PICHINCHA

Asevera Héctor Zinny, autor de la obra “Rosario de Satanás” en una entrevista que le hiciera Daniel Briguet en la revista Vasto Mundo: “Pichincha no nació por generación espontánea. Toda ciudad portuaria tiene, generalmente, prostitución alrededor del puerto, Rosario no podía escapar a eso”.


Continúa:“Al principio había ranchos pero, como siempre sucede, cuando se va urbanizando la gente empieza a protestar porque quiere vivir una vida decente y las autoridades fijan un nuevo radio, porque la prostitución estaba oficializada. Usted ponía un prostíbulo como si fuera a poner un salón de ventas”.


Farmacias: Originales fueron en las cercanías del barrio de los burdeles, siendo un lugar para el encuentro amoroso, con anterioridad al establecimiento de éstos. En  la primera década  del siglo XX, ya existía la farmacia de Ulises Infante, inmediata a la esquina de las calles Suipacha y Salta. 

 
A medida que creció la población con la radicación de los prostíbulos se apresuraron otros farmacéuticos a ubicarse. Uno de ellos Esteban Rossi, dueño de la farmacia Lister ubicada en la esquina N. E. de las calles Pichincha y Salta.


Ya Roberto Arlt en uno de sus libros había sacado una cuenta, de cuanto salía poner un prostíbulo: "Le tenía que financiar una revolución y el prostíbulo era una buena vía, estaba incluso el “cafiolo melancólico” que le decía podemos hacer así y asá” y Arlt publicó todo eso en una novela.


La cuestión es que se fijaron los radios y si seguían una línea, podemos decir que era desde el puerto avanzando hacia la ciudad.


Ante la protesta de vecinos después  se fijó un nuevo radio, la antigua sección cuarta que tomaba el paredón de Weelright, Santiago, España y Salta.


Pero en realidad Pichincha prostibularia comprendía las calles Lagos, Salta, Francia y Güemes, incluyendo la calle que dio nombre al imperio “Pichincha” que después se llamó Ricchieri, volviendo hoy otra vez  a llamarse, el barrio Pichincha”.


Cuando se fijó ese radio, la fauna prostibularia se hubo  instalado en casas antiguas, que si bien no fueron  realmente Pichincha, fueron  una suerte de pre – Pichincha.


A todo eso,  con el andar de los años, el negocio fue tomando una prosperidad tal que entraron  a venir capitales de todos lados, hasta que  apareció  la tan mentada Zwi Migdal, que era una organización internacional.


Tenía sinagoga propia sobre calle Güemes, cementerio propio y Sociedad de beneficencia propia. En Baigorria están enterradas las mujeres por un lado y los hombres por otro, que tuvieron distintos roles en el mundillo de Pichincha.


A los rufianes  les entraban  cataratas  de dinero, con las que  compraban jueces, policías, políticos y funcionarios de la  Municipalidad. Todo se compraba, como lo hace  el mundo de la droga  en la actualidad.


Pero el negocio era legal, ya que compraban policías para que las pupilas no se escaparan, ni se quejaran por malos tratos.

 

 

 

Bibliografía:
La establecida en el texto, por Wladimir C. Mikielievich.
ZInny Héctor Nicolás: Rosario de Satanás.

Pichincha. Calle.Topografía:
Asevera Mikielievich: En 1905 por O. 3 tomó el nombre de Pichincha, el que duró hasta 1939, cuando la O. 5 la denominó Teniente Gral. Pablo Richieri.
El 23 de diciembre de 1948, por O. 461 se aclaró que el actual nombre de la calle es Ricchieri apellido correcto del militar.

 

NOTAS CURIOSAS PARA LOS ROSARINOS:

Describe el historiador Mikiekievich, refiriéndose a lamentables registros y modus vivendi de las polacas que existieron en Pichincha:

“Venéreas: A pesar de las revistas semanales a que se sometían las pupilas para controlar su estado de salud, era notoria la abundancia de infectadas de ladilla, ácaro que se combatía con Unguento del Soldado o Calomel. En cuanto a enfermedades, aparte de las corrientes purgaciones, los casos de aparición de chancros, crestas de gallo y bubones que daban motivo a serias preocupaciones, más cuando el chancro era “duro” anuncio de contaminación sifilítica.

Hedor: En días fríos y húmedos un hedor acre y característico se apoderaba de los ambientes prostibularios. Resultaba de la combinación del kerosene y del permanganato de potasio, entibiándose disuelto en agua, solución que usaban las prostitutas luego de servido el cliente* para desinfectar la parte sexual de éste y la propia. Para entibiar el líquido, en cada habitación funcionaba un calentador “Primus”.

El primer prostíbulo rosarino se levantó en 1919, alcanzando a ser diecinueve, pero tuvo poca duración, hasta comienzos de 1933.

 

ROSARIO Y LA HISTORIA SOBRE LA TRATA DE BLANCAS: "LA CASA DE MADAME SAFO"

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Nos dice Damián Cáneva que el edificio ubicado en Pichincha 68 bis es indisociable de la historia del barrio. “Es la historia del barrio. Si se habla de Pichincha se habla del Safó”, explica y recuerda que en las guías turísticas de Rosario se hace mención al burdel como una de las atracciones del barrio.

Nos dice Osvaldo Aguirre en el suplemento Señales La Capital, 5 de junio de 2005. “De los márgenes al centro de la historia de Rosario. Ese parece ser el recorrido del Madame Safo, ayer el burdel más célebre del barrio Pichincha y hoy sitio de culto de la memoria popular. El edificio declarado patrimonio histórico de la ciudad, se preserva con sus características originales y sigue siendo un lugar para el encuentro amoroso, convertido en un hotel alojamiento.

El prostíbulo de Madame Safó se terminó de construir en 1916, en el centro de la antigua zona roja de la ciudad. Es importante destacar que el proyecto original fue hacer un prostíbulo, no se trató de una casa adaptada a otros fines.


Los vitraux, las puertas, los pisos y hasta algún mobiliario remiten todavía a los primeros años del siglo pasado. “El edificio se construyó para hacer un prostíbulo y fue una réplica exacta de algunos burdeles franceses, algo único en Sudamérica”, contaba en esa nota el propietario del Hotel Ideal, Edgardo de la Horra.

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Se cree que este prostíbulo de Pichincha tomó el nombre de “Safo de Lesbos”, la poeta del amor lésbico y lo afrancesó el dueño de mismo, Jacques Plantier. Se pronuncia en la memoria popular Madame Safó.