PASCO (BATALLA LIBRADA EL 6 DE DICIEMBRE DE 1820)

La Batalla de Pasco o Batalla de Cerro de Pasco sucedió el 6 de diciembre de 1820 y tuvo lugar en la primera campaña de Arenales a la sierra durante la guerra de independencia del Perú , enfrentando la columna de las fuerzas patriotas al mando de Alvarez de Arenales, llegadas a la Bahía de Pisco, que alcanzan la sierra para luchar contra los realistas comandados por Diego O'Reilly, enviados desde Lima por el virrey Pezuela para cortar el paso a las tropas de Arenales, en su retorno a la costa para reunirse con el ejército de San Martín, con el resultado de la destrucción de la división O'Reilly.


El Campo de batalla
Al comenzar el día de la batalla, la climatología ofrecía una nevada espesa y copiosa que entorpecía la marcha de la infantería y que disminuía la visibilidad a “unas cuantas varas”.


Para cuando dejó de nevar, la división de Arenales que se había puesto en marcha a las 10 a. m. con cuatro cañones de montaña, ocupaba las alturas delante del pueblo de forma que la línea del frente se dibujaba al sur-oeste del pueblo, el cual estaba situado en la hondonada.


En el ala izquierda realista estaba la laguna de Patarcocha que cubría el frente del batallón Concordia, a su derecha estaba el batallón Talavera, parapetado detrás de un foso que servía de desaguadero de la laguna y con las dos piezas de artillería en su centro. En el extremo del ala derecha realista estaban los jinetes de milicias de Dragones y Lanceros.


La división de Arenales se organizó en tres columnas que se moverían al trote, con una pantalla de tiradores desplegados en guerrilla al frente de cada una. A la derecha independentista estaba el batallón número 2 de Chile formado en columna, y comandado por Aldunate, que iba dando un rodeo a la laguna para atacar el flanco del batallón Concordia.


 La reserva, formada de cuatro mitades del Nº 2 y Nº11, estaba mandada por Manuel Rojas, a dos cuadras por detrás y en el centro independiente, con la misión de seguir el movimiento del n.º 2.


Finalmente Deheza con el batallón número 11 de los Andes con dos piezs de artillería era el encargado de atacar al Talavera, para lo que destacó una compañía contra el centro realista cubriéndose en la ribera de la Laguna, mientras el resto asaltaba el foso. Contaba con el apoyo de los granaderos a caballo que iban comandados por Juan Lavalle.


El batallón nº 11 de los Andes tras los tiroteos de fusilería asaltó a la bayoneta el foso, empujando a los Talavera hacía el norte caserío. Los del nº 2 de Chile, rodeando la laguna, flanquearon la posición dispersando completamente la división realista.


En la persecución que siguió, Santa Cruz y la unidad de caballería que mandaba se pasaron al bando independiente.


Los realistas tuvieron 83 bajas y 422 prisioneros, 4 jefes, incluido O'Reilly. Los independientes 43 bajas.


Esta victoria favoreció la entrada de los ejércitos republicanos en Lima el 9 de julio de 1821.

 

 

Bibliografía:

Vargas Nemesio: "Historia del Perú independiente".Tomo I y II. Lima 1906.

Levene Ricardo: "Historia de América".

 

Pasco. Calle. Topografía:

Corre de E. a O. desde 00 hasta 32oo - 4000 - 4600 - 8000 a la altura de Ayacucho 1800, Av. Corrientes 1800, provincias unidas 1800; Bv. Avellaneda 1800.

Se le impuso el nombre desde su apertura, ratificado  por O. 3  del año 1.905.

Recuerda  al combate librado para lograr  la independencia del Perú, el 6 de diciembre de 1820.

 

NOTA CURIOSA PARA NUESTRA CIUDAD:

Muros desconocidos de la ciudad

El hombre del Renacimiento le  gustó representar como símbolo de la belleza a la mujer  en su desnudez,  también gustó  mostrarla vestida, esculpida o  pintada  y la ropa tendía  a privilegiar la parte alta del cuerpo  y a ocultar la parte baja, envolviéndola en telas. Esa belleza inmóvil, se tradujo en estatuas de la cual sólo se apreciaba particularmente la parte superior.


Los lugares de la perfección del  cuerpo, estaban ubicados arriba: la redondez del rostro, la ternura de la expresión, el rosado de las mejillas (como las partes perfectas de la piel) y el brillo de los ojos con una expresión determinante  de sus estados de ánimo: tristeza, alegría o  esplendor.  


En el Nuevo Mundo,  las culturas precolombinas gustaban  guardar en las superficies de los muros de sus construcciones, cuerpos y  perfiles de hombres como estereotipos de la fuerza, la rudeza y el enfrentamiento con el mundo, de algún  modo.


En el siglo XVIII y XIX, los artesanos, pintores y escultores europeos  llegados a estos lares, encargados de embellecer las construcciones, impregnaron a sus obras,  la preocupación  de la belleza sólo por las partes superiores del cuerpo de la mujer y particularmente por el rostro. 


Reproducciones que llenaron muchísimos frentes de nuestras viviendas, donde  la gente transita y generalmente no  observa - "Sólo  camina en forma inconsciente, embuida en sus problemas, sin levantar la vista para mirar frentes, dinteles de las puertas o  fachadas, algunas  “verdaderas señales de antiguos soles y lluvias, caras truncas pintarrajeadas de gorditas que parecen viejas prostitutas, con rostros que alguna vez sonrieron”; mientras otras   mantienen impolutas sus rasgos. Es el caso  de las caritas existentes en ambas aceras de Juan Manuel de Rosas al 900, al igual que las de  la calle Buenos Aires al 1400, de la mano  de los impares.


El público concurre al teatro Brodway y casi el 99% de él no descubre los rostros destacados en lo alto de dicha construcción. 


También en  la ochava Noreste de Mitre y Córdoba, en  el viejo edificio del Ex - Círculo Italiano, -  podían verse rostros de mujeres , que  el tiempo fue erosionando  y hoy ya no están - mirando  el paso febril de la gente  que observaba  las vidrieras  nomás a  la altura de su vista  o arrastrada por la marea de compras.


Nos dicen esas figuras, de historias grandes y pequeñas sometidas al  rigor del tiempo y de los hombres,  tapando selvas de mensajes, hormigueo de almas y laberinto de ecos.


Son verdaderas   huellas en la piedra  en  la que fueron hechas. Menos mal que algunas aún subsisten, porque fueron restauradas, como el rostro recuperado de la mujer sonriente   de  Pasco 1534.