PAGO DE LOS ARROYOS

          Podemos decir, que si bien nuestra ciudad carece de acta de fundación, sus orígenes no son menos ricos que los de muchas ciudades notorias. Es más, si analizamos no fueron pocas las gestas y aventuras de los primeros pobladores.

Monseñor Francisco Núñez en su reseña histórica de “Rosario y su virgen fundadora” nos dice: “El viajero que sube de Buenos Aires a Santa Fe o que baja de Santa Fe a Buenos Aires, bordeando el Paraná, encuentra al promediar el camino, una zona, como de 20 leguas, cruzada de oeste a este por numerosos arroyos, de los cuales, el Carcarañá constituye el límite norte, y el Del Medio, el límite sur. Es el antiguo “Pago de los Arroyos”, zona pampeana sobre los 35° 55´ de latitud sur, llana y fértil, a 22 metros sobre el nivel del mar, y en la cual reina una temperatura media de 17 grados.”

En ese territorio conocido a fines del siglo XVII como el Pago de los Arroyos se asentó el poblado que sería el  germen de la ciudad de Rosario. Amplio distrito estaba regado por numerosos cursos de agua al S del río Carcarañá : los arroyos Blanco, Salinas ( Ludueña ), Saladillo, Frías, Seco, Pavón, el Arroyo del Medio y Ramallo. “Hasta 1689, estas tierras no tenían más dueños que los indios autóctonos, tribus calchaquíes y el rey de España, en virtud de la conquista” aclara Eudoro Carrasco.

El primero que aparece ejerciendo en el lugar, ejerciendo un acto de posesión jurídica, según fehacientes documentos, es el capitán don Luis Romero de Pineda, el  29 de agosto de 1869.

De ilustre cuna debió ser este primer poblador para que  el gobernador José de Herrera y Sotomayor le otorgara la merced en nombre de su Majestad,  el rey  de España, Carlos II el Hechizado, con estas palabras: “Concédele la merced real para el ilustre capitán de caballos, sus hijos y descendientes por sus méritos y servicios y por ser hijo, nieto y bisnieto de los primeros conquistadores (con referencia al puerto de Buenos Aires) y así mismo por ser noble y casado con mujer de igual calidad”.

Como afirman Augusto Fernández Díaz y Juan Alvarez, puede inferirse que el sitio elegido por Romero de Pineda para establecer su estancia fue la desembocadura del Saladillo, en su banda norte, por ser  un “paraje ideal por ofrecer el río un puerto abrigado y ser tierras vacunas”.

Hombre entrado en años, debió confiar a sus hijas y yernos, la organización y cuidado de las estancia. Ni él, ni su esposa alcanzaron a ver el fin del siglo XVII.

A su muerte en 1695, la superficie comprendida entre los arroyos fue dividida entre sus dos herederas: Francisca, casada con Cristóbal González Recio – la menos beneficiada-:  Una porción de una legua de frente al río, a partir del Salinas ( hoy  Ludueña) hasta la bajada de la Cruz ( hoy nacimiento de la calle España) y Juana, casada con Juan Gómez Recio: Tres y media de frente al río, desde la bajada  de la Cruz hasta la Matanza ( hoy Arroyo Frías y Arroyo Seco), desapareciendo así el apellido ilustre del estanciero, a falta de herederos masculinos.

En 1719 se afincó el capitán Antonio Ludueña sobre el arroyo salinas, el que tomaría su nombre y ese mismo año la Compañía de Jesús compró tierras ese lugar y estableció la Estancia San Miguel del Carcarañá que se extendía desde lo que hoy es Estación Andino hasta Arteaga, San José y Arequito

En 1725 el Cabildo de Santa Fe nombró  la primera autoridad política, del  Pago de los Arroyos, el  “Alcalde de la Hermandad”, designando a don Francisco Frías.

        Alrededor de 1730, el avance indígena obligó a las poblaciones del norte santafesino a abandonar el pago del Salado, importante núcleo de población y convenció  a los de la ciudad de Santa fe y del pago de Coronda- despoblado en 1724 – de la necesidad de buscar refugio al sur del río Carcarañá.

Agrega Juan Alvarez: “Varios motivos favorecieron el establecimiento de otros pobladores, en los campos del Pago de los Arroyos y es verosímil que algunos obtuvieron permiso de sus parientes o amigos para instalarse provisionalmente entre el Ludueña y el Saladillo”.

      Y a la llegada de forasteros, el gobernador  de Buenos Aires, Bruno de Zabala  creyó necesario crear el Curato del Pago de los Arroyos, nombrando primer cura párroco a Ambrosio de Alzugaray.

La cartografía de la época es eminentemente jesuita. (...) En el caso de Rosario – como afirma Juan Alvarez – es preciso referirnos al Mapa de las Misiones de la Compañía de Jesús, del Padre Quiroga – una de las más perfectas cartas del siglo XVIII – del año 1749, para hallar por primera vez al poblado en su ubicación actual.

 

Bibliografía:

Miguel Angel De Marco; Mónica de Neitotti; Patricia Pasquali y Patricia Ana Tica: ”Rosario, desde los orígenes hasta 1916”. Fundación Banco de Boston. Rosario 1988.

 

Pago de los Arroyos. Calle. Topografía:

Corre de N. a S. desde 6200 hasta 6799, a la altura de 6300.

Carece de designación oficial.

Recuerda al área Pago de los Arroyos dentro del cual hoy se erige la ciudad de Rosario.