PARANÁ

"Paraná en lengua guaraní significa pariente del mar", formada por "para: mar y aná: pariente, semejante, es decir, río como mar o bien, padre de las lluvias.


La importancia del Paraná ha quedado evidenciada históricamente por todo lo que hicieron criollos y europeos en sus márgenes.

Fue Sebastián Gaboto el primer europeo que navegó el Paraná, en el punto en que éste recibe las aguas del Carcarañá, en lo que hoy es Puerto Gaboto, fundando en 1527 el trágico fuerte de Sancti Spíritu.


"Y la historia viva de Rosario está vinculada estrechamente al Paraná. Su fundación espontánea, sin estandartes reales, sin signos de la cruz, sin espaldas apuntando a protocolos, se debe exclusivamente al río. El río atrajo hacia sus riberas a los primeros arrieros, a las primitivas mensajerías, para establecerse un tanto furtivamente. El Paraná les ofrecía agua para la sed, peces para el hambre, caudal para el transporte, estrategia para la defensa, anchura y magia para cantar y soñar..."  declara Angel Guido, 1952.


Consecuencia de la instalación de baterías Libertad e Independencia en las barrancas de Rosario, Manuel Belgrano enarbolaría por primera vez la Bandera celeste y blanca el 27 de febrero de 1812.

Luego, durante las guerras civiles, el dominio del río sería uno de los factores preponderantes de las acciones bélicas.


Oscar Luis Ensinck es autor después de profundos análisis sobre la significación del Paraná en la Historia nacional, uno de sus obras, denominó "Combates y operaciones militares en sus aguas, 1810 – 1821".


El hecho más trascendental es cuando el general Manuel Belgrano,  el 27 de febrero de 1812, en sus márgenes creó la Bandera de la Patria.


Otro hecho fundamental sería cuando el 28 de agosto de 1852, Urquiza, Director Provisorio de la Confederación dictó un "Reglamento" abriendo el río Paraná y otros ríos a la navegación mundial”, permitiendo el 3 de octubre de ese mismo año la entrada de buques de ultramar al puerto de Rosario, sin la obligación de hacer escala previa.

Mucho tiempo después, en el siglo XIX, serían efectuados en Rosario, para su envío a Europa los primeros cargamentos de trigo exportado por la Argentina.

Linares Cardoso nos dice en su obra "El pariente del mar": "Desde el mismo corazón de la América tropical, con la fecundidad de un dios indígena, llega entre saltos, poblado de voces ancestrales este río de nombre musical".

El río es naturaleza que anda pero también que comunica, y el Paraná es un río "engarzador" porque enhebra los rasgos exclusivos, propio del sentir litoraleño".

En efecto el Paraná nace en el Estado de Minas Geraes, Brasil a 900 metros de altitud y desemboca en el delta del río de la Plata después de recorrer 3.300 kilómetros.

Navegarlo desde su origen hasta el norte de la capital de Misiones, Argentina es todo un desafío, porque este tramo se encuentra minado de piedras semisumergidas y la corriente es veloz, ya que alcanza 8,5 kilómetros por hora.


Este afluente del Plata, hasta abandonar el basamento misionero, es casi un curso de montaña de muchas curvas, angosto y hondo corriendo entre barrancas selváticas desprovistas de juncos, semejando piedra preciosa, la esmeralda, que lo hacen verdoso, espumante, profundo y angosto en su tramo.


Recién a un paso del hito Tres Fronteras, donde se funden Paraguay, Brasil y la Argentina, ronda los cuatrocientos metros de ancho.


¡Qué distinto es este Paraná del que conocemos los habitantes de las grandes ciudades de la llanura argentina!


Aquel Paraná impetuoso alcanza una cierta paz en su deslizamiento frente a nuestra ciudad, y ciertamente convertido en aluvional va depositando materiales, los cuales a lo largo del tiempo constituyen islas.


Paisaje magnífico cuyas particularidades quedaron impregnadas "en las telas del pintor rosarino de las islas", Raúl Domínguez.


Con vegetación y suelo propio conforman un perfil que por fin los rosarinos cada vez más parecen dispuestos a descubrir y gozar.


En efecto, esa geografía en invadida en el período estival por la población rosarina que año tras año va cambiando sus costumbres ciudadanas, viviendo el río, no dándole la espalda a tal regalo de la naturaleza y obra de la Creación.


El sol desempeña un brillante papel como compañero de ruta. A veces es rey en los atardeceres y otras en los albores.


Jorge Testero en una revista de Cablehogar agrega al respecto:


"Detrás de los alisos y timbós, desde la vasta tierra entrerriana, el sol  va despuntando sus rayos alumbrando el paisaje de bañados, lagunas, pajonales, bosquecitos, y riachos del Paraná que parece un lugar preservado de la modernidad, totalmente alejado de los centros urbanos.


Sin embargo, esos rayos mirando al oeste, se reflejan impiadosamente en las moles de cemento, hierro y vidrios del centro de Rosario".

Desde esta ciudad sin acta de fundación va acrecentando su caudal, hasta que, a través de canales del delta junto a su hermano Uruguay forma una inmensa extensión de agua color de león primero y verde azulado después cuando arriban al océano, constituyendo una de las puertas de la tierra de las que hablara Juan de Garay.

 

rosario.html

NOTA CURIOSA: “LA NAVEGACIÓN EN EL PARANÁ”.
Del patacho a los vapores
Expresa Oscar Luis Ensinck: Hasta la primera mitad del siglo XIX, el río Paraná era surcado por patachos, veleros, bergantines, pailebotes, sumacas, etc.; que hacían el servicio de tráfico de mercadería entre los distintos puertos del mismo.

bergantin.html Bergantin

pailebote.html sumaca.html


En esas embarcaciones, que llegaban a Buenos Aires y a puertos del río Uruguay, se realizaban también servicios de pasajeros aceptando a bordo a quienes debían trasladarse a pueblos que se encontraban a su vera.


Estos servicios no eran regulares, por lo tanto se debía convenir con los patrones de las embarcaciones a vela, todo lo relativo al costo del viaje, horarios y tarifa de carga.


De 1850 en adelante, se produjo en forma lenta el cambio en la navegación.
La economía de la Confederación pudo ser activada por medio del río.


En mayo de 1854 se estableció el primer servicio regular de pasajeros y cargas en el río Paraná, el servicio cubierto por el vapor oriental “Progreso” hacía la carrera entre Buenos Aires y Rosario, haciendo escala en San Nicolás, y pudiendo llevar sesenta pasajeros.


Durante ese mismo año se intensificaron los servicios fluviales que conectaba Rosario con Santa Fe y Paraná.

 

 

 

Bibliografía:
De Marco Miguel Angel: "El río Paraná y la identidad histórica de Rosario": Revista Rosario, la fuerza de su historia." N°26. Año 2004.
Más la expuesta en el texto.

Paraná. Calle. Topografía:
Corre de N. a S. desde 500 hasta 1599, a la altura de Eva Perón  4900; Mendoza 4900.
Carece de denominación oficial.
Recuerda al inmenso río que baña las costas de nuestra ciudad.

 

OTRA NOTA CURIOSA SOBRE EL RÍO QUE BAÑA NUESTRA CIUDAD:

Expresan Damian Schwarzstein y Autarco Arfini en el artículo “Somos más viejos que el Swift” la acción de los hermanos Adelardo con respecto a la relación con el Paraná.


Los hermanos Adelardo dicen: “Somos más viejos que el Swift porque lo corroboran los documentos suficientes para hablar de los 75 años de vida que tenemos junto al Paraná. Una vida marcada por los oficios del río: la caza, la pesca y un prestigioso título “no diplomado” de constructores de canoas en un desordenado taller de la cortada mangrullo, justo al lado del puente que cruza el brazo norte del Saladillo.


Afirman que el río Paraná es una fuente de trabajo para los más desposeídos, porque de él obtienen un pescado, una nutria o un carpincho, que se convierten en su alimentación.