PRADO ESPAÑOL

Tanto antes como después del Centenario la incipiente clase media más  los inmigrantes realizaban reuniones  con ribetes menos exclusivos como las diversiones de la clase pudiente de la ciudad.


Las romerías españolas convocaban en forma masiva  a la colectividad que encontraban en los pasodobles, jotas y otras danzas  junto a la gastronomía un buen motivo para recordar la patria lejana.


Nos informa el historiador Rafael Ielpi que “Romerías de magnitud eran las organizadas por el centro Navarro en el Recreo Echesortu hacia 1915, animadas por una rondalla  propia y “una banda  de música de dulzainas y clarines”.


El Prado Español constituyó en la década del 30 uno de los paseos clásicos  para los vecinos  del barrio Azcuénaga, aunque su fama se extendería por toda la ciudad, donde los
El predio era un lugar arbolado con una pista y un tinglado donde se bailaba música española, como  también argentina.


La entrada estaba en Larrea y Montevideo y se extendía hasta Felipe Moré.


Las fiestas eran organizadas todas las semanas por un club distinto y comenzaban muy temprano con los picnics.


La jornada era completa, empezaba  ceca de las siete de la mañana, con la llegada  de “Los alegres oresanos” (gaiteros) y terminaba alrededor de las 19.


Era el lugar obligatorio de la juventud y de la gente mayor,  españoles de distintas regiones que  se sentían de nuevo en sus pueblos, pequeñas aldeas de montañas, fueran  de Galicia, Asturias, Cantabria o desde cualquier lugar desde donde partieron un día en busca en un mundo mejor.


Se vestían de blanco de pies a cabeza, vestido, zapatillas o pantalón blanco y camisa del mismo color.


Se arribaba al recreo con el colectivo 59 que llegaba hasta la puerta.


Un vecino memorioso, Juvenal Fernández  expresa: “Los picnics de antes eran distintos, había carrera de embolsados, después había partidos de fútbol entre solteros y casados, además había cinchadas y piñatas. Íbamos a divertirnos durante el día  y después se iba a bailar.”


En el año 42 el Prado Español  fue loteado y con la compra daban  mil ladrillos para empezar a construir. Para ese entonces la calle Montevideo ya estaba pavimentada y había luz y agua corriente.


Se pagaban cuotas de $24 por mes, que era más o menos como el alquiler de la época.


Con el correr de los años las colectividades realizaron reuniones en salones  como el  Centre Catalá, el Centro Asturiano, la Agrupación Andaluza  , la Unión Española, el Club de Residentes Extranjeros en Córdoba y Maipú, aunque el más destacado era el Club Español que había sido  fundado en 1882.


Eran lugares donde asistían  gente para bailar  y donde el comportamiento estaba regido por códigos difíciles de transgredir.

Bibliografía:

Ielpi Rafael: “Recreaciones de ricos y pobres” a principios del siglo XX. Publicación “Vida cotidiana”. Rosario 1900 -1930.  

“La historia de Rosario desde la mirada cómplice de sus vecinos”. Diario “La Capital” en su edición del 24 de agosto de 1997.

 

Prado Español. Pasaje. Topografía:

 Corre de E. a o. desde 5100 hasta 5400, a la altura de Felipe Moré 1600.

Carece de designación oficial.

Recuerda  a un espacio de esparcimiento para los inmigrantes españoles en el barrio Azcuénaga, allá por 1930.