PERLITA

Sin ánimo de detenernos en la historia de Mar del Plata, la pequeña villa de pescadores cuyo destino la convertiría con los años en la primera ciudad balnearia de nuestro país, vale la pena recordar algunos hechos de su historia, como proceso de crecimiento y transformación de pueblo en urbe.

El gran sueño de los pioneros y constructores de Mar del Plata – los Peralta Ramos, los Luro y los Zubiaurre – fue hacer de aquel villorrio una estación balnearia aprovechando la belleza de sus playas.

Pero ese sueño no tuvo principio de realización hasta la llegada del primer tren, ramal Maipú – Mar del Plata en  1884 bajo la presidencia del general Roca  a instancias del gobernador de Buenos Aires, doctor Dardo Roca, quien sería el primer mandatario importante llegaba al lugar. Rocha fue quien interesó a Mr. Guillermo H. Moores, gerente del Ferrocarril del Sud en prolongar la línea  ferroviaria hasta el mencionado balneario.
 
Facilitado el acceso, la primera temporada veraniega fue en 1887, cuando un reducido núcleo de familias distinguidas y pudientes, algunas con experiencias de balnearios europeos, inauguró con su presencia el Grand Hotel,  aunque no habrían trasladado a la incipiente ciudad balnearia, las costumbres rumbosas del Viejo Mundo.

Sobrio, cuadrado y chato, de paredes y cortinados blancos , camas de hierro y pantallas verdes, la estructura respondía ala proyección que Pedro Luro había hecho de la ciudad. Parecía un cuartel chato y dilatado, rodeado de un muro a cuyo pie corría una estrecha vereda de ladrillos, en medio de  la vastedad del mar  y  la soledad de los campos.

El único lujo era la vajilla de plata y cristal. La vida en su interior era sencilla y los huéspedes pertenecientes al mismo círculo social de Buenos Aires no vestían  en forma ostentosa , usando la mujer una matineé de seda o de batista de colores claros.

En la playa unas pocas casillas pequeñas de madera se destinaban a los bañistas. Las familias con sus amigos se bañaban vestidos  en grupo, a la caída del sol, pero jamás se hacía sociedad como ahora en trajes de baño.

El vestuario masculino compuesto por trajes claros y sombreros de paja. En cuanto alos trajes de baño, el “calzón corto” era mucho más audaz que el de las mujeres y las primeras  pantorrillas desnudas constituían una novedad.

Para protegerse del sol, las damas usaban grandes capelinas de paja de Italia envueltas en leves velos blancos y sombrillas. Así se cuidaban del sol en aquélla época, como del peor enemigo. Conservar la blancura  significaba un sello de clase.

Entre las diversiones prevalecía tomar fotografías por un fotógrafo que usaba magnesio para su impresión o bien cosechar almejas en los murallones. A tal punto la playa era considerada como una propiedad privada que se realizaban almuerzos bucólicos tendiendo grandes mesas frente al mar servidas por criados con guantes blancos, e  indefectiblemente  a las cinco saboreaban la merienda que habían llevado en canastas de mimbre.

De noche en el hotel era costumbre escuchar la voz de alguna niña acompañada con el sonido de un piano, aunque tempranamente todo el mundo se dirigía a sus habitaciones.

Como algo excepcional, las noches de luna, damas y caballeros en la explanada que se extendía frente al hotel, jugaban los más jóvenes al gallo ciego o a la ronda catonga.
      
Al año siguiente la inauguración del Gran Bristol Hotel, imponente en su estructura desplegando lujo y confort , aplastó al primero, levantado en 1887.
        
Perlita, aquella primitiva, pequeña y rocosa playa se convertiría con el corre de los años en la extensa playa La Perla, un eslabón de un inmenso encadenamiento de balnearios, que se extienden en la actualidad desde el monumento a Alfonsina Storni hasta o más allá del faro de Punta Mogotes.
Constituyen complejos cada vez más sofisticados y funcionales, con sistemas de carpas, vestuarios propios, negocios, y restaurantes.
       
El mar  de la Feliz, aunque de aguas frías  con sus olas envolventes en convulsiones titánicas ejerce una  mágica  sensación de placer en el ánimo de los turistas.

 

Bibliografía:
Mikielievich Wladimir C: Diccionario de Rosario (Inédito).
Andrea Orozco y Valeria Dávila: “Modas y costumbres en los balnearios”. Revista “Todo es historia”. N°391. Febrero 2000.

Perlita. Cortada. Topografía.
Corre de E. a O. al sur de la calle Hollywood, desde el  arroyo Saladillo a la calle San Juan de Luz, en el extremo S.E. del barrio Hume.
Carece de designación oficial.
Recuerda el nombre diminutivo de la playa La perla de Mar del Plata”, que comenzó a frecuentarse en 1887.