran nativos de los valles calchaquíes sino que habían venido del norte para escapar del dominio incaico”.
Los testimonios arqueológicos demuestran que serían vasallos del Inca entre 1480 y la caída del Cuzco en manos de Pizarro.
A tal punto sería su feracidad que Alonso de Mercado y Villacorta, gobernador colonial de Tucumán, tras dominar el último de sus alzamientos llegó a fortificar su metrópoli.
Varias fueron las tentativas de sitio y asedio, pero al final prevaleció el fracaso quilmeño debido al cambio de táctica de ofensa hispánica, trasladando el uso de las armas a la falta de alimentos. Pudo más el hambre que los arcabuces.
Explica el padre Lozano que este grupo tribal derrotado, fue trasladado a una región del área bonaerense debido a que la Real Audiencia de Buenos Aires había dispensado favores al gobernador de Tucumán durante la guerra calchaquí.
Unos mil ochocientos indígenas, según los cálculos del antropólogo Miguel Angel Palermo, marcharon lastimosamente al destierro en 1665, otros cientos fueron integrados al sistema de encomiendas, mitas y yanaconazgo por el clero, la milicia y el Cabildo, sólo setecientos cincuenta arribaron al término de 1666.
Se los ubicó en una suerte de estancia del entonces Pago de la Magdalena, a tres leguas sur, de lo que hoy es puerto de nombre homónimo.
La reducción fue denominada Santa Cruz de los Quilmes - transformándose con el correr de los siglos, en la actual y febril ciudad de Quilmes - .
Sobrevivieron en la nueva geografía criando ganado cimarrón, recogiendo frutos y sembrando en el llano, maíz y papa, consecuentemente añorando aquel territorio propio de los cerros, donde dejaron en esos senderos empedrados restos de fortalezas, viviendas y terrazas de cultivo, que aún sobreviven al paso de los siglos.
Al pie de las faldas que miran al sur del cero tucumano de Quilmes o del Cajón arrancan las ruinas de aquellos antiguos señores. Lugar que Samuel Lafone Quevedo, hispánico pionero de nuestra arqueología, las comparó con un panal de abejas y, para su asombro, le resultó más accesible desplazarse a caballo sobre sus paredes, de hasta un metro y medio de ancho, pareciéndole calles.
Pero su recorrido no fue más allá de una corta estancia y la verdadera exploración sistemática quedó para Juan Bautista Ambrosetti, quien un día de principios de siglo XX, acampó en medio de las pircas, con buena provisión de agua y muchos interrogantes.
Sería el verdadero descubridor del mayor centro poblado argentino en tiempos indígenas. La ciudad propiamente ya ruinosa, sobre la base del cerro extiende su kilómetro cuadrado de edificios rectangulares, silos circulares, plazas, callejas, bóvedas funerarias y morteros públicos. Al sudoeste de esa estructura aparecen los restos de una represa que permite descubrir, sería el almacenamiento y provisión de agua potable mientras en la cumbre, un refugio de piedras, inexpugnable, seguramente sería el aguantadero en caso de invasiones hispánicas, desde donde los quilmes encumbrados y amparados en una lluvia de piedras y flechas dominarían la defensa convirtiéndose en tribus invencibles.
No por nada las crónicas coloniales los pintan como la nación calchaquí más indómita y belicosa, que cobijados por una geografía escabrosa desafiaron al invasor durante ciento treinta años. Usaron sagazmente su espíritu de independencia hasta caer de rodillas en el siglo XVII.
Bibliografía:
La expuesta en el texto.
Cinti Roberto: “Quilmes” en Revista Nueva. N°151. Junio de 1994.
Quilmes. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. desde 00B hasta 99Bis, a la altura de Chacabuco 2200.
Se le impuso ese nombre desde la apertura del pasaje, ratificado por Ord. 1.578 del año 1961.
Recuerda a la parcialidad de indios que habitaron durante la conquista la región tucumana del cerro de Quilmes o del Cajón.