QUICUYO

En el idioma guaraní, la palabra “quicuyo” significa riachos y arroyos.


Las aguas de escenarios distintos, de geografías distantes de un mismo país simbolizan su controvertida naturaleza.


Casi todos los riachos y arroyos que serpentean l la geografía argentina tienen sus misterios, vida, paisajes e historias propias del área en que están insertos.


En la región puneña del noroeste los escasos cursos de agua son insignificantes en el aspecto paisajístico pero importante en el sentido utilitario ya que significan fuente de vida para los lugareños.


En efecto, los llanos del altiplano flanqueados por montañas son cuencas endorreicas sin drenaje ni desagües y en sus depresiones sobreviven, al igual que los primitivos habitantes, muchas veces enfrentando la aventura terrible de la falta de agua y oxígeno.


En el extremo opuesto, el Nordeste, la selva se ve cortada por arroyos de aguas abundantes, originados en el cordón de las bajas serranías, los que confluyen en grandes brazos que volcarán sus aguas en el cauce del Paraná, el Uruguay y sus tributarios.


En el centro del país, en la región serrana, las elevaciones parecen emerger de la gran llanura pampeana y son una sinfonía: mezcla de alturas, llanos, valles y bolsones con arroyos que son verdaderos espejos de agua.


Las frecuentes formaciones  rocosas no muy altas, les dan a los cursos de agua, una pintoresca fisonomía, al correr entre bloques de piedra forman rápidos y cascadas alternando con remansos donde el líquido anula notablemente su velocidad.

En cuanto a los arroyos de los bosques de los contrafuertes andinos, por las abundantes lluvias se escurren por cumbres y laderas, donde las aguas corren montaña abajo y al chocar con abruptos relieves forman rápidos, saltos y cascadas rumoreantes.


La estepa patagónica cercana con declive hacia el océano, rivaliza con la Puna por su aridez.


Ya Darwin en su aventura científica allá por 1833 explica: “Al rememorar imágenes del pasado, con frecuencia veo pasar ante mis ojos las planicies de la Patagonia. Sólo pueden ser descriptas con caracteres negativos: sin habitación, sin agua, sin árboles, sin montañas, apenas sostienen una pocas plantas enanas”...


Hoy, algunas cubetas naturales contienen aguas salitrosas y las escasas de agua dulce suelen tener un denso tapiz rojizo.


En cuanto a los riachos del litoral, Santa Fe y Buenos Aires son verdaderas serpentinas que hienden su forma en el suelo caprichosamente, van y vienen, se retuercen, dan vueltas y revueltas, se pierden, a veces son profundos trazando diagramas que cortan parcelas de terreno y campos libremente (muchas veces inundándolos).


El Dr. Gabriel Carrasco en su obra “Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Fe”. Buenos Aires 1886, hace referencia a los cursos de agua santafesinos de esta forma: “Al Sud del Carcarañá cesan las corrientes de importancia y sólo presentan algunos arroyos que llevan al Paraná el exceso de aguas pluviales.


Tales son: el de las Saladas, que limita el terreno de la colonia Jesús María, el del Ludueña dos leguas antes de Rosario, el Saladillo dos leguas más debajo de la ciudad, los de Frías y Seco (al Sur de Rosario), el de Pavón y por último el arroyo del Medio que forma el Límite con la provincia de Buenos Aires)”.


 La zona comprendida al Sud del Carcarañá, a doce o quince leguas del Paraná, no teniendo bastante declive para originar arroyos, forma numerosas cañadas y lagunas como las de Melincué, Pedernal, Cardoso, Chañar y otras muchas de menor importancia con base elevada y por ello contribuyen a esparcir abundante el agua, elemento vital y fuente de todo progreso y prosperidad.


La provincia de Santa Fe, en efecto está dotada de numerosos cursos de agua menores, arroyos y lagunas que formando sinuosidades y curvas facilitan su aprovechamiento.

 

Bibliografía:
“El gran libro de la Naturaleza argentina”. Publicación distribuida por la Agrupación de Diarios del Interior. S.A. Junio 1995.

Quicuyo. Pasaje. Topografía:
Corre de N. A S. desde 100 Bis al 199 Bis, con salida a calle Page, paralelo a calle Abanderado Grandoli.
Se le impuso ese nombre por D. 4667 del 16 de setiembre de 1977.
“Quicuyo”, vocablo guaraní que traducido literalmente significa “agua de lluvia juntada” refiriéndose a riachos y arroyos.