PUEYRREDÓN JUAN MARTÍN DE (1877 – 1850)

Cuando Migue Cané  traza su carácter y su figura  se detiene a señalar: “Su estatura, su elegancia, su ecuanimidad y asegura que nació destinado a representar en las luchas contra el extranjero y aún en las sacudidas de la patria, el tipo del patricio criollo, emancipado de la situación servil que avasallaba y modelado para la acción que se imponía a la balbuciente democracia colonial”.


Nacido en una casa de la actual calle porteña Reconquista, a pocos metros de la Plaza Mayor, hoy Plaza de Mayo, el  18 de diciembre de 1777, ingresó en el Real colegio de  San Carlos, donde serían sus condiscípulos Pedro Agrelo, Juan Francisco Seguí y Julián Agüero, que habrían de tener después, al igual que él, un importante lugar en nuestra historia.

Fallecido su padre 1796, quien había sido importador de manufacturas europeas en el Río de la Plata, Juan Martín viajó a Cádiz a ejercitarse en contabilidad, teneduría de libros, especializándose en exportación e importación.

En la península, no pudo pasar inadvertida su prestancia, dedicado a cuidar con esmero las delicadas urbanidades del trato social, templado, y más bien grave. Más  franco y ameno en la intimidad de su familia española seguramente impresionaría sobremanera a su prima Dolores, con quien compartió un impetuoso amor.

Años después a bordo de La Humildad viajaría de regreso al Río de la Plata, pero sin su novia por no exponerla a la epidemia de viruela que asolaba Buenos Aires. La salubridad de la ciudad adolecía de graves deficiencias a fines del siglo XVIII.

Volvió  a España para contraer enlace para después regresar a principios de 1804 rumbo a América.


Lástima que el destino les fuera adverso, pues el 27 de mayo de 1805 Dolores entregaba su alma a Dios.

 

Al igual que a San Martín, ambos perderían a sus esposas muy jóvenes y ambos de ahí en más,  dedicarían su vida a servir a la Patria. 

 

Nos ilustra González Arrili: “Con Castelli habían trabajado juntos desde un lustro o más, antes de Mayo. En los informes policiales del virrey y en las noticias que salían en cada barco hacia la Corte, se mencionaban los conciliábulos  entre don Juan Martín y la peligrosidad de su amigo  - el abogado particular -  suerte de energúmeno aborrecido por los españolistas”.

 

Después de su activa participación en las invasiones, con el aporte de caballada y preparación de hombres para la Reconquista, luchando y poniendo en riesgo su vida, el Cabildo lo envió  a Madrid.

 

De vuelta al Plata en 1809 el gobernador de Montevideo que ya tenía noticias de quién era el señor de Pueyrredón, lo puso prisionero, y después en el cuartel de Patricios también fue preso, de donde logró fugar con ayuda de parientes y amigos.

 

En la brevedad de sus tres años de gobierno como Director   Supremo (1816 – 1819 Pueyrredón ejerció una influencia tan definitiva para los destinos de la Nación, que muy pocos gobiernos posteriores pudieron igualarlo.

 

La gravedad de los escollos que debió afrontar y que determinaron algunos fracasos de trascendencia le quitarían brillo en la historia patria al éxito de su principal objetivo: “Realizar en los hechos la independencia solemnemente declarada en el Congreso de 1816”.

Porque el propósito consciente y confeso de Juan Martín de  Pueyrredón, era imponer al país un supremo esfuerzo para materializar, a través del brazo y la mente de San Martín, la liberación de Chile y la expedición al Perú.

Esfuerzo éste  que requería unidad política, sacrificios financieros y efectividad militar. Para lo último confió  plenamente en San Martín y le otorgó el máximo respaldo, para los otros dos fines usaría la diplomacia y la fuerza de su autoridad cuando aquella fracasaba, imponiendo al país una conducción casi dictatorial, aún funcionando dentro de una estructura legal, como sería castigar las fortunas con empréstitos y gravámenes y frenando las expresiones de oposición.

Ya existían tensiones regionales, alimentadas  por los cambios sociales y las variantes económicas pero aún los movimientos de los caudillos todavía no estaban maduros y ello lo ayudó  a cristalizar sus ideas libertarias.
Más “los federalistas” traerían revoluciones, motines, alzamientos y odios trágicos a partir de 1820. El país cayó en el despotismo. Pueyrredón se convirtió en una sombra siniestra para la tiranía.
Como hombre de Mayo sería execrado por Rosas y vivió exilado en Francia por más de veinte años.

Asevera González Arrili: “Don Juan Martín regresó, como obedeciendo al llamado telúrico, para morir el 13 de marzo de 1850, en su chacra llamada del Bosque Alegre, en San Isidro.”

 

Bibliografía:

Béccar Varela Adrián. “Juan Martín de Pueyrredón. Buenos Aires.1924

Lafuente Machain, Ricardo de: Documentos referentes a Pueyrredón. Sociedad de Historia Argentina. Anuario 1839. Buenos Aires 1939.

Mansilla Lucio: Mis memorias. Hachette. Buenos Aires. 1955.

 

Pueyrredón. Calle. Topografía:

Corre de N. a S. entre las calles Santiago y Rodríguez desde 100 Bis hasta 1600 – 26006100; a la altura de Córdoba 2400; Bv. Seguí 240; Av. Arijón 2400.

Se le impuso ese nombre desde su apertura, ratificado por Ord. 3 del año 1905.

Recuerda a Juan Martín de Pueyrredón (1777 – 1850), Director Supremo del Río de la Plata desde cuyo cargo apoyó decididamente a San Martín para el Cruce de los Andes.