PEYRET ALEJO (1816 – 1902)

El 27 de agosto de 1902 moría en Buenos Aires, a los 76 años Alejo Peyret. Al acto de sepelio asistió una calificada concurrencia encabezada por el presidente de la Nación, Julio Argentino Roca.

A su vez los principales periódicos de la época publicaron consagratorias notas necrológicas entre las cuales su discípulo F. A. Barrotaveña expresaría sentidamente: “Era Peyret de espíritu recto y expansivo, carácter severo y humanitario, un hombre bueno y fuerte y de vigorosa existencia...”

Cuando arribó al Río de la Plata  junto a Moussy, Amadeo Jacques y otros tantos huyendo del golpe de Estado de Napoleón III, con la mirada europea acostumbrada a los paisajes bucólicos domesticados por el hombre, las enormes extensiones horriblemente secas les resultaron extrañas.

Muchos de ellos quedaron atrapados en la metrópoli, que con casi 200.000 habitantes superaba largamente  a las demás  ciudades argentinas, aparte que todavía al no  existir  el ferrocarri,l las travesías en carruajes eran terriblemente extenuantes y temibles.

Tampoco Rosario deslumbraba a los extranjeros, porque hasta entonces,  había sido solamente un pueblo, una villa perdida en la geografía del país, la que  recién comenzaría a brillar después del  28 de agosto de 1852, cuando en virtud de la resuelta y enérgica conducta con la que había  quebrantado el poder del dictador Rosas, el general Justo José de Urquiza la declararía ciudad considerando también que por su posición geográfica llegaría a ser uno de los puertos comerciales más importantes de la República Argentina.

Peyret, descubierto por el triunfador de Caseros, de inmediato lo nombró profesor de historia en el colegio de Concepción del Uruguay,, haciendo que su capacidad intelectual se extendiera  hasta el Colegio Nacional Argentino de Paraná.

Al producirse un crecimiento económico en la región litoral por la valorización de las tierras y la expansión de la producción agropecuaria, comenzaron a  fundarse colonias agrícolas. Hechos que impulsaron a Peyret a organizar en 1856 la colonia San José en honor al presidente.

Fue el nervio motor de un grupo humano procedente de Francia y Suiza, desempeñándose durante seis años como  director, administrador, juez de paz, comisario  y presidente de la comuna de ese l pueblo.

Simultáneamente activó el puerto de Colón con el fin de utilizarlo como puerto de salida de productos destinados al mercado mundial.

Fue un genio creador de la convertibilidad de las chacras en “Jardines de aclimatación para semillas y plantas nuevas  y para el mestizaje de razas de animales domésticos, llegando en 1864 a industrializar el aceite de maní”
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Había    nacido  Peyret en un pueblito francés, llamado Paus, el 11 de diciembre de 1826. Su padre había sido un antiguo oficial de los ejércitos de Napoleón y su madre de familia noble   de la corte, doña Angélica de Vignancour.

Ingresó al Colegio Real de Pau en 1837, trasladándose después a París  donde en la Sorbona aparte de  ser instruido por grandes maestros  como Quinet y Michelet, adquiriría ideales libertarios como consecuencia de las guerras napoleónicas que habían producido a Francia  alteraciones y pérdidas diversas.

Participó en el movimiento revolucionario de 1848  y por el nuevo ataque  al régimen de Napoleón III, optó pocos años después  partir al Río de la Plata.

Al desmoronarse el segundo imperio francés en 1870, escribió un proyecto de constitución  para  la República Francesa, que envió a Thiers  en una fogosa carta.

En cuanto a su estadía en Argentina, cierta forma cansado de las intervenciones federales en la provincia de Entre Ríos  decidió aceptar el ofrecimiento que le hiciera Juan María Gutiérrez para enseñar historia en la Universidad de Buenos Aires.

Más apaciguados los ánimos regresó a Concepción del Uruguay, donde escribió un tratado de Historia Contemporánea, obra que lo consagraría como estudioso de la  filosofía de la historia.

Creada la cátedra de “Historia de las instituciones libres” trabajó en ella por más de 5 años, hasta que el mundo porteño requeriría de sus capacidades para formar alumnos en historia y formación cívica.

Nos dice Cutolo:”Instalado en Buenos Aires, Peyret se ganó el respeto de sus discípulos por su serenidad y talento, en su referencia  que los hombres deben ser constructores de su propio destino.
Con su notable contracción de maestro  se consagró  al pronunciar la conferencia: ”Ojeada general sobre la historia de la libertad”  de gran contenido sobre el amor que los jóvenes deben sentir por la libertad, la justicia y el derecho de los pueblos”.

En su multifacético quehacer, al ser designado Inspector General de tierras y colonias, durante  la travesía de Córdoba a Tucumán escribió la obra: “Una visita a las colonias de la República  Argentina” (1889) donde evoca el paisaje agreste de nuestro país, monótono  donde sólo se ven los retratos del general Roca y del presidente Juárez Celman.

Síntoma evidente que la propaganda política no ha variado demasiado con el paso de los siglos.

En honor a la verdad, este notable francés  legó a nuestra patria, a la que adoptó como propia,  un enorme caudal de saberes aleccionadores, con visión de futuro.

 

Bibliografía:
Gatti Carlos J: “El centenario de la colonia San José y la personalidad civilizadora de don Alejo Peyret”. Buenos Aires. 1957.
Macchi Manuel E: “Formación y desarrollo de una colonia argentina: Caseros de Entre Ríos. Paraná 1977. Pág.47 y sig.
Libermann José : “Un precursor agrario” en Cartas de lectores de La Nación. Buenos Aires,1994.

 

Peyret. Pasaje. Topografía:
Corre de E. a O. desde 3.100 hasta 3.299, paralelamente  a calle Salvat.
Se le impuso ese nombre por D. 4671 del 16 de setiembre de 1977.
Recuerda a Alejo Peyret (1826 – 1902) profesor, escritor e impulsor de la colonización en nuestro país.
Organizó la colonia San José en Entre Ríos donde aplicó programas agropecuarios con visión de futuro.