PENINA JOAQUÍN (1901 – 1930).El primer fusilado

En el libro "1930. Joaquín Penina, primer fusilado" escrito por Fernando Quesada y publicado en 1974, aparece "dibujado la estampa del anarquista que cruzó los mares dejando en su pueblo natal, Gironella (España), a sus padres y a un hermano, trayendo un caudal inmenso de energía y ensueños.


Joven de 29 años, hacía seis meses que estaba en el país y trabajaba como distribuidor de prensa literaria. Amigo del trabajo, se dio a la tarea de buscar patrones en esta tierra de emigrados donde sobraba el trigo y faltaba el pan.


En España había conocido y simpatizado con las ideas anarquistas; y actuó en las más avanzadas vanguardia del moderno proletariado, adhiriendo aquí al Movimiento de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) de Rosario, donde volcó su entusiasmo y energía.


Tuvo suerte, era un buen oficial y halló pronto ocupación, y salvo raras y breves interrupciones, hasta la víspera de su detención trabajó siempre."


De carácter sencillo, expansivo, accesible - como lo recordaban quienes lo conocieron, tres días después del golpe de estado de Uriburu, Joaquín Penina fue detenido en la pensión donde vivía, en horas de la madrugada, no encontrándosele explosivos ni arma, y aunque repartiera volantes nunca fue visto in fraganti en delito alguno.


 La excusa fueron unos libelos que venían circulando por entonces en la ciudad. Su detención fue irregular, ya que prácticamente se lo secuestró y el 11 de septiembre fue fusilado muy cerca del puente que sobre el arroyo Saladillo delimita nuestra ciudad con Pueblo Nuevo.


El primer decreto dictatorial de Uriburu, después del golpe de Estado, había sido implantar la ley marcial y el estado de sitio.


"El terror del bando comenzó a imperar, y con ese terror todo tenía válvula de escape. Para llevar a cabo el fusilamiento de Penina fueron violadas todas las disposiciones del bando”.


“Fue un crimen de lesa humanidad cometido bajo el rigor absoluto de la ley", según dice un folleto editado en 1932 por el Comité Pro - presos y deportados de la FORA.


A Penina no se lo procesó, ni se le designaron jueces, ni militares ni civiles, no se le permitió defensa alguna y no se le notificó sentencia de muerte.


El subteniente Jorge Rodríguez, oficial de guardia en la Jefatura de Rosario, el día 10 de setiembre de1930, debió cumplir una misión delicada e imprevista. El hecho dejó huellas  en su espíritu. Lo dejó escrito y se publicó  en el diario “La Provincia” de Santa Fe, a principios de 1932. Éste fue su relato:


“El 10 de setiembre de 1930 yo desempeñaba el puesto de oficial de guardia de la Jefatura de Policía de Rosario. Como de costumbre, me retiré ese día de 20 a 22 a cenar a mi domicilio. Mientras tanto, quedó desempeñando mi puesto el capitán Luis M. Sarmiento, comandante de la 5ª.Compañía del Regimiento 11 de Infantería.


“Llegué puntualmente a la hora de relevo, y al entrar en el patio que está al a la guardia policial del Departamento, el capitán Sarmiento me llamó aparte y me comunicó que por orden del señor jefe tenía que llevar a cabo la ejecución de un individuo.


"Mi capitán – le dije – me gustaría saber de    qué clase de delincuente se trata; porque si fuera un ladrón  o un delincuente común me causaría pena y repugnancia tener que cumplir la orden”.


Me aclaró, entonces, que se trataba de un anarquista, que había sido sorprendido imprimiendo panfletos incitando al pueblo y a la tropa contra las autoridades que regían el país”.


.Agrega el oficial que debió cumplir con la sentencia:”La noche era suavemente fresca, de una luna fuerte, que por momentos ocultaban las nubes.


Hasta ese momento no había sentido fuertemente en mí la impresión de la orden que tenía que cumplir. Pero el ambiente triste y desolado de las quebradas de ese lugar, el mirar temeroso e interrogante  de los soldados del pelotón y el pensar que era una noche hecha más para soñar que para morir, empezaron a influir sobre mí desde el instante en que pisé la tierra, la que iba a ser manchada por la sangre de un obrero…”


Después se detuvo el camión, bajaron los soldados primero y el  suboficial después. Más tarde por la escalerilla trasera del mismo bajó el que iba a morir.


Penina no falleció por la fuerza inmediata de los fusiles  del pelotón, sino por un tiro de gracia del suboficial que quiso evitarle una agonía.


"Eran las once de la noche, entre el cuerpo  de él,  frente a  nosotros había  unos nueve metros.
De un lado, el valor y la muerte. Del mío, la repugnancia y la vergüenza…”

La figura de Penina quedó en el olvido  por décadas, como otros tantos personajes de nuestra ciudad que han caído por sus ideas políticas, pero la memoria del anarquista fue recordada a partir de una iniciativa del Centre Catalá, que reconoció  el fusilamiento de Penina, el 9 de septiembre del 30.

 

Por su parte, los concejales del bloque radical yrigoyenista, Daniel Luna, Rafael Ielpi y Wence Steger presentaron un proyecto en el Concejo Municipal para que se pasara  a llamar con su nombre la cortada que con anterioridad se denominó  primero Londres, y después Graham en el barrio Saladillo, zona donde fue asesinado Penina.


En la actualidad  se lo recuerda con esta expresión:
"Aquí vivió sus últimos años Joaquín Penina, mártir de la libertad". Así reza la placa que fue colocada en el frente de la que hasta hace 64 años fuera la casa de pensión en Salta 1581 donde él viviera,  que intenta ser aunque tardíamente, un homenaje al inmigrante anarquista fusilado en 1930 por las fuerzas policiales que respondían a José Félix Uriburu.

 

Bibliografía:

"Penina, primer mártir de la violencia organizada local." Art. diario   La Capital de Rosario en su edición del día 12 de septiembre de 1994.

Bertotto, José Guillermo, en nota publicada en el diario Democracia:"Al Jefe de Policía D. Eduardo Paganini" en el año1932.

 

Penina. Pasaje. Topografía:

Corre de N.O. a S.E. a la altura de Checoeslovaquia y arroyo Saladillo.

Carece de designación oficial.

Recuerda a Joaquín Penina (1901 - 1930), que fuera el primer mártir del poder de Policía que respondía a José Félix Uriburu, primer mandatario por el golpe de Estado del 6 de septiembre del año 30 cuando fue destituido Hipólito Irigoyen.