PROGRESO

Las calles de Rosario no siempre se llamaron  como se las conoce. Por el contrario, la mayoría perdió sus nombres originales, surgidos de los rasgos físicos y utilitarios de esos caminos incipientemente urbanos o de vecinos destacados, a favor de la evocación de acontecimientos o figuras históricas. En algunos casos, los nombres fueron tomados de los dueños de tierras y comerciantes más activos, más con el paso del tiempo si bien algunos quedaron, otros fueron cambiados dando lugar a debates polémicos.


Al respecto la historiadora rosarina Alicia Megías señaló en la necesidad que parece surgir a través del cambio de nombres en las calles de Rosario, en algunos momentos y cíclicamente, sirve para legitimar otras cuestiones, como la polémica rosistas y antirrosistas que tienen su nudo en una vieja discusión ideológica”. Para que quede muy claro citaré el caso de la calle que se llamó 25 de Diciembre, no por la Navidad, sino por la sublevación de  Rosario  contra Rosas ese día de 1851 y hoy se denomina  “Juan Manuel de Rosas”.

A tal punto resultó relevante la cuestión  para la “vapuleada memoria rosarina” que hacia 1903 el intendente Luis Lamas  encargó  ad hoc “Expresar el significado de los nombres de las calles y plazas locales para remediar la falta de ordenanzas y de archivos municipales  sobre el tema.

 

Después de investigar, la comisión  se expidió y editó 10.000 folletos para que la población conociera de donde venían los nombres” explicó el escritor rosarino Héctor Zinni, quien recordó que hubo mucho tome y traiga con las calles, y la propia comisión a veces encontró el origen y a veces no lo encontró”.

 

De todos modos hoy por suerte, la mayoría de los nombres de nuestras arterias homenajean no sólo a figuras relevantes de nuestra historia, sino a personajes fundacionales de la ciudad y de nuestra cultura.

Mitre que en  la segunda mitad del siglo XIX, se denominó Progreso, que bien podría llamarse “la calle de los teatros" pues tres salas vieron la luz sobre su extendido.

El  historiador  rosarino Rafael Oscar  Ielpi nos ilustra, en el fascículo “Entre divas y cupletistas”. Colección “Vida cotidiana” publicado por diario La Capital y auspiciado por Banco Bisel.


La ciudad de Rosario contó después a finales del siglo XIX con teatros que abastecían  con mayor o menor comodidad a los espectadores, con necesidades de recreación, de vida social y -¿por qué no de elevación espiritual de gran parte de la población?


En 1856 se inauguró un teatro muy rudimentario, "La Esperanza", el primero de Rosario sobre calle San Martín casi Santa Fe, cuyo telón  se levantó por primera vez el 21 de junio de 1857, pero por ser un caserón de madera  fue devorado por un incendio en 1868. Reconstruido  como Teatro del Litoral, pasó a llamarse de la Opera hasta su cierre definitivo en 1885. (Más siempre fue de carácter precario).

El primer teatro construido sólidamente y adaptado para  relevantes puestas en escena de grandes compañías líricas y teatrales afamadas mundialmente, sería el teatro Olimpo con el nombre de " PROGRESO " por estar ubicado sobre calle Progreso (así denominaba por entonces, la actual calle Mitre)  casi en su intersección con Urquiza, el que abrió sus puertas el 19 de febrero de 1871, y las  cerró en 1927.


Su impulsor Eugenio Pérez, fue un profesional que entusiasmó a algunos rosarinos, con la idea de dotar a la ciudad con una sala teatral acorde a sus inquietudes artísticas.

La venida  de las grandes divas de la ópera era también suceso, pero ninguno como el de Luisa Terrazini, una soprano insigne que enloqueció literalmente a los rosarinos.


Asimismo  se presentaron algunos de los grandes actores trágicos de fin de siglo:  Gustavo y Tommaso Salvini, Ermete Zacconi, ErmeteNovelli y Giovanni Grasso – cuya fama ha perdurado en el tiempo pese a los cambios expresivos y técnicos -  

 Fuerte competencia con el Olimpo el teatro "La Comedia” que  ubicado en la intersección de las calles Mitre y Cortada Ricardone comenzó en 1894 en un galpón circense. Primitivamente se dedicaría al género chico: "zarzuelas". Adquirido en 1909 por José y Francisco Erausquin, producen una serie de importantes reformas que lo adecuaron  a todo tipo de representaciones.   Reinaugurado en 1902.


La Comedia fue uno de los caminos eficaces donde Rosario pudo realizarse culturalmente.


El 2 de octubre de  1902 estrenó Florencio Sánchez su obra: "Canillita”. El suceso no hubiera  alcanzado otra trascendencia que la de un normal acontecimiento teatral, sino que en la obra, el autor rompió con los esquemas vigentes, reemplazando al héroe por el hombre común  con sus propias vivencias.


En la actualidad, felizmente la sala pertenece a la Municipalidad de la ciudad.


Un tercer teatro sobre calle Mitre sería el Nuevo Politeama ubicado sobre Mitre 750.


 En ese  predio donde se construyó, en 1899 fue habilitado  por su impulsor Pablo Rafetto, uno de los nombres imprescindibles de la historia del circo criollo.


Con anterioridad se  levantaba en ese pedio un gran galpón con una amplia platea y una fila de palcos alrededor de la platea y una gradería intermedia  entre la tertulia y el paraíso. Por ello fue denigrado en su época ”como un vasto galpón con pretensiones de teatro”.


Asiente Ielpi: “Cubierto con afiches de circo, el Politeama refrendaba su condición de sala popular.”


Actuó en ese teatro a comienzos del siglo XX el legendario  y elegante payaso inglés: Frank Brown- quien se hospedó por entonces  en el famoso “Hotel de France et Angleterre” (Hoy funciona en ese edificio el Liceo Avellaneda, calle Córdoba al 500)


A su vez  su escenario fue transitado por el  teatro nacional y con autores como Payró, Gregorio de la Ferrere, Trejo, Florencio Sánchez o Carlos Mauricio Pacheco.


Luego tomaría el nombre de  "Fundación Astengo" desde 1967 hasta la actualidad.

 

 Bibliografía:

La expuesta en el texto.

 

Progreso. Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. desde 5800 hasta 5899, a la altura de Pasaje Centenario 400.

Carece de designación oficial.

Recuerda al antiguo nombre de la actual calle Mitre.